CÓDIGOS DE BARRAS, AL SERVICIO DEL ENTRETENIMIENTO

Uno de los principales inconvenientes de las consolas portátiles es el precio de los juegos, no mucho menor que el de las consolas de sobremesa, que por lógica suelen ser más potentes y capaces de gestionar unos gráficos que son impensables en una consola portátil.

Este hecho era mucho más evidente aun en generaciones pasadas, cuando la Game Boy original, una consola que incluso carecía de colores, se disputaba el mercado con la Game Gear de SEGA, que básicamente se trataba de una Master System II portátil, algo equivalente a lo que hoy en día sería la PSP, que comparte no pocas similitudes con la PlayStation 2.

La diferencia entre los juegos disponibles para estas plataformas, y las consolas de 16 bits que por aquel entonces estaban disponibles, Mega Drive y Super Nintendo, eran notables.

Para tratar de paliar el problema, durante el año 1993 Epoch decidió comercializar una consola portátil que funcionaba mediante el uso de unos códigos de barras, que finalmente recibió el nombre de Barcode Battler.

A grandes rasgos, ésta consola constaba de un juego de combate y utilizaba una pantalla de cristal líquido, algo parecido a lo que usaban las máquinas Game & Watch de Nintendo en sus inicios, aunque aquí se limitaban a aparecer valores numéricos.

La combinación de los dígitos que formaban el código de barras daba como resultado a distintos combatientes, con atributos y equipaciones bien diferenciadas entre sí, de forma que los combates se representaban de similar forma a los turnos de los RPG más clásicos, donde cada ataque restaba una cantidad determinada de puntos en función de los atributos del guerrero.

La consola se vendía con un total de 16 tarjetas específicas para ella, cada una con su respectivo código de barras, si bien era posible, y recomendable, utilizar cualquier código de barras de cualquier otro producto para adquirir así nuevos guerreros que utilizar en las batallas.

Cada código tenía como resultado un nuevo personaje con atributos intrínsecos suyos, y sus propias características.

Pese a lo novedoso del invento, que incluso permitía la opción de jugar una partida entre varios jugadores usando una única consola, no consiguió hacerse un hueco en el mercado, dividido entre el gran catálogo de juegos disponible para Game Boy (si bien había un gran número de juegos con una calidad más que cuestionable), y las virtudes de Game Gear (una consola técnicamente muy superior, pero que contaba con dos grandes inconvenientes para tratarse de una portátil, su gran tamaño y el desmesurado consumo de pilas que requería, por lo que un total de 6 unidades podían durar incluso menos de una hora).

Poco antes de que el Barcode Battler desapareciera de escena, se trató e reavivar sus ventas mediante una nueva versión especialmente diseñada para conectarse con la Super Nintendo a modo de mando, en la que además era posible adquirir un cartucho que hacía posible ver en pantalla gráficos, bastante malos todo sea dicho, y no sólo las estadísticas de los distintos luchadores.
Sobra decir que este producto no llegó a traspasar las fronteras del país nipón.
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