ALEX KIDD IN SHINOBI WORLD

Con este cartucho se despedía el que antaño fuera la mascota oficial de SEGA del mundo del ocio electrónico, pues en adelante ya no volvería a protagonizar un juego propio, cediéndole todo su protagonismo al carismático Sonic el erizo.

Cinco fueron los títulos en los que participó el célebre Alex Kidd, dejando patente la condición versátil del personaje que tan pronto sorteaba las más arriesgadas plataformas como ejercía de ciclista o se exponía a aventuras de diversa índole.

Existen además rumores que afirman que la compañía nipona que lo vio nacer tenía planeado realizar nuevos crossovers dando lugar a programas tan interesantes como Alex Kidd in Phantasy Star World e incluso Alex Kidd in Golden Axe World; sin embargo fue tal el éxito cosechado por el veloz erizo azulado que pronto se descartaron estas ideas, dejando como única alternativa posible el notable Alex Kidd in Shinobi World.

Las opiniones respecto a este juego son dispares, y así mientras algunos defienden a ultranza que se trataba de una manera de revitalizar una prometedora franquicia de SEGA, donde la acción más desenfrenada se conjuga con las mejores plataformas de forma constante, otros en cambio critican abiertamente al cartucho acusándolo de ser una mera parodia del Shinobi original.

Pero corramos un tupido velo sobre estas y otras divagaciones para ver qué se oculta tras esta peculiar mezcla entre el universo de los Radaxian y los sigilosos ninjas del Shinobi, una combinación a priori tan arriesgada como atractiva.

La historia da comienzo cuando el perverso Dark Ninja tiene la feliz ocurrencia de raptar a la novia del héroe en cuestión, que no es otro que Alex Kidd, dejándolo triste y desamparado.

No tarda en aparecer el espíritu de un valeroso ninja que asegura haber derrotado al temible Dark Ninja en el pasado, y en un acto de compasión le confiere sus poderes al valiente infante que ve renovadas sus esperanzas de victoria y se lanza presto al rescate de su bienamada.

Como podéis apreciar el de la damisela en apuros es un tema ciertamente recurrido en el mundo de los videojuegos, pero poco importa el pretexto con tal de volver a disfrutar de una apasionante aventura con el añorado príncipe de las orejas picudas.

De entrada llama poderosamente la atención la nueva ambientación con que se ha dotado al peculiar mundo de los Radaxian.

Olvidad los alegres y desenfadados colores que poblaban cada una de las estáncias de las anteriores entregas, que han sido sustituidos por otros menos llamativos algo más acordes con el programa del que toma prestado su glorioso nombre.

Y así en Shinobi World os moveréis a través de ciudades y núcleos urbanos que se alejan significativamente de los recurridos parajes campestres que han caracterizado a la saga desde sus inicios.

De hecho estos nuevos escenarios no dejan lugar a dudas sobre la inspiración de los programadores a la hora de idear las distintas fases que lo componen, cuatro en total, así como de los posibles enemigos que parecen extraídos del propio Shinobi, de no ser por el especto super deformed que lucen, pues han perdido la agraciada forma de sus esbeltos cuerpos en favor de unas proporciones craneales cuanto menos considerables, muy en la línea de los personajes habituales en el universo de los Radaxian.

Aquí los enemigos son escasos en número, parcos en movimientos y adolecen de unas rutinas de ataque ciertamente previsibles.

Sin embargo acostumbran a posicionarse en zonas de dificil acceso donde el usuario tiende a ser vulnerable ante sus ataques, complicando así el tránsito a lo largo del juego y supliendo la relativa ineptitud de los agresores.

Destacan en este apartado unos poderosos jefes finales, y muy especialmente el primero al que nos enfrentamos que durante las fases iniciales de desarrollo, cuando el programa era conocido con el insulso título de Shinobi Kid, ya había sido bautizado con el rimbombante nombre de Mari-Oh, un ser orondo con bigote que atacaba lanzando bolas de fuego y veía reducido su tamaño al recibir un determinado número de impactos.

Si bien en la versión final quedó desprovisto de su inconfundible bigote y cambió su apelativo por el de Kabuto.

Dificultando un poco más las posibilidades de victoria se impide al jugador conservar los distintos potenciadores que previamente haya adquirido a lo largo de la partida, de modo que cada vez que se concluye una fase el protagonista queda privado de ellos.

Estos power ups afectan principalmente a las formas de ataque del denominado príncipe convertido a ninja, y son básicamente de dos tipos: los primeros sustituyen el uso de la katana por unos efectivos kunais, que hacen las veces de shurikens como sucedía el primer Shinobi, mientras que el segundo tipo incrementa de forma considerable el rango de alcance de la espada de la que se sirve el héroe en funciones, incapaz como es de usar sus característicos puños en esta entrega.

Por fortuna Alex ha ganado un nuevo movimiento de impecable factura que le permite impulsarse por los aires al tiempo que hace gala de un poder altamente destructivo, e incluso cuenta a su favor con la habilidad de trepar por distintas superficies, pudiendo así superar una serie de obstáculos que de otro modo serían insalvables.

Lo que no ha variado ni un ápice es la sencillez en el manejo del personaje central, que ha sido un denominador común en la práctica totalidad de entregas disponibles, pues apenas el uso de dos botones, uno para el salto y el otro para el ataque, bastarán para realizar toda la gama de acciones posibles y poder afrontar con garantías las distintas necesidades que plantea el título.

Respecto al diseño de los niveles, son variados y ricos en detalle, y tan pronto os veréis combatiendo en el interior de naves industriales como en oscuros callejones, viejas fábricas abandonadas o zonas portuarias, e incluso bajo la superficie del mar si la situación así lo requiere.

No obstante es preciso recalcar que las fases son efímeras en número, pues las cuatro existentes se muestran escasas a todos los efectos, perjudicando de forma evidente la duración del programa y por tanto la diversión que es capaz de ofrecer.

Pero estas carencias quedan suplidas en parte por un acabado técnico notable, muy cercano a lo visto en el soberbio Alex Kidd in Miracle World, que va más allá del simple plagio para mostrar en pantalla un mundo plenamente consistente y dotado de un carisma muy propio, pese a que las melodías, enemigos y escenarios están ambientados o bien extraídos del laureado Shinobi.

En cuanto al apartado sonoro tiende a pecar de repetitivo, pero está lo suficientemente elaborado como para no llegar a cansar, y agradará especialmente a todos los seguidores de la epopeya de ninjas de SEGA, a la que le rinde un merecido homenaje con cada una de las distintas composiciones que os acompañarán a través de vuestro arriesgado periplo.

RESUMIENDO

Sin llegar a gozar del éxito que caracterizó al largamente recordado Alex Kidd in Miracle World y al que es considerado como su continuación directa para Mega Drive, Alex Kid in the Enchanted Castle, el título que nos ocupa atesora un gran talento que lo convierte en una aventura muy recomendable que poco o nada tiene que envidiar a las dos anteriores.

Su mayor lacra radica en una duración irrisoria, pero no es menos cierto que mientras no se haya finalizado resulta apasionante.

No sería posible concluir este comentario sin antes hacer referencia a la figura de Alex Kidd, un personaje representativo de una época que ilustra una forma de hacer y de entender los videojuegos bien diferenciada de la que está vigente hoy en día.

Un claro referente a unos días en los que la industria aún era joven y parecía que todo estaba por inventar, donde la falta de ideas raramente era visible y los mejores anhelos de cualquier aficionado al medio podían plasmarse en los más sencillos mundos pixelados.

Para todos ellos este juego será una opción ineludible, como también lo es para aquellos que gusten del Shinobi original que verán aquí una divertida representación de ese singular universo, y por supuesto no defraudará a ninguno de seguidores del que ostenta el honor de haber sido la primera mascota de SEGA.
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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.