CASTLEVANIA: CURSE OF DARKNESS

Castlevania ha sido, sin lugar a dudas, una de las sagas más glorificadas por la crítica y público en su paso por los 8, 16 y 32 bits.

Atrás quedaron autenticas obras maestras del calibre de Super Castlevania IV para Super Nintendo, y el maravilloso Castlevania: Symphony of the Night, disponible en PlayStation y Saturn.

El motivo de su éxito resulta por todos de sobra conocido a estas alturas, pero no estaría de más destacar su exquisita ambientación, magistral banda sonora perfectamente orquestada, y jefes finales de puro lujo.

Sin embargo, en su inevitable adaptación a los 64 y 128 bits la serie quedó privada de parte de su encanto, incapaz de acondicionarse a los complejos entornos tridimensionales.

Huelga decir que el primer episodio lanzado en PlayStation 2 derivó en un acertado y necesario intento por devolverle su prestigio a la franquicia, tras su polémica incursión en Nintendo 64, aunque ciertas dificultades con la cámara y contadas lagunas en el desarrollo malograron la experiencia, convirtiendo a dicho compacto en un título fácilmente recomendable dentro del amplio catálogo de la consola, pero lejos del calificativo de clásico imperecedero.

Tres años más tarde, concretamente a principios del 2.006, Konami volvió a la carga con una nueva entrega que, por vez primera, corría también en XBOX.

Con el firme objetivo de imitar la mecánica del legendario Symphony of the Night, pero con un apartado gráfico en plenas 3D, acorde con la tendencia actual, vio la luz este Curse of Darkness.

Respecto a la trama, se remonta al año 1.479 en la distante tierra de Valaquia, poco después de que Trevor Belmont diera punto y final a la nefasta existencia del temido Conde Drácula; momento en que dos maestros de la forja de demonios y antiguos aliados de Vlad Tepes, lucharán por su supervivencia.

De modo que los usuarios deberán encarnar al joven Héctor, otrora un afamado lugarteniente del poderoso vampiro, quien ha decidido renunciar a sus poderes de origen diabólico.

Bajo esta sugerente premisa se presentan suculentas novedades, partiendo de algunos elementos más propios de un RPG, tales como la evolución del héroe y sus invocaciones, conforme vayan obteniendo puntos de experiencia.

Sumado a esto, la cámara también ha sufrido leves modificaciones con respecto al programa anterior, pues ahora es libre en todo momento, algo de lo que se benefician los combates masivos.

Tristemente, no es oro todo lo que reluce, pues al título que nos ocupa le acompaña un continuo sabor agridulce, debido principalmente a ciertos momentos de vacío.

Sin olvidar que, pese a las consabidas innovaciones, el apartado técnico no se distancia significativamente del Lament of Innocence, aún partiendo con tres años de ventaja.

Basta con decir que la compañía desarrolladora hace un uso excesivo del molesto efecto niebla para ir generando los distintos escenarios, que a su vez se evidencian parcos en detalles en repetidas ocasiones.

Sus melodías tampoco han salido mejor paradas.

Michiru Yamane fue el encargado de componer su más que correcta banda sonora, que se adapta con soltura a la acción.

Sin embargo, en un título perteneciente a esta fabulosa franquicia no es suficiente; más aún cuando resulta tan obvio que no puede competir en igualdad de condiciones con los capítulos anteriores.

En lo que se refiere a los descomunales final bosses, tampoco despuntan por su originalidad ni complejos patrones de ataque precisamente, facilitando el progreso más de lo que sería deseable.

Con toda probabilidad, la aportación más interesante de esta aventura se centra en la transformación de los demonios aliados, incurriendo una vez más en ese agradecido toque RPG, que en no pocas situaciones lo salva de la desidia.

Tanto es así que una vez superada la aventura no encontraréis excesivos alicientes para volver sobre vuestros pasos y completarla en su totalidad, en parte debido a su escasa dificultad y monotonía.

Konami volvió a fallar con la adaptación de una de sus sagas más queridas, y es una pena, pues en caso de haberse limado pequeñas asperezas estaríamos hablando de un gran juego, que queda por tanto reservado para los fans de Castlevania.

Ellos si sabrán exprimir todas sus virtudes, y perdonar sus defectos.

RECUPERANDO LOS ELEMENTOS RPG

Sin duda, este es uno de los grandes aciertos en determinados episodios de la saga.

Tendréis a vuestra entera disposición todo tipo de armas, accesorios y seres que invocar.

LAS INVOCACIONES

El principal aliciente de Curse of Darkness, junto a un desarrollo que se nutre parcialmente de los RPG’s, radica en la posibilidad de invocar a poderosos demonios que os acompañarán durante vuestro periplo.

Con los puntos de experiencia obtenidos estos evolucionarán e incrementarán su ataque, defensa y movimientos especiales.

Por descontado, también será posible combinar sus poderes con los del propio Héctor.

UN EQUIPO CONSAGRADO

En la creación de este juego han participado los insignes Koji Igarashi, como productor, y Michiru Yamane, encargado de realizar la banda sonora.

Ambos profesionales ya compartieron su experiencia en el pasado, como bien se puede apreciar en el añorado Symphony of the Night y el más reciente Lament of Innocence.

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