BOMB ON BASIC CITY

Bomb on Basic City Studio Vetea Sega Genesis Mega Drive Xtreme Retro Pixel Art

Cine del tedio es la etiqueta con que se conoce a cierto tipo de películas con las que, aunque no seas especialmente cinéfilo, seguro te has topado en alguna ocasión.

Se trata de un tipo de cine con predominancia de interés en los circuitos de festivales, hechas sin mucho presupuesto, y popularmente definidas por quienes no las disfrutan como “esas películas en las que no pasa nada”.

Jim Jarmusch, Béla Tarr o Apichatpong Weerasethakul son algunos directores memorables que han llevado a la gran pantalla largometrajes de este estilo, de pretensiones contemplativas, con tomas largas y – en teoría – absorbentes, donde si conectas te acabas imbuyendo de la atmósfera que rodea el día a día de sus protagonistas y que son especialmente aborrecidas por una gran parte del público, incluso dentro del mundo de los espectadores empedernidos.

Bomb on Basic City Studio Vetea Sega Genesis Mega Drive Xtreme Retro 2

Esto funciona de forma similar en el mundo de los videojuegos pero, como es natural al hablar de distintos medios, este género tiene aquí sus propias peculiaridades.

Pero tengamos esto claro: aunque para el videojuego el paisaje, por dibujado, resulta casi siempre mucho más hermoso y apetecible, lo que hacemos siempre es buscar respuestas más allá del horizonte.

El reciente Bomb on Basic City es otro de aquellos juegos del tedio.

Tedio espectacular, tedio del preciosismo pero murria vital a fin de cuentas, con esa asombrosa capacidad para incitar a la reflexión y también, al mismo tiempo, para invitarnos al lanzamiento de mando o teclado contra pantalla.

Bomb on Basic City Studio Vetea Sega Genesis Mega Drive Xtreme Retro 1

Pero esta propuesta de Studio Vetea al menos intenta poner remedio al hastío con una mecánica muy particular, con la que pretende dotar de significado a la horizontalidad, y por eso, cuando el aviador protagonista consigue acertar en el blanco, sobrevolando una y otra vez la dichosa ciudad hasta reducirla a escombros, observamos la inmensidad a nuestro alrededor y sentimos conquistada la naturaleza, subyugada bajo nuestros pies.

Y ahí estamos, suspendidos en una épica armonía cibersintoísta y pastoral en la que nuestro intelecto está al servicio de la destrucción hasta que, de repente, un simple descuido nos ha llevado al más absoluto fracaso, demostrándonos que, como vamos a hacer en cuestión de segundos, Ícaro tampoco cayó de pie.

Entonces ya no hay alternativa.

Ya no somos libres de hacer lo que queramos, y el tedio es un simple intervalo de tiempo donde gobierna la indeterminación.

Bomb on Basic City Studio Vetea Sega Genesis Mega Drive Xtreme Retro 3

Pero si hay algo en lo que se le reconoce el mérito a Bomb on Basic City es en la modestia de sus pretensiones.

No se jacta de la gloria de su pixel, más allá que de aquel propio al bucolismo que irradia su ambiente.

Tampoco lo hace del vacuo trasfondo de su historia ni, sobre todo, de una supuesta inteligencia en el minimalismo de las mecánicas, cosa que sí sentimos hacen otros juegos del estilo.

Pero uno no puede dejar de jugar pensando en lo frustrante del accésit, en lo que podía haber sido y al final no es.

En que, aunque lo importante es lo que te lleves tú a casa, es cierto que lo sugerente puede ser un caldo de cultivo para los somatismos y que es sólo la voluntad personal la que infiere un valor estético en el sentido artístico del término.

Bomb on Basic City Studio Vetea Sega Genesis Mega Drive Xtreme Retro 4

No sé, añádeme algo a esa mecánica, apórtame algo más de valor en tu idea.

Genérame un contenido que tenga algo de autoral.

Son mis quejas, las de una persona amargada, pero el caso es que somos muchos y lo bonito no nos basta.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.