ALEX KIDD IN MIRACLE WORLD

Si a finales de los años ochenta tenías una reluciente Master System en vez de la vieja y tosca NES, seguramente Alex Kidd era tu Mario – o, al menos, te decías que lo era -.

Y aunque este alegre hidrocéfalo no haya dejado la misma huella en la posteridad, para algunos jugadores de largo recorrido, la sola mención de Miracle World es suficiente para retrotraerlos a las profundidades brumosas de un ensueño proustiano.

Sin duda no es el Reino Champiñón, pero Miracle World tampoco es un mal lugar: se puede montar en bici o pilotar un helicóptero, visitar tiendas, luchar contra pulpos – y, cuando debe hacerlo, Alex Kidd logra que su puño sea tan grande como su cabeza, lo que es realmente práctico para tratar a la fauna autóctona – y una variedad sorprendente de entornos, desde cañones rocosos hasta volcanes llenos de magma, por explorar.

Y la música que traquetea con la vivacidad del limitado chip de sonido de Master System, está entre las mejores que jamás se hayan escuchado durante aquella fecunda etapa.

Incluso aparecen en momentos insólitos varios adversarios con la cabeza en forma de mano, que te retan a partidas feroces de piedra, papel y tijera; una parte azarosa del juego que, por fortuna, puedes ahorrarte si consigues revelar los pensamientos de tu oponente.

Es todo muy colorido y dinámico, y, aunque no da la misma sensación placentera de movimientos naturales que tienes al controlar a Mario y sus amigos, posee niveles muy bien diseñados y una perversa dificultad creciente.

Como ejemplo de los logros en los juegos de plataformas de los años ochenta, Alex Kidd in Miracle World es encantador, gracioso y difícil de olvidar.

Bien merece la pena echarle un vistazo.

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Xtremeretro

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.