BLUE STINGER

La incursión del género de los survival horror en Dreamcast se saldó con un título digno de mención, sin embargo, algunos fallos menores lastraban en cierto modo el notable acabado final del conjunto.

El hilo narrativo nos translada a los albores del siglo XXI, momento en que una serie de terremotos provocan la aparición de una misteriosa isla surgida de las profundidades del océano.

Con el inevitable transcurso del tiempo esta isla prosperó, y sobre ella se asentaron los primeros colonos que no dudaron en edificar la que iba a ser una apacible ciudad.

Sin embargo, siguiendo con el curso de los extraños acontecimientos, se produjo entonces un hecho de difícil explicación, pues un repentino cometa surgido de la inmensidad del espacio ocasionó que esta tranquila ciudad se viera atrapada en el interior de una barrera energética aparentemente infranqueable.

Quiso la casualidad que en sus proximidades se hallase Eliot Ballade, el improvisado héroe de la historia, un especialista en rescates que estaba disfrutando de unas merecidas vacaciones a bordo de su propia embarcación.

De modo que atraído por su creciente curiosidad queda resuelto a investigar qué está aconteciendo en la misteriosa isla.

El motor gráfico usado por los programadores para recrear las distintas localizaciones que tienen lugar a lo largo de la aventura supuso una evolución lógica con respecto a los títulos disponibles en el extenso catálogo de PlayStation pertenecientes al género, pues se generaban los escenarios poligonales en tiempo real, como popularizó tiempo más tarde el laureado Resident Evil: Code Veronica, aunque la ambientación se sitúa más cercana quizá a la primera entrega de Silent Hill, salvando las distancias.

De este modo se conseguían aunar dos factores que el equipo de desarrollo buscaba con ahinco; de entrada, se evitaban los fondos estáticos propios de los decorados renderizados, al mismo tiempo que se mostraba un apartado visual lo suficientemente atractivo como para destacar en la primera hornada de juegos disponibles para la 128 bits de SEGA.

Este detalle además permite profundizar y sentirse inmerso, más aun si cabe, en la compleja trama que conforma el recomendable título.

Como muchos de vosotros ya os habréis imaginado, a estos elementos hay que sumarle los continuos enfrentamientos contra monstruos de todo tipo y pelaje, los siempre necesarios puzzles cuya resolución dependerá del uso de determinados objetos que se encuentran repartidos a lo largo de los vastos escenarios, y por supuesto un gran número de armas que nos brindarán ciertas ventajas en las incontables confrontaciones que tendrán lugar y, muy a pesar nuestro, nos veremos obligados a protagonizar.

Sin embargo, estos resultan elementos comunes en la mayoría de títulos representantes del género, de sobra conocidos como para sorprender a aquellos usuarios versados en juegos de esta índole y temática, cortados por unos mismos patrones en su mayoría, que no son pocos a día de hoy.

Siendo realistas, Blue Stinger no consigue transmitir ese miedo propio de otras franquicias como puede ser Resident Evil, pues aquí los sustos ocasionales se han visto sustituidos por situaciones extremas en las que vuestra vida pende de un hilo, como es el caso de atravesar diversos páramos helados antes de perecer en el intento, por citar tan solo un claro ejemplo.

Por ello podría definirse a este título como una nueva variante dentro de un género tan trillado como es el de los survival horror, lo cual se torna en todo un acierto pues le confiere al juego un estilo y una personalidad propia de notable factura, a todas luces impagable, que permite recrear situaciones tanto o más intensas que las ya vistas en otras franquicias sin necesidad de servirse de los habituales zombis ni de las frecuentes sorpresas que se rigen por aquellos golpes de efecto puntuales en los que el enemigo de turno hace acto de presencia, que también las hay.

Tristemente, el título que nos ocupa adolece de un par de detalles que le perjudican de forma notoria.
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El primero de ellos, un obstáculo salvable pero que empaña y perjudica a la valoración final es un sistema de cámaras, no deficiente, pero si mejorable, pues en determinados momentos dificulta el avance del usuario a través de las complejas estancias.

Activision fue la empresa encargada de subsanar este pequeño inconveniente en la versión europea del título, aunque parece que no salió del todo bien parada en su cometido, pues en ocasiones la cámara se sitúa cercana a la nuca del protagonista, limitando la visión de los distintos escenarios.

El segundo lunar a destacar es que el programa se encuentra de forma íntegra en inglés, un detalle al que los seguidores habituales de los survival horror e incluso de los RPG ya estamos de sobra acostumbrados, pero se muestra sin duda como una dificultad añadida a la hora de seguir con garantías la historia o bien cuando se trata de cumplir los distintos objetivos a los que nos enfrentamos, requisitos indespensables para el avance de la trama.

Salvando estas pequeñas dificultades, el título se muestra como un más que digno representante de este tipo de aventuras en la añorada Dreamcast, y además supuso un comienzo inmejorable del género propiamente dicho por los circuitos de esta consola que a día de hoy es considerada como un objeto de deseo.

RESUMIENDO

Los escenarios están lo bastante trabajados como para poder calificarlos de sobresalientes, dados los títulos disponibles en la primera remesa de juegos para la blanca de SEGA; no en vano, gozaban de un competente engine en 3D, magníficas texturas, y los justos detalles como para asombrar sin llegar a cargar en demasía ninguna de las estancias. Y estos mismos epítetos son atribuibles a los personajes, cuyo acabado y animaciones rozan la excelencia, teniendo siempre presente que se trata de uno de los primeros juegos disponibles para Dreamcast, que más adelante se vio claramente superado, como es lógico. Sin duda, el mejor apartado del conjunto, y que denota la gran labor empeñada y trabajo invertido por los desarrolladores en este aspecto.

El sonido no desmerece en absoluto, y acompaña de la mejor forma posible al desarrollo de la acción, aunque por contra todos los diálogos se encuentran en un perfecto inglés, un detalle que inevitablemente le pasa factura a un título de estas características, aunque tristemente es lo habitual, incluso después de tantos años transcurridos desde su lanzamiento.

El apartado jugable, una de las principales bazas y prioridades de cualquier buen juego que se precie, resultaría perfecto de no ser por el uso desafortunado de algunas cámaras, que pueden dificultar en cierto modo el desarrollo de los distintos enfrentamientos que tienen lugar, así como por el idioma elegido que, una vez más, se torna como un inconveniente añadido a la hora de afrontar los numerosos puzzles a los que el usuario se ve sometido.

Pese a estas carencias, lo cierto es que Blue Stinger se muestra como una opción ineludible para los aficionados a este tipo de aventuras, pues resulta lo suficientemente atractivo e interesante como para recomendarlo sin mayor dilación.

No en vano, sus espectaculares gráficos y las atractivas situaciones que nos plantea lo avalan como un digno representante del género que nada tiene que envidiar a otras franquicias más conocidas y longevas quizá, pero cuyas novedades aportadas a lo largo de los años, salvando las primeras entregas que las vieron nacer, se tornan cuestionables, por lo que todos aquellos que busquen una buena alternativa podrán encontrar en este programa un motivo de felicidad con el que deleitarse durante algunos largos meses.
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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.