BOOT HILL

Se podría pensar que Boot Hill es simplemente el Pong rediseñado por un fan de John Wayne.

Dos jugadores hacen el papel de vaqueros a lado y lado de un paisaje cubierto de cactus, con un curioso carro entre ellos.

Igual que sucedía en el famoso juego de Atari con la plataforma y la pelota, los disparos pueden rebotar por la parte superior e inferior de la pantalla.

Pero, a diferencia de Pong, el objetivo de este juego es evitar que te impacten los disparos del oponente.

Con sólo seis disparos de revolver y un implacable tiempo límite, el juego se vive como si fuera un verdadero duelo con pistolas.

El jugador se debate entre atacar sin dejar respiro – y vaciar el cargador en un momento de forma insensata, porque luego no se puede recargar – o tomarse su tiempo y tumbar al oponente humano o de la CPU con un solo tiro bien dirigido.

Boot Hill fue diseñado por Dave Nutting como una semiadaptación más animada de su anterior Gun Fight – 1.975 -, y se basa en el sencillo movimiento de proyectiles de Pong.

Uno de los problemas de rescatar antiguos juegos de máquinas recreativas es que no siempre se pueden reproducir las características táctiles originales – en un PC sólo se consigue hasta cierto punto -.

En aquella época, gran parte del atractivo de Boot Hill provenía del enfoque tecnológicamente primario de la coin-op, que utilizaba espejos para proyectar la acción monocromática en el paisaje de una ciudad fronteriza dibujado a mano.

Jugar sin esto no es ni la mitad de divertido, sobre todo cuando no puedes ver el mismo Boot Hill, un cementerio adonde llevan a los jugadores muertos y se convierten en lápidas mientras suena una marcha fúnebre por los altavoces.

El cementerio es un truco barato, pero concuerda con los altos riesgos de cualquier duelo en el Viejo Oeste.

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