BOULDER DASH

Boulder Dash emuló el diseño de otros títulos arcade como Dig Dug o Mr. Do, y lo simplificó para los sistemas domésticos de la época.

Y al hacerlo, creó una de las franquicias más perdurables de los videojuegos.

En el papel de Rockford – un héroe que, debido a las limitaciones del hardware, parecía la versión pixelada de una rana antropomórfica -, el jugador debe escavar túneles en los diferentes niveles, mientras recoge diamantes y esquiva las piedras que se desprenden.

Al contrario de lo que sucede en los citados Dig Dug y Mr. Do, Rockford no puede protegerse directamente; de modo que debe recurrir al ingenio, a fin de crear un laberinto alrededor de sus enemigos y calcular bien las persecuciones para asegurarse de que, en el punto final, caiga una de las rocas.

Dicho lo cual, Boulder Dash es un título que ha mantenido al mismo propietario de derechos hasta la actualidad – First Star Software aún vende sendas versiones -, algo muy poco usual en estos tiempos tan convulsos.

Y por supuesto, ha tenido tantos seguidores como clones, con versiones magníficas y muy diferentes en la mayoría de encarnaciones modernas, que incluyen adaptaciones desde Game Boy Advance hasta el iPhone y el iPod Touch.

En cualquier caso, el clásico de 1.984 sigue perdurando porque no hay combate alguno, y a diferencia de otros títulos exentos de toda violencia, permite a los jugadores varias opciones para enfrentarse a las amenazas, creando su propio laberinto en vez de recorrer uno predeterminado.

Por tanto, requiere un buen equilibrio entre la resolución improvisada de rompecabezas y los reflejos rápidos, y se asegura de que la responsabilidad de cualquier error recaiga siempre sobre el usuario.

Un título, en definitiva, fácil de asimilar pero difícil de dominar, y tan disfrutable como lo fue hace varias décadas.

Dicho de otro modo, un diamante que bien merece la pena desenterrar.

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