ATARI LYNX

De esta forma se daba a conocer a finales de los ochenta la que fue una de las primeras consolas portátiles, si no tenemos en cuenta a las máquinas de Game & Watch y similares, concretamente en el año 1.989.
Originalmente la máquina fue desarrollada por Epix, dos años antes, aunque dadas las limitaciones de la empresa fue Atari quien se hizo con los derechos de comercialización.
Cuando finalmente la consola salió al mercado contaba con unas características técnicas muy loables para la época: una CPU de 8 bits, y un procesador gráfico de 16, que permitía todo tipo de efectos gráficos, desde deformaciones hasta los siempre efectivos zooms.
Tristemente la plataforma adolecía de ciertas dificultades para tratarse de una consola portátil, que en gran medida compartían algunas similitudes con los problemas propios de la futura Game Gear.
Y es que disponía de unas dimensiones considerables y carecía de autonomía suficiente, pues requería de un gran consumo de energía, lo que unido a una campaña de marketing claramente insuficiente y mal enfocada, y a lo paupérrimo de algunos títulos, impidió a la compañía consolidarse en una cómoda posición en el mercado de las consolas portátiles, aún a pesar de ser técnicamente muy superior a las máquinas disponibles en ese momento.

Sin embargo, ese mismo año Nintendo lanzó su conocida consola Game Boy, y poco después SEGA hizo lo propio con Game Gear, que a grandes rasgos pasaba por ser una Master System portátil.
Frente a estas poderosas máquinas poco pudo hacer Lynx, muy inferior en todos los sentidos, pues Atari no consiguió rebajar los costes medios de fabricación por lo que resultaba más cara, grande, y requería de un mayor uso de energía que las consolas de la competencia.
Tratando en vano de sacar la máquina a flote se desarrolló un modelo más avanzado de la misma, la Lynx II, que corregía algunos de los fallos de su antecesora, ya que resultó ser más pequeña y requería de un menor consumo de baterías.

Aunque lo cierto es que este aparente lavado de cara no consiguió convencer al gran público, que ya se había decantado en su mayoría a favor de las consolas de SEGA y Nintendo, por lo que el ciclo de vida de esta Lynx II en el mercado resultó ser ciertamente efímero.
Quizá por ello, debido al escaso éxito que tuvo y al poco tiempo que estuvo disponible, esta consola es a día de hoy muy valorada por todos aquellos que se dedican al coleccionismo, así que si tenéis una en posesión quizá podáis venderla incluso a un “buen postor“.
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