AXELAY

MAGIA EN MODO 7

Super Nintendo y Konami formaron un binomio mágico e irresistible durante los dos primeros años de vida de la máquina.

Super Castlevania IV, Super Probotector, Parodius o Axelay son buen ejemplo de ello.

Todos hicieron buen uso del hardware, pero fue Axelay el que ensalzó y mantuvo un idilio especial con el famoso modo gráfico 7 de SNES.

Antes de pilotar la nave D-117B y salvar al sistema solar Illis conviene recordar hombres y nombres como Hideo Ueda, programador principal, Kazuhiko Ishida, programador de apoyo – que más tarde fundó Treasure junto a otros miembros de Konami -, Niritoshi Kodama, diseñador principal, y Taro Kudo, compositor y coparticipante en la BSO del Castlevania de 16 bits.

Axelay, al igual que Salamander, poseía seis escenarios, tres en perspectiva frontal/vertical y tres horizontales.

El sistema de armas era bastante original, la nave podía equipar dos aire-aire más una aire-tierra y al completar cada fase se añadía una nueva opción hasta un total de ocho.

No había power-ups.

Respecto a las vidas, una colisión letal destruía la nave, pero los impactos leves iban inutilizando cada una de las tres armas, y al cuarto encontronazo eras polvo espacial…

EL SÉPTIMO ARTE SEGÚN SUPER NINTENDO

Hasta aquí los datos fríos, porque tras el ruidoso logo de Konami éramos partícipes de una intro teñida por acordes de nostalgia, odio y esperanza.

La cosa se animaba al final con la nave atravesando cielo y nubes en modo 7 contenido.

A partir de aquí comenzaba realmente Axelay y todo era excesivo en su propuesta.

Desde la exagerada curva del horizonte con efecto rodillo de los escenarios en modo 7, con dos planos de profundidad, hasta los nombres de algunas fases – Cumuluses, Tralieb Colony, Urbanite o The Armada -.

O la denominación de sus final bosses: Arachnatron, T-36 Towbar, Regenertoid, Aquadon, Wayler y Veinion.

El modo 7 era explotado de forma magistral para crear una sensación seudotridimensional de gran efectismo que, hoy en día, te pone la piel de gallina y en 1.992 te provocaba hasta mareos.

Estas fases no se limitaban al ancho de la pantalla, ya que te permitían elegir rutas durante el recorrido, algo muy común en los shooters de Konami.

Una vez pasado el susto del primer escenario, llegábamos al planteamiento 2D del segundo nivel, en el que se apreciaba el magnífico diseño de la nave protagonista y éramos sometidos a planos de scroll horizontal y vertical que seguían maltratando nuestros sentidos.

Y con esa cadencia, fases impares en modo 7 y fases pares en 2D, transcurría esta fábula de alta tecnología llamada Axelay.

Y en su relato no se cansaba de hacer referencia a jefazos de proporciones antológicas, a rotaciones, deformaciones, ghost layering y todo tipo de efectos gráficos, a un manejo exquisito de la paleta de color de SNES y a un detalle en los niveles 2D digno de las mejores recreativas.

Su ambiental banda sonora se fusionaba perfectamente con cada escenario y nos dejó composiciones eternas en las fases dos y tres.

El final del juego prometía una segunda entrega, “See you again at Axelay 2“, que nunca apareció.

ASÍ LO RECORDAMOS

A principios de 1.993 se vivían momentos de pasión por el modo 7 y la prestancia tecnológica de Super Nintendo.

Jamás se había visto nada igual en consola, y Konami supo sacar provecho a un hardware nada fácil de dominar como el de SNES.

Para el recuerdo quedaron frases como “el juego mejor realizado técnicamente hasta la fecha, y que lleva la esperanzadora firma de Konami inscrita con letras de oro en su fuselaje“.

Definitivamente, aquello eran titulares.

EN SÍNTESIS

Axelay llevó el modo 7 al exceso, y generó sensación de potencia infinita en Super Nintendo.

Difícil resistirse a tamañas virtudes, incluso después de tantos años.

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