CHUCKIE EGG

Chuckie Egg es menos llamativo que su contemporáneo Manic Miner, y tuvo una respuesta moderada, pero no son pocos los fans que lo consideran un juego mejor.

Aunque resulta digno de loa y alabanza, en Manic Minner los jugadores deben hacer las cosas correctamente y no tienen excesiva libertad de acción.

Sin embargo, Chuckie Egg, pese a su paleta limitada y tener unos enemigos parecidos a galletas, te ofrece un mundo más accesible y liberador, pues no te sientes obligado a ir por un camino establecido.

De hecho, cuando comienzas el primer nivel, no hay una dirección a seguir de forma obligatoria, sino un buen puñado de plataformas y escaleras, huevos que es preciso recoger y gallinas mortíferas que, en vez de moverse de un lado a otro de forma previsible, merodean por la pantalla a su antojo.

Además, tu personaje se desplaza con una velocidad y fluidez diferentes a como se arrastran pesadamente los héroes de otros títulos similares.

Los saltos se ejecutan de forma mucho más humana: brincos largos y ligeros, en vez de las parábolas majestuosas del minero Willy.

Da la impresión de que está más conectado con el mundo real que otros juegos de plataformas, y tu incapacidad para saltar sobre los enemigos también te otorga una sensación de vulnerabilidad, muy humana.

Para colmo, cuando acabas los ocho niveles, vuelves al principio y se produce algo insólito… porque dejan salir de la jaula al pato que te estaba observando; de modo que vuela libremente por la pantalla y se abalanza sobre ti como si tuviera el punto de mira de un francotirador.

El pato es un giro inesperado que cambia por completo el juego y te obliga a mejorar todavía más tus habilidades, y eso permite que Chuckie Egg sea una excepción en los juegos de plataformas: hay que tener habilidad, no memoria.

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Xtremeretro

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.