CHO ANIKI, CUANDO LO CUTRE SE CONVIERTE EN VIDEOJUEGO

A pesar de las reticencias de los sectores más clásicos del mundo de los videojuegos, Cho Aniki ha conseguido labrarse un lugar dentro de la industria, incluso cuando ninguna de sus secuelas ha trascendido, por fortuna, las fronteras japonesas.

El juego es cutre con avaricia, un subproducto especialmente ideado para jugadores casposos, que tiene el mérito de ser el creador de un género y de una manera de hacer muy particular en la que se ha convertido en el único representante; pero es que aunque existieran más títulos de esta índole, seguiría siendo el máximo exponente con toda probabilidad.
Os estoy hablando del curioso género de los simuladores de disparos gays.

Y es que finalmente esta saga se ha convertido en toda una referencia de la cultura basura, recomendable tan solo para aquellos que busquen nuevas experiencias a cualquier precio.

Con frecuencia las obras de culto son miradas con desconfianza por la mayor parte de la población; historias complejas, argumentos que rozan lo absurdo, encuadres nefastos, interpretaciones aberrantes, y un largo etcétera.
Basta con darse una vuelta por cualquiera de los museos modernos considerados prestigiosos para ver obras que en no pocas ocasiones rozan el escándalo, o incluso lo ofensivo en el peor de los casos.

El sector de los videojuegos no resulta ajeno a esta tendencia, y sucede con cierta frecuencia que los peores programas surgidos de los sueños más febriles de algún programador, con una carencia de ideas más que evidente, llegan a consagrarse como un hito capaces de atraer a legiones de aficionados.

Cho Ankiki es un claro ejemplo de cómo un juego compuesto por unos gráficos nefastos puede ganarse el favor del público y convertirse en todo un referente de la cultura basura, en gran parte por tratarse de el único shootem up de temática gay.

El primer título de la saga, aparecido en el año 1.992 en PC, obligaba al jugador a adoptar el rol de Ideran o Benran, dos peculiares personajes muy amanerados, a quienes seguían dos apuestos hombretones hormonados a más no poder, Samson y Adam.
En cualquier caso, en este primer acercamiento al público no había necesidad de escandalizarse, pues independientemente de la particular ambientación, repleta de bañistas untados en aceite, el título no pasaba de ser un shootem up en la línea de los clásicos.

Todo cambió con su secuela, Ai Cho Aniki, lanzada en el año 1.995, que contó con diversos remakes para Saturn y PlayStation que vieron la luz entre el año 1.995 y 1.996.
Fue con estos títulos cuando la abominación alcanzó la categoría de juego de culto.

Reconocido abiertamente como el videojuegomás declaradamente gay y horroroso de todos los tiempos” según la crítica internacional, el título se ha convertido en un fenómeno de masas japonesas que incluso en la actualidad resulta un referente en la industria y ha facilitado que sus creadores desarrollasen un tercer capítulo de la saga, que ya apunta maneras por el nombre con el que ha sido bautizado, Cho Aniki 3: La leyenda de la proteína sagrada (Cho Aniki 3: Sei Naru Protein Densetsu).
Podéis temer lo peor, y es que la saga ha trascendido hasta la actualidad, con títulos lanzados en prestigiosas consolas como PlayStation 2.
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