CONDEMNED 2: BLOODSHOT (PARTE 1)

Si todo el mundo que dice que estuvo en el mítico concierto de los Sex Pistols en Manchester, allá por el lejano 1.976, hubiera estado realmente, el concierto no habría sido en una sala minúscula, sino en un pabellón deportivo.

Pues con Condemned: Criminal Origins pasa un poco lo mismo.

Vamos, que si todo el mundo que dice que disfrutó del primer Condemned en su día estuviera siendo fiel a la verdad, el extraño y aún hoy perturbador juego de Monolith Productions habría sido uno de los superventas más rotundos y arrolladores del catálogo inicial de Xbox 360.

En cualquier caso, el paso del tiempo ha colocado en su sitio a productos coetáneos pero del montón como GUN o Kameo: Elements of Power, y ensalzado al modesto pero intrigante Condemned, que puede presumir de ser uno de los juegos de culto más indiscutibles de aquella generación de consolas.

En alguna ocasión ya comentamos los grandes logros del primer Condemned, y no vamos a repetirlos: recordemos, no obstante, su insano ambiente de pobreza y podredumbre moral, la descripción de las calles infectadas y semiderruidas de Metro City y el interesante empleo de instrumentos de investigación forense.

Aconsejamos fervientemente que, si no tuviste acceso al juego en su día, corrijas ese error, y más aún porque al jugar a Condemned 2: Bloodshot detectamos más de un punto en común estético y argumental con la primera entrega.

ESCORIA EN PRIMERA PERSONA

Ha pasado un año desde los sucesos que marcaron la vida del investigador del FBI Ethan Thomas, que tuvo que rastrear las zonas más cochambrosas de la decadente Metro City en busca, primero, del psicópata apodado El Casamentero y, más tarde, del Asesino en Serie X.

Un juego de caza y captura que trastocaría profundamente su contacto con la realidad.

Ahora, Thomas es un alcohólico que vive en la calle, pero tendrá que volver a poner en marcha su astucia cuando el FBI contacte con él, lo saque de los húmedos callejones de Metro City, y lo ponga tras la pista de su antiguo compañero en el cuerpo.

Condemned 2 recupera, así, la tónica y el ambiente de la primera entrega, pero extremando aún más la personalidad y el comportamiento de su protagonista.

Poco os podemos contar sobre la línea argumental del juego, pero lo cierto es que el Asesino en Serie X vuelve.

Rosa, la compañera del FBI que ayudaba a Ethan en sus investigaciones y servía de somero tutorial, vuelve.

Y Malcolm Vanhorn, amigo del padre de Ethan, de estrecha relación con el Asesino en Serie X y poco menos que ángel de la guardia del protagonista, vuelve.

A vosotros os toca descubrir de qué modo Monolith ha salido del embolado conceptual en el que se empantanaba con la conclusión de Criminal Origins: como suele ser habitual en estos casos, no será imprescindible haber jugado a la primera entrega para zambullirse en la historia de la segunda, pero ayudará.

Así que ahí tienes otra una buena razón para recuperar o descubrir el primer Condemned.

En cuanto a la mecánica, Condemned 2 se declara ferviente continuador de los descubrimientos de su predecesor, y nos vuelve a sumergir en una dinámica de primera persona que, sin embargo, mejora los controles de Criminal Origins, haciendo que Ethan pueda emplear en los combates ambos puños, uno con cada gatillo; y pulsando el stick derecho, Ethan da un patadón.

Es un agradecido alivio para el seco sistema de combate sin armas de la primera entrega, donde quedarse con las manos desnudas suponía una muerte prácticamente segura.

La posibilidad de alternar golpes rápidos con puñetazos más duros y lentos, así como las patadas como un modo rápido de desembarazarse de grupos molestos, convierte las peleas sin armas en algo divertido por sí mismo, no en una encerrona.

Por otra parte, el empleo de armas de contundencia probada – tablones con púas, bates, llaves inglesas, martillos… -, combinadas con variados combos de ataques desbloqueables y el uso de armas de fuego de munición limitada, hacen que la acción parezca estar mejor perfilada y tenga una ejecución más limpia.

Los combates se ven amenizados con ejecuciones que liquidan definitivamente a los enemigos, tanto con las manos como con el decorado.

Hay hasta 45 distintas y, como era de esperar, se activan con quick-time events que se pondrán en marcha cuando Ethan haga una presa a alguno de sus enemigos.

Añadamos a todo ello dos variables más: al atizar y recibir golpes, un medidor de furia que posee Ethan irá llenándose, pudiéndole hacer entrar en una especie de modo berserk en el que entrará en una fase de furia que le hace casi indestructible.

La otra variable es la dependencia al alcohol de Ethan, y que propone una interesante variación de la larga y tortuosa relación de los héroes más esquinados de los videojuegos con las drogas: en este caso, Ethan sufrirá ataques de ansiedad cuando lleve mucho tiempo sin consumir alcohol y, por el contrario, un buen lingotazo le proporcionará un pulso firme cuando llegue el momento de apuntar con un arma de fuego.

Esencialmente, hemos visto cómo el combate y sus múltiples condicionantes juegan a crear la atmósfera del juego de una forma más depurada que en el primer Condemned.

Porque en esta serie, la atmósfera lo es todo, y nos complace que la mecánica de combate esté a su servicio.

De hecho, bastan escasos minutos de juego para intuir que el gameplay de Condemned se esfuerza en contribuir a la atmósfera insalubre marca de la casa.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Xtremeretro

About Xtremeretro

X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.