CADILLACS & DINOSAURS

Los dinosaurios han sido desde hace largos años unos seres fuertemente arraigados a todas las formas de entretenimiento posibles.

Este hecho resultó particularmente notorio desde principios de la década de los noventa, coincidiendo con el estreno del popular largometraje Parque Jurásico, donde estas bestias fueron las verdaderas protagonistas.

Pero incluso antes de que el laureado film conquistara a millones de aficionados en todo el globo, su existencia no pasó inadvertida para una gran cantidad de productos comerciales.

El mundo del comic no era ajeno a esta tendencia; buena prueba de ello fue la obra del aclamado Mark Schultz, bautizada en primera instancia con el nombre de Xenozoic Tales, cuya publicación data de los años 1.987 al 1.996 respectivamente.

Apenas 14 tomos bastaron para narrar una historia que se antoja apasionante, donde el género humano convive en un futuro post-apocalíptico con estas agresivas criaturas que pugnan por recuperar su territorio perdido.

El protagonista de la trama resultó ser un joven científico amante de los Cadillacs conocido como Jack Tenrec, quien no dudaba en reparar cuanto vehículo caía en sus manos.

Como es lógico, el desmesurado éxito que cosechó la célebre película de Spielberg favoreció en gran medida a esta notable creación que llegó a ser convertida a una escueta serie de animación destinada a la pequeña pantalla, denominada Cadillacs & Dinosaurs.
Dicha serie derivó en un videojuego de sobresaliente factura técnica que, tristemente, quedó reservado de forma exclusiva para las coin-ops, pues no llegó a gozar de adaptación a consola u ordenador alguno.

Una vez aclarada la historia previa en torno a la gestación de este soberbio beatem up pasaremos a detallar las virtudes que obraron el milagro.
En primer lugar es preciso referirnos al poderío de la consagrada placa Capcom Play System Dash, la sucesora directa de la CPS-1 que incluía ligeras mejoras con respecto a esta, especialmente en el apartado sonoro debido al uso del magnífico Q-Sound, que transmitía la sensación de un sonido envolvente.
No en vano guardaba ciertas similitudes con el Roland Surround System, el cual mediante el uso de altavoces conseguía un efecto similar que tantas alegrías les brindó a los poseedores de Turbografx CD e incluso del Mega CD.

Y es que virtudes desde luego no le faltan, pues auna un apartado técnico sensacional con una jugabilidad clásica a la altura de los mejores juegos de Capcom, y una ambientación realmente conseguida que nada tiene que envidiar a la serie emitida por televisión.

Por supuesto, no podían faltar diversos personajes dispuestos a enfrentarse al mundo entero si ello era preciso, cuatro para el título que nos ocupa, además de una serie de demoledores ataques intrínsecos para cada uno de ellos.
Estos improvisados héroes podían servirse, aunque fuera de forma provisional, de un devastador armamento, mientras atravesaban una serie de niveles de considerable envergadura y una riqueza en la variedad de enemigos que invitaba en todo momento a continuar avanzando.

Todo ello enderezado con el inconfundible sello de la empresa nipona que le valió el favor incondicional de un sinfín de aficionados tanto al género de la lucha como a los beatem ups callejeros al uso.

De este modo el usuario podrá escoger para afrontar la aventura con garantías entre el carismático Jack Tenrec, el rostro visible de la franquicia tanto en el comic como en la serie de animación; a la hermosa Hannah Dundee, que respeta los cánones de muchos de los personajes femeninos visibles en múltiples arcades, débiles pero con una mayor agilidad que el resto de sus compañeros varones, si bien para compensar su falta de potencia destaca en el uso de las armas; o Mess O’ Bradovich, que se sitúa en la balanza opuesta a la fémina del grupo.

Esto se traduce en una mayor fuerza bruta, pero por contra adolece a su vez de una lentitud que le resta efectividad a sus movimientos y, por último, Mustapha Cairo, el luchador más equilibrado y versátil del conjunto, más incluso que el propio Jack, pues combina con maestría una rapidez digna de mención que rivaliza con la mismísima Hannah, con algunos de los ataques más contundentes del grupo.

Lo que no varía es la ejecución del total de movimientos para cada uno de los protagonistas, que se ha resuelto de forma simple a la par de efectiva, muy en la línea de otros tantos beatem ups con los que con relativa frecuencia Capcom deleitaba a sus seguidores.

Podéis esperar por tanto diferentes presas, contundentes llaves y reiterados combos de hasta 4 golpes consecutivos, ampliados con la posibilidad de correr en cualquier dirección y el consabido ataque especial de uso limitado que consume parte de la barra de vida, aunque su uso se antoja imprescindible para salir airoso de algunas situaciones comprometidas en las que el jugador se verá rodeado y superado ampliamente en número.

Este impresionante repertorio de golpes se ve reforzado, más aun si cabe, por el uso de diversas armas con las que es posible aprovisionarse durante el progreso de la partida, que van desde algunas tan rudimentarias como son los palos o cuchillos, pasando por otras mucho más sofisticadas y dotadas de un inconmensurable poder destructivo, tales como rifles o granadas, ideales para causar estragos entre las filas enemigas.

Por no mencionar el buen uso, o malo según se mire, que se le da al lujoso Cadillac durante el transcurso del tercer nivel, que permite atropellar impunemente a cuantos adversarios se crucen en el camino.

En lo que respecta a los enemigos la variedad está garantizada, y no podían faltar los recurridos punks, moteros, cazadores furtivos que aquí reciben el nombre de mercaderes oscuros, híbridos entre humano y dinosaurio con una resistencia a los golpes probada, y los descomunales saurios cuya aparición estelar hace presagiar lo peor, que se mantendrán neutrales hasta recibir algún golpe contundente, momento en que desatan su furia dando paso a sus más primarios instintos atacando por igual a aliados y enemigos, complicando el tránsito a través de las fases de forma exponencial.

Por fortuna siempre es posible unir fuerzas con hasta dos amigos más, convirtiendo el desarrollo en unas auténticas reyertas a tres bandas donde los usuarios cooperan entre sí, consiguiendo unos niveles de diversión y adicción antológicos, de los que muy pocos juegos son capaces.

A estas bondades hay que añadirle 8 escenarios de dificultad creciente, variados y ricos en detalle, que se alejan significativamente de las pantallas habituales dentro del género, pues además de las conocidas zonas urbanas os veréis forzados a cruzar frondosas selvas, áridos desiertos y tétricos laboratorios, todos ellos engalanados con multitud de elementos móviles y dinámicos.

Gráficamente huelga decir que el juego es soberbio dadas las posibilidades que atesoraba la CPS Dash, que poco después se vio superada por la famosa CPS-2.

Tanto los personajes principales como los rivales a batir cuentan con un diseño loable, muy especialmente si nos referimos a los temibles dinosaurios que aportan consigo cierta frescura frente al estereotipo del enemigo tradicional en el género como son los pandilleros, punks y demás fauna, que aquí también tienen cabida en número y variedad suficiente como para no hacerse repetitivos.

No obstante, en ocasiones puntuales será posible apreciar algún ligero parpadeo o ralentizaciones cuando la pantalla se encuentra saturada de adversarios, aunque estos momentos son los que menos y tan solo el ojo entrenado podrá percatarse de ellos, de modo que a duras penas conseguirán hacerse notar, y mucho menos ensombrecer el virtuosismo gráfico que luce el programa en su conjunto.

Completan la oferta un apartado sonoro magistral, en parte posible gracias al excelente uso que se le da al Q-Sound, en el que destacan unas melodías cañeras y efectos de todo tipo donde las voces, gritos, golpes, explosiones y disparos están a la orden del día.

Respecto a la jugabilidad, referirse a Capcom es nombrar a una de las más grandes compañías que desde siempre se ha caracterizado por desarrollar títulos que eran sinónimo de diversión y de sencillez en su ejecución, con un desarrollo rico en matices y pensados para ser disfrutados desde el primer minuto, y Cadillacs & Dinosaurs no es una excepción a esta regla.

Un arcade, en definitiva, dotado de una personalidad inconfundible hasta ser creador de una manera y de un estilo muy propio en que fracasarían sus imitadores, que ocupará siempre un merecido lugar de honor en la historia de las coin-ops.

No diré que este programa sea la mejor creación de Capcom, pues como en toda empresa fecunda Capcom no tiene una obra mejor, porque todas forman parte de un conjunto y todas van selladas con una marcada identidad.

Pero es justo reconocer la importancia de un juego que sin llegar a innovar, mantiene muy vivo su recuerdo entre miles de aficionados incluso después de tantísimo tiempo acontecido desde su lanzamiento, allá por el lejano año 1.993.
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