A FAVOR Y EN CONTRA DE METAL GEAR SOLID

Metal Gear Solid PSX Solid Snake Pixel Art Xtreme Retro Konami Hideo Kojima

La popular saga de espionaje táctico se ha convertido por derecho propio en todo un clásico, y un claro referente dentro del género, en parte debido a una mecánica e historia perfectamente engrasadas.

Concebida para suministrar satisfacciones inmediatas y constantes desde la primera toma de contacto, tampoco está exenta de ciertos aspectos anémicos, que entre unos y otros nos hemos propuesto desgranar.

Sintonizad vuestro codec, porque comienza la misión.

UN SOLDADO ANTIBELICISTA, POR JOSÉ ANDRÉS

Van ustedes a leer durante el presente artículo, independientemente de otras consideraciones acerca de la serie, que estos juegos de espionaje táctico con un elevado componente bélico, levísimos ingredientes de cobertura, desarrollo más o menos lineal y ambientación en toda suerte de parajes casi post-apocalípticos, tienen no pocas referencias emocionales, morales e incluso políticas.

Es cierto que son títulos prácticamente conducidos por su argumento, y que se ciñen a un guión clavado en su esencia – hasta un punto, en ocasiones, ruborizante, por lo desvergonzado y apócrifo – a los originales de MSX y su continuación más popular, Metal Gear Solid, con abundante picoteo en largometrajes que se nutren de los horrores de la guerra, nada fortuitamente basados en conflictos de sobra conocidos.

Las intenciones superficiales de cada entrega son muy obvias, porque en esencia son muy planas: el jugador participa de una guerra, y tal como cabía esperar, suceden cosas horribles; muchas de ellas profundamente inhumanas.

Y así, el propio aficionado es obligado a contemplar lo que ha hecho y a replantearse el auténtico sentido del deber, el patriotismo, la gloria, el bien, el mal, y un largo etcétera.

En ese aspecto, cada episodio es tan simple y tiene tan pocas dobleces como un capítulo de las manidas series televisivas: el sufrido protagonista llega a la guerra, en cualquiera de sus múltiples variantes posibles, convertido en un soldado valiente y participa de situaciones que lo destruyen física y mentalmente.

La caída en los abismos, el paseo por el infierno, la desestructuración del yo, en España sólo hay políticos decadentes y ladrones, bla, bla, bla.

A Metal Gear Solid no se le puede negar una cosa: la historia de corrupción de un hombre en primera línea de fuego es tan efectiva y funciona tan bien como lo hace su mecánica.

En ambos casos demuestran una sencillez y una honestidad muy de agradecer, y el desarrollo no intenta revolucionar nada, pero lo hace, sin fisuras ni dubitación.

El sistema de infiltración y supervivencia es maravilloso, la variedad de armas y situaciones encomiable, la ambientación digna de toda loa y alabanza…

Por tanto, Metal Gear no se hace en absoluto repetitivo y siempre guarda gratas sorpresas a la espera de ser descubiertas.

Cada entrega se controla bien, se disfruta mejor y, del mismo modo, está perfectamente narrada: abundan las sutilezas, pero es que la historia funciona mejor con ellas, sin permitirse caer en psicologismos baratos o voces en off redundantes.

Los personajes se expresan mediante sus acciones, como debe ser en todo buen videojuego que se precie de serlo, y por ello les beneficia que la complejidad de la trama y mecánica vayan a la par – entendamos complejidad en el guión como hay que entenderla: el argumento tiene múltiples sorpresas, ciertos handicaps en su desarrollo; pero los personajes y su evolución quedan magistralmente definidos, dado que progreso y temática mejoran si prescinden de contemplaciones artificiales -.

Así pues, nos estamos refiriendo a juegos de mecánica exigente pero cuidada hasta el extremo, sin excesivas sorpresas ni fallas.

Y un argumento, el que supuestamente vertebra y diferencia la acción de tantos otros títulos pertenecientes al género, que propone una línea de guión bien diferenciada con respecto a lo habitual, pero que se diluye con la misma exquisitez de su mecánica.

Pero sucede que cada creación tiene una capa inesperada, quizás involuntaria, de dificultad adicional, y de la que debería quedar constancia, porque es la que realmente diferencia a estos lanzamientos de sus competidores directos por encima de mensajes pacifistas y alegatos de indudable sensibilidad.

Se trata de una característica indisociable a esa riqueza de mecánica y desarrollo: Metal Gear es un juego de espionaje táctico con relativas complicaciones, y eso conlleva unas reglas no escritas que asumimos sin pensar.

Todo lo que se mueve resulta extremadamente peligroso, pues nos encontramos en clara inferioridad y desventaja.

El héroe está en primer plano.

Aquello que se ve es real.

Una serie de reglas que raramente nos cuestionamos porque forman parte no ya del andamiaje independiente de cada programa, sino del propio lenguaje del videojuego.

Y es ajustándose a esas reglas inapelables, indiscutibles, donde Metal Gear encuentra su genuina voz: cuando el creciente complejo de culpa nacido del soldado no se antoja en absoluto casual, sino una auténtica imposición del universo oriundo de cada juego – las reglas del género, las que todos damos por sentadas – que de forma tajante se ve cuestionado.

Cuando la primera o tercera entrega le pregunta al inquebrantable protagonista si no cree que ha generado ya suficiente dolor y muerte, también se lo cuestiona al afanado jugador que, precisamente gracias a esas reglas extrapolables a centenares de títulos elaborados con el mismo esquema, se percata de que carga en su conciencia con miles de muertes vacías y sin sentido.

Ficticias, claro está, pero no por ello menos ligeras, banales e inevitables – porque esas son, mal nos pese, las reglas -.

Y así es como Metal Gear Solid, por encima de un cuidado guión o un pulcro desarrollo, muestra el auténtico poder de su alegato antibelicista: criticando abiertamente nuestro papel de incansable combatiente genocida desde los albores de los ochenta.

UN SABOR AGRIDULCE, POR FANTOMAS

Combatir amenazas que afectan el orden mundial, desactivar armamento nuclear sofisticado e infiltrarme en fortalezas armadas hasta los dientes nunca fue precisamente lo mío.

Es cierto, no soy la voz más autorizada para hablar de Metal Gear.

No soy un fanático a muerte de la saga y hasta prefiero alguna otra de la competencia.

Debo ser honesto y decir que no he jugado todos, pero puedo hablarles por los que sí he jugado, y por aquellos que intenté jugar.

Es verdad, Metal Gear, como saga, nunca llegó a seducirme del todo.

Conozco a muchas personas a las que les enloquece, pero a mí no me pasa eso; quizá un par de juegos a nivel individual han logrado producir ese efecto en mí, pero la saga completa de ninguna manera.

No puedo definir qué es exactamente lo que no terminó de convencerme.

En unos casos, quizá, el exceso de escenas cinematográficas, en otros, tal vez, el gameplay, que a mi gusto era un tanto incómodo, y sobran muchas otras razones.

Pero nunca podré negar la riqueza argumental que acompaña al juego y es que uno aprende mucho jugando al Metal Gear.

El MGS de PS1 fue el primero que me aventuré a probar en mi agridulce relación con esta saga y, sin lisonjas ni denuestos, digamos que me agradó, ni más ni menos.

Ponerme por primera vez en la piel del ducho espía Solid Snake, un tío duro con un entrenamiento de más alto nivel que cualquier soldado de élite – y también un tanto coquetón – resultaba un nuevo reto para mí, y es que para ser honestos, no había visto nada similar.

Largas escenas de vídeo, ocasionalmente colmaban mi paciencia; pero, de cierta forma, la gama de informaciones interesantes que enriquecían su contenido hacía que pasara ese detalle por alto.

Le agarré cariño a personajes como Otacon o Sniper Wolf, la verdad esta última me encantaba, pues su vida había sido muy triste y eso de que al final muera a manos de Snake me resultó muy chocante, realmente, en particular no me agradó para nada ese hecho.

Ya en el siglo 21 tuve la oportunidad de jugar el Metal Gear Solid de GBC y la verdad es que mi devoción hacia él surgió desde el primer contacto, poco importaba que fuera un auténtico Metal Gear o no; claro, hubo cosas que no me cuadraban como por ejemplo el hecho de que Snake recién conociera a Mei Lingen la intro – ya que esta misión se realizaba en África Central y la verdad es que se suponía que la había conocido en Alaska, en aquella misión contra Liquid Snake que jugué en la PS1; pero bueno, no iba a hacer aspavientos, al final me terminé enterando de que todo era una simulación virtual de un ejercicio militar llevado a cabo por Raiden, pero eso me importó realmente muy poco, pues, sin discusión alguna, era un juegazo.

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Con un gameplay completamente acorde con mis gustos, controlar a Solid Snake nuevamente, fue un completo deleite esta vez.

Estaba yo frente a una obra maestra de bolsillo.

Era la primera vez que jugaba un Metal Gear en 2D y déjenme decirles que me gustó muchísimo más que el de PS1.

La sexta generación revistió de poder y mejores gráficos a esta aventura, expresiones faciales mucho más definidas, detalles mucho más cuidados.

Pero yo no soy de los que se compran un juego por los gráficos, eso no va conmigo, ni con mi perfil de videogamer.

En total jugué 3 juegos en la ya mentada generación, o mejor dicho jugué 2 y otro lo intenté jugar, y aunque traté no pude.

Fue el MGS2 el primero en llegar a mi casa.

Tras una larga escena cinematográfica, pero justificada, me hice con los controles de Snake, que ahora forma parte de una nueva organización, Philanthropycon Otacon de asistente -, y bueno, me eché un clavado al barquito para investigar la tecnología nuclear que allí transportaban.

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Me decepcionó un poquitín el sólo poder controlar a Snake por un corto lapso de tiempo, aunque al final de cuentas ello no era muy relevante.

Respecto a los controles, no sé si es impresión mía, pero me parecieron un poco tiesos; a decir verdad, los controles me gustaron un poco menos que los del primero.

Los temas de inteligencia artificial me llamaron mucho la atención, ciertamente el juego me pareció correcto.

El MGS3, aún con toda su riqueza histórica, aún enmarcándose en el contexto de la Guerra Fría, me pareció indigerible, la verdad es que hice lo que pude para jugarlo, pero es que la verdad, y para ser honesto, me sentí un tanto fastidiado; ¡Dios mío, escena, tras escena, codec tras codec!, tal vez debí tener más paciéncia.

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Ni la presencia de Big Boss como protagonista, y de personajes en la plenitud de su juventud como Revolver Ocelot, ni el hecho de poder conocer cómo fue desarrollándose la tecnología Pre-Metal Gear resultaron suficientes ingredientes como para seguir jugándolo y renuncié.

Twin Snakes de GameCube, tenía mejores gráficos que los de PS1, pero era más de lo mismo, y su gameplay era un tanto inferior; claro, el movimiento era algo más suave, pero el mando del GameCube, quizá, no era del todo el más propicio – como en otros juegos en donde sí es el mejor, pero para Metal Gear no es de los mejores -.

Aunque al final, completé la aventura; pues, como juego cumplía bastante bien.

He de confesar que lo jugué con la esperanza de encontrar algo nuevo, pero muy poco de ello obtuve en respuesta; a decir verdad, casi nada.

Metal Gear Solid 4 significó para mí un tremendo título con una mejoría en todas sus líneas respecto a las entregas anteriores, cada detalle cuidado al máximo – cosa característica de los Metal Gear -, pero que en esta ocasión era algo que iba más allá de lo que podía esperar.

Superó todas mis expectativas.

Es rejugable a morir y representa la maestría hecha videojuego por donde se le mire.

Si bien es cierto, el juego sigue la misma temática de los anteriores en donde tienes que cumplir un objetivo de un punto determinado a otro, en esta ocasión podremos tratar de tomar la mejor ruta alternativa para llegar de la mejor forma posible.

A pesar de que contaba con muchas escenas cinemáticas, éstas eran de mi completo agrado.

Si soy honesto esto funciona como en las pelis: si te gusta te la ves completa y si no, no, o te sometes al muy posible aburrimiento de ver algo que no quieres ver o, como ya dije, simplemente pasas de ello, y creo que fue eso exactamente lo que me pasó con Metal Gear Solid 3, no me gustó la peli y listo, pasé de ella.

El juego tiene una gran durabilidad y, claro, podemos exprimirlo al máximo.

Metal Gear Solid 4 es muy especial para mí, todo de lo que disponía, la libertad en el gameplay que ofreció, la variedad; sinceramente era la primera vez que un Metal Gear en 3D me convencía del todo y no era para menos.

Peace Walker fue la primera aventura donde pude disfrutar jugando como Big Boss, ya que como les dije MGS3 no terminé de digerirlo nunca.

Pero la aventura en la portable de Sony fue mucho más que eso, el componente de dificultad significó todo un reto para mí, con rivales molestosos como garrapatas, maquinarias terriblemente poderosas y, la cereza al pastel, el épico combate con el Metal Gear.

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Un apartado gráfico impecable, además del hecho de poder sacarle el jugo al juego, el máximo provecho, gracias a las misiones secundarias que fueron una auténtica delicia.

Y soy injusto al no haber mencionado que me encanta el toque cómic que tiene el juego en sus escenas.

La historia también me pareció muy agradable, esa motivación tan sublime que impulsa a Big Boss a llevar a cabo todas sus acciones.

Este ha sido mi humilde sentir acerca de los juegos que pude jugar en esta saga, unos me gustaron mucho, otros me gustaron menos y otros, simplemente, no me gustaron.

Cada gamer es un universo distinto y bueno, con mis juicios contradictorios, o no, he compartido mi andadura por las rutas del espionaje puro y duro de Metal Gear.

UNA SAGA QUE CONSIGUE IMPLICARTE, POR EL BUEN ORCO

Cuando me preguntan si me gusta esta saga de juego, digo “” sin dudarlo, pero a la pregunta de si me gustan TODOS los juegos, digo que no.

Una acusación muy frecuente es que Hideo Kojima es muy peliculero es esta saga, pero es que a mí a grandes rasgos me gusta este argumento.

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Que es lo que suelo ver, pues la lucha tras la línea, lejos de las medalla y los “heroicos” campos de batalla.

Son luchas crueles con soldados que cumplen una misión, especialistas surgidos del ansia de guerra, destacados personajes que dependiendo del punto de vista serían héroes o villanos.

No tienes una línea definida donde colocar a buenos y malos, aunque de principio quede claro que unos son los enemigos a batir, después puede que eliminarlos deje alguna herida emocional.

Aunque si la historia te aburre o ya lo has jugado varias veces, siempre te puedes saltar toda la trama e ir a la acción pura y dura.

Porque sin duda sobrevivir en el campo de batalla y hacer las misiones es lo principal, con multitud de detalles e interacciones secundarias añadidas para que te entretengas.

Sin duda vuelves para conseguir equipamientos, armas, gadgets de todo tipo que hacen que las situaciones se diferencien.

En estos juegos puedes intentar pasar como una sombra sin que nadie te vea o ir a saco disparando a todo bicho viviente.

Esta capacidad para hacerlo por las buenas o por las malas le da mucha vida y dependiendo también del ánimo que tengas pues ayuda no estar tan encorsetado hasta cierto límite.

Tienes a tu disposición numerosos escenarios con sus limitaciones y sus normas, para que la acción sea lo suficientemente variada y no caer demasiado en la monotonía.

Además, ya sean por un motivo u otro tiene transfondo y carisma, es una saga que consigue implicarte.

Odias o te caen bien los personajes por lo que para mí un juego que consigue calar de esta manera en jugadores, está muy bien hecho.

Te puedes quejar o te puede entusiasmar pero no te deja indiferente.

Además hay un antes y un después en Metal Gear, sin duda ha marcado a jugadores e incluso a la industria pero por motivos diferentes.

Estoy a favor de esta saga, ¿lo seguiré estando en el futuro?

Quién sabe, todo dependerá de lo que hagan con la saga .

UN TÍTULO MUY ESPECIAL PARA UN PÚBLICO MUY CONCRETO, POR DARTHKAFKA

No voy a esconder que soy un admirador del trabajo del señor Kojima así como tampoco voy a esconder que las últimas entregas de tan especial serie no me han llenado como debería.

Tampoco me voy a poner gafapaster y me tiraré el pegote de que mi primer MG fue el original de MSX.

No.

Ni de coña.

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De hecho no fue hasta MGS 3: Subsistence que los pude disfrutar en todo su explendor.

Mi primer MG fueron las versiones de NES.

Versiones realmente deliciosas para una mente abierta que si bien no llegan al nivel de los originales son realmente divertidos.

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Es cosa normal a lo largo de mi vida gamer el haber disfrutado de juegos que otros tildan de limitados o incluso de mierders.

Pues peor para ellos.

En cualquier caso desde que terminase la segunda entrega para NES hasta que pude disfrutar del – ponga adjetivo superlativo aquíMetal Gear Solid para PSX servidora ya no era la misma.

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Horas y horas de entretenimiento electrónico llenaban mi bagaje y currículum.

En cualquier caso no podría describir con palabras lo que supuso la entrega para 32 bits de Sony.

Mis sentimientos y experiencias así como mis recuerdos a día de hoy no cabrían en esta humilde colaboración para Xtreme Retro.

La entrega siguiente subtitulada Sons of Liberty también es recordada con cariño pese a que ya la coletilla “película interactiva” se le empezaba a quedar corta.

Reconozco con tristeza o vergüenza – o bien ambas – que es el último Metal Gear que terminé.

Snake Eater vino a demostrar que a PS2 aun le quedaba fuerza para callar muchas bocas.

Técnicamente era algo bárbaro y argumentalmente no se quedaba atrás.

¿Qué falló entonces?

No sé, pero ese aumento en las variables con los camuflajes, la alimentación, las heridas, la caza…

Nunca me acabó de llenar.

Las entregas para PSP son igualmente geniales y especiales.

Desde la estrafalaria Acid hasta Peace Walker.

Los tengo y, una vez más, nunca llegué a acabarlos…

MGS4 es de esos juegos que están en mi estantería mirándome y diciéndome “ven” pero que nunca – y sé lo que significa nunca – acabaré.

Creo que la palabra es “pereza”.

Me he dado cuenta que con el paso de los años he cambiado y soy consciente que el problema está en mí.

La saga MGS ha demostrado calidad y solvencia hasta unos niveles alarmantes.

Yo será que me hago viejo.

No hablo de que ahora mismo las secuencias duren más o menos.

Eso me da igual.

Hablo de que jugarlos no me reportaría nada de lo que hoy día busco en un juego.

Es como la literatura o el cine: uno no se levanta todos los días y se metería entre pecho y espalda las mismas obras.

Un día apetece una de acción y otro día algo más complicado y otro día una porno.

Pues MGS es eso.

No me refiero a una porno si no a un título muy especial para un público muy concreto que demande ciertas experiencias.

Pero algo está claro.

MGS pertenece a la historia de este nuestro mundo gamer y además su nombre está escrito con letras de oro.

Te gustará más o menos pero una cosa está clara: Metal Gear es mucho Metal Gear.

UN FENÓMENO MEDIÁTICO, POR ADOL3

Para la inmensa mayoría, Metal Gear comenzó su andadura, y al igual que los Final Fantasy, en la PlayStation de Sony.

Nótese el sarcasmo.

O “Qué se puede espera de un título cuyo creador le debe su mayor éxito hasta el momento a un plagio descarado de un film de culto de ciencia ficción”.

Y una más “En nuestro país, el éxito de Metal Gear se debió a un magnífico doblaje… y una polémica sobre el uso de ansiolíticos, que lo convirtió en un fenómeno mediático”.

UNA RELACIÓN DE AMOR-ODIO, POR TUXLIVE

Nuevamente nos juntamos en esta casa para tratar sobre una de las sagas más reconocidas del mundo de los videojuegos, aunque en esta ocasión mi aportación será breve, no porque no quiera escribir sobre Metal Gear sino porque al único juego de la saga al que he jugado ha sido a la segunda entrega  – sí, el de Raiden… – y es que tengo una relación de amor odio para con esta saga que os quiero contar en las siguientes lineas.

Debo decir que aunque es cierto que únicamente he jugado a la segunda iteración de MGS me he comprado originales absolutamente todos los juegos el mismo día de salida desde el primero hasta el cuarto incluido el remake de GameCube.

Y es que hay una cosa que sí admiro de Metal Gear Solid que es su impresionante banda sonora y es que los músicos de Konami se sacaron de la manga algunas de las mejores melodías de la historia de los videojuegos, y así pasa que siempre me digo: El próximo Metal Gear Solid no lo compro, luego me sacan un tráiler me ponen la música de fondo y ahí que voy corriendo a la tienda a comprar el juego y seguirá siendo así mientras el señor Kojima siga empeñado en que yo se los compre.

Xtremeretro

About Xtremeretro

X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados.
Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico.
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