CAOS ONLINE

No me disgustan los juegos online.

Prefiero los juegos en solitario, pero también disfruto, llegado el caso, con las aventuras a través de la vasta red.

Y aunque ya había jugado a clásicos como Quake o Unreal en su día, hablo de los tiempos de las conexiones por ethernet, el juego que de verdad me cautivó y convenció de que el mundo online estaba lleno de posibilidades fue Phantasy Star Online, de Dreamcast.

Mi experiencia con los juegos online ha sido muy amplia desde entonces, y podría contar mil batallitas, como aquella vez que un infame mangante me robó una de mis armas favoritas en Phantasy Star Online.

El intercambio consistía en que cada uno tirase al suelo el arma que habíamos acordado canjear.

Yo, un honrado pardillo, solté el arma en cuestión, y como en el intercambio de rehenes de una película, fui avanzando lentamente hasta el objeto que el ratero había dejado caer.

Él hizo lo propio, y como ya os habréis imaginado, aquello no tenía ningún valor.

Me habían tangado y, además, por tontaina.

Pero dejemos a un lado las confesiones de un ingenuo, porque me estoy yendo por las ramas, para no variar.

Las partidas multitudinarias son la moda imperante en los juegos online competitivos.

Muchas compañías sacan pecho anunciando el impresionante número de jugadores que soportan sus partidas online.

Star Wars Battlefront nos permite enfrentarnos en bandos de 20 contra 20, Battlefield 1 sube la apuesta a 64 soldados y el fenómeno Overwatch se queda en una cifra más modesta – 12 -, como ha venido haciendo la saga Call of Duty.

Me parece muy bien, pero no acaban de convencerme las batallas multitudinarias.

Desde luego, por profundizar con algún ejemplo, Battlefield 1 demuestra a la perfección cómo de caótico debió ser aquello de estar en mitad de un gran combate en la Primera Guerra Mundial.

Sales al mapa de juego y la lluvia de tiros es de órdago.

Hay un par de tíos que no paran de sobrevolar el escenario en avioneta disparando a todo lo que se mueve, un tunante que se dedica a lanzar morteros a diestro y siniestro, diez camperos apostados en los lugares más recónditos haciendo buen uso de sus rifles de precisión, dos pirados en tanque que van arrasando con todo y otro nutrido grupo de jugadores que corren como pollos sin cabeza disparando sin ton ni son.

¿Es el caos divertido?.

Pues sí, pero sólo durante un rato.

La sensación es bastante impactante durante las primeras partidas, pero la cosa pierde la gracia en cuanto descubres que el caos es tan tremendo que tu habilidad casi no cuenta para nada.

Porque, ¿qué posibilidades hay de mantenerse vivo en un mapa con 64 tíos disparándose unos a otros?.

Cero, ya os lo digo yo.

No importa lo bueno que seas, no hay manera de tener controlados a 32 jugadores enemigos.

Este tipo de modos están pensados para morir una y otra vez, y eso le quita toda la adrenalina a las batallas.

¿Por qué voy a ponerme nervioso si mi muerte no es más que una de las cientos que sucederán en esta partida?.

¿Qué valor puede tener mi actuación si hay otras 63 personas disparando sin parar?.

Por eso aplaudo la decisión de Destiny 2 de reducir a 4 contra 4 las batallas del modo online competitivo.

Después de jugar a la beta tengo claro que los combates son ahora mucho más estratégicos, dentro de la velocidad desenfrenada propia del título de Bungie.

Además, es más fácil encontrar un grupo de amigos con el que coordinarse porque, sinceramente, ¿quién narices es capaz de coordinar un batallón de 32 jugadores?.

Pero lo mejor es que me siento más partícipe de las victorias o derrotas del grupo, y mi habilidad – sea un leño o un gran jugador – tiene mucha más importancia que en las caóticas batallas que proponen los juegos online competitivos de hoy en día.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Xtremeretro

About Xtremeretro

X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.