ALIEN 3: THE GUN

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Cada película de Alien es un mundo: desde el horror gótico-espacial de la primera a la acción machorra de la segunda, pasando por la metafísica interestelar de la tercera o la mutación pop de la cuarta.

Sin olvidar la descerebrada y divertidísima explotación tebeística de las dos Alien Vs. Predator.

No es de extrañar, por tanto, que los juegos hayan sido cada uno de su padre y de su madre, desde el hórrido clon de Pac-Man para Atari 2600 vagamente inspirado en Alien, al disparate post-Metroid para MSX programado por la sacrosanta Square Enix.

Este Alien 3: The Gun, fiel a su origen y a su naturaleza, agarra el punto de partida de la película de David Fincher y hace con ella lo que le da la gana.

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El purista del film se querrá clavar unas tijeras en los ojos, pues hay aliens de todos los colores, se desprecia el ciclo reproductivo de las criaturas – que a la postre son muy fáciles de matar -, y la galería de final bosses parece salida de un cuadro del Bosco hasta arriba de alucinógenos.

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Y sin embargo, el resultado es magnético para el fan encallecido: ver a cientos, miles de aliens muriendo achicharrados bajo el lanzallamas de algunos marines es el sueño de cualquier aficionado sin prejuicios.

Un sueño generado, probablemente, por una noche de borrachera.

LOCURÓN VS RESPETO

Junto al disparate mayúsculo que supone el diseño de los aliens y, muy significativamente, de los jefes finales, destaca el curioso detallismo en la réplica de escenarios, vehículos, armas y decoración.

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Un llamativo desequilibrio salido de imitar la película con la mayor exactitud posible, para luego poder traicionarla con todos los honores mundanos.

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