CLOCKWORK KNIGHT: PEPPEROUCHAU’S ADVENTURE

¿Os habéis planteado alguna vez la posibilidad de que, mientras dormís, vuestros juguetes adquirieran vida propia?.

Pues esto es lo que ocurre en el hogar de Betsy y Kevin: cuando el reloj da las doce campanadas que marcan la medianoche, los juguetes salen de sus cajas para campar a sus anchas por el cuarto de juegos.

Pero una noche de tranquila actividad, un caballero de armadura medieval vio como raptaban a la linda muñequita que le había robado el corazón.

La muñeca en cuestión se llama Chelsea, y nuestro caballerete, que responde al rimbombante nombre de Tongara de Pepperouchau, no va a dudar en acudir a su rescate.

Para recuperar a su amada, Tongara debe recorrer cuatro habitaciones de la casa – por este orden, la de Betsy, la de Kevin, la cocina y el ático -, que esconden sorpresas en forma de dos niveles y un enemigo final.

En ellas, aparte de bregar con las plataformas y los enemigos de marras, también ha de resolver pequeñas pruebas de lógica que tantearán la inteligencia del jugador.

Por supuesto, no faltarán a la cita los ítems que se convierten en ayudas para nuestro brillante caballero, desde relojes que suman segundos al marcador de tiempo, hasta llaves de cuerda que aportan energía.

Y es que el arma fundamental de Tongara será la llave que durante el día sirve para darle cuerda, pero que durante el crepúsculo se convierte en una flamante espada.

Hasta ese punto, Clockwork Knight podría ser un juego de plataformas de los que solían aparecer con frecuencia en las consolas de moda.

Pero basta con echar un vistazo a las pantallas que acompañan a esta página, para darse cuenta de que se trata de algo diferente.

La asombrosa sensación de tridimensionalidad – acrecentada por casas que se desploman o enemigos que avanzan desde el fondo de la pantalla -, el alegre y brillante colorido de sus gráficos, las excelentes animaciones de los personajes, las pegadizas melodías… todo parecía indicar que estábamos ante una nueva generación de juegos de plataformas.

Y es que Tongara de Pepperouchau habitaba en un soporte capaz de ofrecer todo esto y mucho más: Sega Saturn.

BONUS

Para acceder a la fase de bonus es imprescindible que recojáis las chapas, y las hay a montones en cada fase.

Soltia organiza una curiosa ruleta – en plan trileros – con llamativas cajas.

Cada una esconde vidas extra, más chapas o un payaso de broma que es el elemento negativo de la prueba.

Si conseguís premio podéis optar por doblar, y jugaréis mientras tengáis chapas para cubrir la apuesta.

JUGANDO CON LA CÁMARA

La asombrosa versatilidad de Saturn para jugar con las imágenes queda perfectamente patente en los enfrentamientos de Tongara con los enemigos que le aguardan al final de cada fase, especialmente en la segunda.

Las vistas de la situación varían a un ritmo vertiginoso mientras Tongara lucha, gracias a un rapidísimo zoom que tan pronto acerca como aleja al jugador de la situación.

UN BONITO ENVOLTORIO

Con la aparición de Saturn, comenzó una avalancha de títulos destinados a este avanzado soporte.

Partiendo de esta premisa, es justo reconocer que Clockwork Knight no cumplió con todas las expectativas que se habían depositado en él.

Y es que a un gran juego, abanderado de una gran consola, no le basta con ofrecer una introducción memorable, ni en ser técnicamente impecable.

De lo que se trata es de que ofrezca mucho juego, y mal nos pese, no es el caso.

Cuatro breves fases, con un total de doce niveles, te dejan con ganas de más y contribuyen a que la aventura no dure mucho en manos de jugadores con un mínimo de experiencia.

Eso sí, obviando el detalle de su efímera duración, por todo lo demás, chapó.

PLATAFORMAS DE BRILLANTE ARMADURA

En el selecto catálogo de Saturn, un hidalgo metálico, de los de espada en ristre y llave para darle cuerda, trata de rescatar a su amada.

Junto a él, muchos aficionados descubrieron todo lo que, a partir de entonces, podían dar de sí los juegos de plataformas en la nueva consola de SEGA.

EN SÍNTESIS

En lo visual, los gráficos están pre-renderizados, y destaca una asombrosa sensación de tridimensionalidad.

El tema de apertura de Reiko Walters, al más puro estilo Broadway, es sencillamente genial, y el resto se mantiene.

El resto de sonidos escasean en número, pero en calidad resultan muy contundentes y están perfectamente plasmados.

Por último, conviene recalcar que el control de Tongara es muy accesible salvo, quizá, cuando se embala.

PROS Y CONTRAS

Lo bueno, si breve, dos veces bueno… al menos, esa es la teoría.

En cualquier caso, los fans de las plataformas se lo pasarán en grande, pero el resto quizá encontrará un juego demasiado efímero.

A destacar la impecable realización técnica de la que hace gala esta aventura, así como la intro, un auténtico espectáculo musical que no os cansaréis de oír y ver.

Pero, como decíamos, el desarrollo con tan sólo cuatro fases y un total de doce niveles sabe a poco, y más tratándose de una consola aventajada como Saturn.

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