AN AMERICAN TAIL: FIEVEL GOES WEST

Fievel Goes West es la correspondiente adaptación del maravilloso largometraje que, tiempo atrás, protagonizó el simpático ratón creado por el Rey Midas del celuloide.

Steven Spielberg cuenta en su haber con la producción y dirección de las películas más taquilleras de la historia, pero también tiene el honor de haber creado los únicos filmes de animación que han hecho sombra a las producciones de Disney.

La simpatía y la perfección de las interpretaciones demostradas por este ratón no han pasado desapercibidas en esta magistral adaptación.

Lo que más sorprende de este cartucho en un principio es, sin duda, la increíble calidad de sus gráficos.

Estos, creados con el mismo colorido y detalle que exhiben en las salas cinematográficas, recrean a la perfección las andanzas del pequeño Fievel en el Oeste americano.

Lugar al que, por otro lado, no llegaremos hasta la última fase – nivel 5 -, después de haber superado otros cuatro niveles repletos de enemigos y cuyas localizaciones se sitúan en la ciudad, las cloacas, el tren y el desierto.

En cada uno de ellos encontraremos unos decorados magistrales que destacan, sobre todo, por el magno tamaño que muestran, acorde con las reducidas dimensiones del protagonista de la aventura.

En especial, merece la pena reseñar con luz propia los fondos y el scroll de la fase del ferrocarril, en la que unos gigantescos vagones conforman una de las imágenes más espectaculares que jamás se habían observado antes en una Super Nintendo.

Las músicas cuentan con un toque dramático y aventurero muy original que acentúan el perfecto ambiente creado.

Las animaciones, por último, van desde la perfección de los scrolles hasta la simplicidad de algunos de los personajes, pasando por la espectacularidad del enemigo final en la fase del desierto, que cuenta con la magistral utilización del potentísimo Modo 7.

Todos ellos, gráficos, decorados y animaciones, cuentan con magníficos efectos de luz que, utilizados con sabiduría y en los momentos necesarios, son capaces de dar ese toque que separa el trabajo bien hecho de la perfección.

Pero lo que más sorprende de todo lo mencionado anteriormente, es el hecho de que este cartucho cuenta con la irrisoria cantidad de ocho megas, lo que habla en favor de unos programadores que, lejos de engañar a la gente con falsas propagandas en las que se anuncian cantidades descomunales de megas – como si fuese sinónimo de calidad -, se dedican a aprovechar en la medida de lo posible las enormes posibilidades proporcionadas por una máquina como la Super Nintendo.

Si alguno de vosotros ha disfrutado de la magia del viejo Spectrum, recordará que las maravillas que se podían llegar a programar ocupaban la alucinante cantidad de 48K.

Por tanto, no nos queda más que felicitar a los magníficos programadores de Hudson Soft.

Ellos cuentan en su haber con el privilegio de haber desarrollado una saga, Adventure Island, realmente divertida – y especialmente bien hecha en Super Nintendo -, lo que les permite entrar en ese lugar que tan sólo las compañías consagradas pueden ocupar.

Y Hudson Soft ha alcanzado ese lugar por méritos propios.

Por el momento, sólo hay una forma segura de conseguir grandes éxitos: hacer buenos juegos.

Y parece que Hudson ha asimilado perfectamente esta filosofía, tal y como demuestra una y otra vez con sus magníficas producciones.

ÍTEMS

Los omnipresentes ítems tendrán pocas utilidades en esta aventura.

Energía, vidas y dinero.

Ni más, ni menos.

¡DESENFUNDA, FORASTERO!

La factoría Hudson ha pretendido con este cartucho rozar la perfección más absoluta.

El resultado es más que satisfactorio, destacando en el aspecto gráfico, aunque sin dejar de lado apartados tan importantes como la jugabilidad y la música.

Una pequeña maravilla que, para ejemplo de los demás, ha ocupado la irrisoria cantidad de ocho megas.

Un gran trabajo.

EN SÍNTESIS

Los gráficos te absorben por completo hasta completar la aventura, y no tienen nada que envidiar a los de la película del mismo nombre.

Mención especial merecen los efectos de luz y color, creados por los programadores, que son magistrales.

Las melodías, por su parte, poseen un toque dramático y aventurero realmente genial.

Lógicamente, en este aspecto es equiparable a la banda sonora original del filme.

Y los sonidos cumplen con los requisitos mínimos exigibles a cualquier juego, pero si se hubiesen esforzado un poco más en este aspecto, habrían conformado un apartado realmente meritorio.

Por último, la dificultad perfectamente ajustada ayuda a elevar aún más la nota, y pone el broche de oro a un título alegremente desenfadado.

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