CONFESIONES DE UN JUGADOR

Pese a que mi afición venía de lejos, y estaba estrechamente ligada al legendario ZX Spectrum, mi bautismo con el mundo de las consolas tuvo lugar en casa de un viejo amigo de E.G.B., que tenía la NES con el mítico Super Mario Bros.

Mis padres, por aquel entonces, se resistían a comprar una consola, argumentando que dañaban el tubo de imagen del televisor.

Como si algo pudiera dañar a la robusta Telefunken PALcolor.

Así que básicamente me convertí en el típico gorrón que iba a jugar con sus amigos después de clase.

Eso sí, llegué a tener varias maquinitas de Game & Watch – que por fortuna, todavía conservo en perfecto estado -, entre ellas la de ZELDA, y algunas Tabletop tan prestigiosas como el ALIEN ATTACK de TOMY.

Pero salvo alguna visita furtiva al bar de turno para jugar con las recreativas de moda, mucho antes de que estallase la fiebre de Street Fighter II, no tuve demasiado contacto con el mundillo hasta que descubrí la Mega Drive con el primer Sonic.

Aquello cambió mi vida para siempre.

Como he dicho, Sonic the Hedgehog en los 16 bits, y poco tiempo después en mi querida Master System, fue el detonante de esta afición que tantas alegrías – y ruina económica – me ha proporcionado.

Con el paso de los años, muchos fueron los juegos que me fueron dejando huella, tanto en los salones recreativos como en los ordenadores y consolas de diversas generaciones.

Pero si alguien es el responsable de que hoy en día no sea ingeniero en la NASA – o baladista en un crucero para jubilados -, ese es, sin lugar a dudas, el erizo azul.

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Xtremeretro

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.