COIL

Resulta difícil dar una definición aproximada sobre este juego, aunque quizá el término que más se ajusta para describirlo sería una auténtica rareza.

Un híbrido entre la sofisticación técnica y el terror accidental.

Aunque ninguno de estos vocablos se utiliza aquí de forma despectiva.

Basta con recrearse escasos minutos para llegar a la inequívoca conclusión de que enfrentarse a Coil resulta una experiencia cuanto menos atípica, pues uno tiene la extraña sensación de dejarse llevar por una canción, un poema, o cualquier otra cosa que poco o nada tiene en común con un juego al uso.

Por supuesto, se trata de un complejo título programado en flash, y como no podía ser de otro modo, presenta una jugabilidad intachable.

Sin embargo, la experiencia que se extrae de su uso prolongado no es tan importante como aquello que deriva del propio programa, planteando serias dudas ya desde el primer minuto.

Y es que, independientemente del prisma elegido, Coil es una de aquellas entregas que fuerzan a cuestionarse la frontera entre el juego y todo aquello que le rodea.

Llámese arte abstracto, narración poética o cualquier otra cosa, pues para el caso que nos ocupa poco importa.

Un título en definitiva independiente, repleto de ideas vanguardistas, que jamás habría sido engendrado en el seno de una junta de accionistas.

De hecho, la pareja responsable de esta bizarrada, conocida como Edmund McMillen y Florian Himsl – autores del prestigioso Triachnid nada menos -, idearon un amalgama de minijuegos que llevarán al usuario a través de las diferenciadas etapas entre lo que parece ser la concepción y posterior gestación de un grotesco feto.

Algunos textos dispersos entre las numerosas fases sirven a modo de introducción, aunque sin distanciarse del punto de vista literario y obtuso, perfilando lenta pero inexorablemente una trama sujeta a la libre interpretación de los aficionados que se adentren en esta singular aventura, y ofreciendo también ciertas pistas sobre la resolución del nivel siguiente.

A modo de curiosidad, Coil significa en la lengua de Shakespeare algo así como “espiral”.

Un nombre para nada casual, pues tal como se aprecia gráficamente desde la pantalla introductoria, el control se basa de forma reiterada en trazar formas circulares mediante el ratón.

Con todo, el juego carece de una explicación detallada del mismo, y ni siquiera se aclara con precisión el requisito para superar un nivel, siendo el propio usuario el encargado de averiguar el cómo.

Huelga decir que Coil también se puede traducir por DIU, el método anticonceptivo para más señas, y aquí encontramos la primera ambigüedad que destila el programa.

Porque desde el inicio resulta evidente que todo gira en torno a la concepción de un ser, y los textos disponibles no hacen sino reafirmar esta misma noción, aunque nunca de forma explícita.

Con un marcado tono de corte poético, cada fragmento literario del título rezuma ideas inciertas sobre los episodios previamente jugados, engalanados por un diseño cuanto menos perturbador en ocasiones – que basan su desarrollo en obscenos controles orgánicos, o bien en alimentar al feto sirviéndose de un largo flagelo para atrapar así las partículas, por citar tan sólo escasos ejemplos de naturaleza dispar – para ilustrar ese mismo concepto.

Y precisamente esta es una de las mayores bazas de dicho episodio, pues absolutamente todo en Coil está sujeto a la insinuación.

Su tajante intención de no ser explícito repercute de forma directa sobre la jugabilidad, y se ensalza con toda clase de textos y pantallas que giran en torno al acto sexual, fecundación y gestación, no exentas de un significado perturbador – basta con decir que la ceremonia de procreación se puede llegar a exponer desde un punto de vista basado en la violencia y violación -, o cualquier otra metáfora que el usuario pueda interpretar – ¿nos estamos refiriendo acaso a una elaborada metáfora sobre los periodos cíclicos de la vida? -.

Porque, en última instancia, la gran virtud de Coil reside en que permite a los aficionados intuir, sentir, dejarse llevar y, claro está, también disfrutar durante todo el proceso.

Por estas y otras razones, ¿nos encontramos frente a un juego, o ante cualquier otra cosa radicalmente opuesta?.

Para salir de dudas, nada más fácil que pinchar sobre el siguiente enlace.

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