CLAY FIGHTER

Desde el lanzamiento del mítico Street Fighter II, no han sido pocos los que han pretendido arrebatarle su posición privilegiada al que ha sido uno de los juegos de lucha más impactantes de todos los tiempos.

Y todo hace pensar que Interplay, en vista de la feroz competencia disputada en el género, decidió sorprender a sus usuarios potenciando un aspecto que nadie hubiera esperado: la originalidad.

Algunos títulos del calibre de Eternal Champions, Samurai Shodown o T.M.N.T. Tournament Fighters llegaron a medirse en igualdad de condiciones con la incomparable creación de Capcom.

Sin embargo en Clay Fighter, los concurridos luchadores habituales de esta clase de programas, ya sean karatekas, samurais, humanoides y un largo etcétera, han sido reemplazados por unos simpáticos engendros de plastilina de los más variados colores y singulares diseños, con unas peculiaridades muy acentuadas.

Por descontado, el trato que han recibido tan alegres personajes ha requerido de unas técnicas especiales de animación que pudieran adaptarse a los volúmenes y formas que adoptan los protagonistas.

Claymation es el nombre con el que los desarrolladores tuvieron a bien bautizar dicha técnica, que a grandes rasgos permite imitar las rutinas de deformación de toda clase de materiales moldeables.

Y el resultado obtenido no deja de ser espectacular en ningún momento, logrando toda suerte de efectos que otrora hubieran sido impensables, al menos en un soporte de entretenimiento doméstico.

Respecto al título propiamente dicho, el elenco de combatientes de Clay Fighter lo componen ocho chistosos personajillos bien diferenciados entre sí, a los que es preciso sumarles un peculiar enemigo final.

Tristemente no todos los protagonistas han gozado del mismo trato por parte de los programadores de Visual Concepts, luciendo algunos sobre el escenario mucho mejor que el resto.

Huelga decir que los carismáticos Blob y Taffy son un derroche de virtudes, y en ellos queda patente desde la primera toma de contacto con el cartucho donde reside toda la magia intrínseca de Clay Fighter.

Otros en cambio, tales como Helga o Tiny, más que por las deformaciones en sí consiguen reclamar la atención del usuario y ganarse su favor por otro aspecto fundamental en el juego: su simpatía.

Cada contendiente cuenta en beneficio propio con unos tres o cuatro movimientos especiales, que se ejecutan de forma similar a las combinaciones tan frecuentes en los títulos de la saga Street Fighter.

Las animaciones de los personajes, sin llegar al grado de exquisitez y suavidad que caracterizó a la obra magna de Capcom – pues en determinadas ocasiones se hace notar la ausencia de algunos fotogramas – se ha realizado con maestría, y el efecto deseado de las deformaciones se ha resuelto con brillantez.

Algo peor parados han salido los escenarios, siendo quizá el punto más débil del conjunto, dado que carecen de la belleza de otros grandes representantes del género y están escasamente animados.

Si bien es cierto que este último detalle carece de demasiada importancia.

Incluso podría decirse que su diseño simplista facilita centrar la atención sobre los distintos personajes de arcilla o plastilina, que es donde realmente reside todo en encanto del programa.

Mención especial para su sobresaliente banda sonora, que en el momento de comercializarse el cartucho fácilmente se encontraba entre las mejores de este tipo de juegos.

Basta con detenerse a ver la pantalla de presentación para darse cuenta de que por vez primera se había digitalizado una canción completa, bastante rítmica dicho sea de paso, con la parte vocal incluída.

Del mismo modo, una enérgica voz sirve para dar paso a los encarnizados luchadores.

Para aquellos amantes de las curiosidades, esta misma voz ya estuvo presente en otra de las grandes apuestas de la compañía, nada menos que el célebre Rock’n Roll Racing.

No sería posible concluír este análisis sin antes hacer referencia a las diferentes opciones que brinda el cartucho, permitiendo combatir en modo historia o versus, alternar entre tres niveles de dificultad, elegir hasta ocho velocidades, anular la tediosa cuenta atrás y en última instancia modificar los controles del pad.

Un título en definitiva que atesora sobrados elementos para ser considerado como un gran juego de lucha, digno rival del imperecedero Street Fighter II, y cuyo planteamiento bien podría haber sido tenido en cuenta para incontrables creaciones, aunque este último no ha sido el caso.

RESUMIENDO

Clay Fighter es sin lugar a dudas un punto de inflexión en el abarrotado universo de los juegos de lucha.

Por descontado, contará con detractores que hayan caído rendidos a los encantos de los máximos exponentes del género, que por aquel entonces pasaban por ser el Street Fighter II y el T.M.N.T. Tournament Fighters, pero es indiscutible que la creación de Interplay supera a estos con holgura en cuanto a originalidad se refiere.

A destacar su sobrada simpatía, sus rítmicas composiciones musicales y la originalidad de todos y cada uno de los luchadores.

Puestos a ser muy críticos, quizá les ha faltado pulir un poco más los desequilibrios reinantes entre los distintos personajes así como mejorar ligeramente sus animaciones y, ya puestos, enriquecer una pizca los escenarios.
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