ACERCA DEL PRECIO DE LOS JUEGOS RETRO

Gracias a los discos duros que vienen de serie en las plataformas de la actual generación, las distintas compañías han encontrado una fuente de ingresos que no dudan en explotar con entusiasmo y dedicación.

Una de las principales virtudes que atesoran estas prácticas es la de permitir a los usuarios descargar en sus respectivos sistemas títulos pertenecientes a épocas pasadas, que las distintas empresas no dudan en ofertar, sirviéndose como lo hacen de la nostalgia y el buen nombre de estos programas para cobrar un importe monetario que con frecuencia peca de excesivo.

Pero como el buen recuerdo y el cariño que los usuarios les profesan a estos títulos es notorio, y las compañías son plenamente conscientes de ello; pues en gran medida siempre supone un motivo de alegría volver a encontrarse con aquellos juegos que tantos buenos ratos nos han brindado en la alegre época de nuestra juventud, por lo que no dudan en explotar hasta la saciedad esta nueva fuente de ingresos imponiendo unos precios por unas descargas que bien podrían tildarse de abusivos en la mayor parte de los casos.

Cierto es que ambas partes salen ganando, pues sin duda los usuarios agradecen disponer de juegos que de otro modo no les sería posible, al menos de forma legal, pero sucede con frecuencia que son estos los que resultan siempre perdedores en dichas transacciones, pues pagan estos títulos añejos a unos precios considerables.

Llegados a este punto, es preciso hacer una pequeña aclaración. Los juegos de descarga son, en esencia, una serie de datos de los que el comprador no es poseedor, pues se limita a adquirir una licencia para hacerlos servir, al contrario de lo que sucede con los títulos editados en formato físico.

Dicho esto, sucede que aquellos que descargan este tipo de productos acostumbran a ser los mismos que ya tienen en posesión los originales, o bien los tuvieron en su momento, pero que por alguna razón no disponen de la plataforma necesaria para ejecutarlos; por lo que es preciso recurrir una vez más a un coste monetario relativamente elevado.

Es evidente que el sistema regulador de los mercados es la mejor garantía para que esta clase de transacciones resulten satisfactorias, para lo que es preciso establecer un precio de adqusición; el problema se deriva de que este precio no debería superar bajo ningún concepto el coste de adaptar el juego en cuestión a los actuales sistemas, añadiendo el correspondiente margen de beneficios para las distintas compañías propietarias de los derechos del juego original y de la plataforma donde se realiza la descarga.

Otro de los inconvenientes propios de estos productos radica en la imposibilidad de portarlos hacia otros sistemas que tengamos en posesión, habiendo pagado por hacer uso de estos datos a nuestro antojo.

Para que me entendáis, si en un hipotético futuro disponéis de algunas de las máquinas pertenecientes a la siguiente generación de consolas, y decidís volver a recordar viejos tiempos con alguno de estos juegos consagrados, con toda certeza os volverá a tocar descargarlos para los nuevos sistemas adquiridos, volviendo a incurrir en un nuevo desembolso.

Asimismo, el precio de los juegos ofertados varía en función de las plataformas y del precio conveniente que estiman los estudios al que están dispuestos a pagar sus usuarios, aún tratándose del mismo producto, lo que ya da una idea aproximada de la injusticia de algunos precios que llegan a imponer las compañías.

Por si esto no fuera suficiente, si atendemos a las leyes de oferta y demanda el valor intrínseco de estos productos es relativamente reducido, aún tratándose de los originales que incluyen caja y manual de instrucciones, e incluso estos pierden valor con el tiempo, cosa que no pasa con los juegos que se ofertan a través de descarga, que conservan durante todo el ciclo de vida de la plataforma su valor inicial, que supera en la mayoría de los casos al de los originales, tratándose tan solo de una descarga.

Quizá sea este uno de los motivos que ayuden a explicar la enorme aceptación que están teniendo en la actualidad los distintos emuladores, pues no hay más que entretenerse un rato mirando los precios necesarios para la adquisición de títulos que tienen en su haber más de 20 años para darse cuenta del desproporcionado importe necesario para su adquisición.
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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.