ADICCIÓN EN ESTADO PURO. AQUÍ LLEGA TETRIS


Todos aquellos que han tenido ocasión de jugar alguna partida al Tetris han llegado a la misma conclusión: el juego es adictivo como pocos.
Su creador no es otro que Alexey Pazhitnov, un programador informático de la Academia de Ciencias de Moscú, donde la tradición de los videojuegos era prácticamente inexistente.
Durante el verano de 1.985 , inspirado por el juego del dominó, dedico sus horas libres a programar un título haciendo uso de un Electronica 60, que fue recibido con los brazos abiertos por todos sus compañeros.
Alentado por la buena acogida que había tenido su creación, Pazhitnov probó suerte y se puso en contacto con un hacker que respondía al nombre de Vadim Gerasimov, con la intención de desarrollar una modesta versión para los PC‘s de la época.
Y de ese modo llegó Tetris – que así se llamaba el juego, derivado del prefijo “tetra” que significa literalmente “cuatro“, porque todas las fichas constaban de cuatro únicos bloques -.
Como os decía, el juego vio la luz en los países del Este, pasando por el Apple II, al Commodore 64 y a prácticamente todos los sistemas existentes, hasta el punto de que la Game Boy de Nintendo le debe gran parte de su éxito, siendo éste el cartucho más vendido.
Contando, eso si, que el programa venía de serie con la consola, pero que fue un reclamo contundente.
Tras su paso por los ordenadores el título llegó a manos de Richard Stein, un empresario inglés que presagió el éxito, hizo suyo el programa y decidió comercializarlo por cuenta propia.
El éxito no se hizo esperar y todas las grandes compañías trataron de hacerse con su propia versión del juego.
Mientras, su creador original afincado en Moscú no pudo obtener ningún beneficio de uno de los juegos más rentables de la historia, por lo que finalmente, en el año 1.996 decidió emigrar a América, montar su propia empresa, y felizmente recuperó los derechos de su creación, y todos los beneficios que le adeudaban.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados.
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