CONKER’S BAD FUR DAY, UNA ARDILLA CON MUY MALAS PULGAS

Una ardilla alcohólica que adora todos los vicios mundanos existentes (léase mujeres, tabaco, violencia gratuita –motosierra en mano-, y lo que se tercie!) protagonista de un juego de la gran N? Parecía poco probable hace unos años, e incluso a día de hoy, ver un programa de similares características funcionando en los circuitos de una máquina de Nintendo, y sólo una compañía podía haberse tomado esa licencia. El estudio Rareware sorprendió a propios y a extraños con un juego que prometía nacer con apariencia angelical y se tornó en la imagen y semejanza de todos esos valores que dificilmente inculcarían a sus hijos padres y profesores.


Para que os hagáis una idea, la palabra conker hace referencia a un tipo de nuez que provoca eféctos tóxicos en el organismo, nombre que parece hecho a medida para una ardilla de hábitos ciertamente cuestionables. El juego comienza con Conker que, tras una larga noche de resaca, amanece sentado en un trono bebiendo un vaso de leche, algo tan poco usual para la malhumorada ardilla como para muchos de nosotros ir a misa los domingos. Inicialmente, se planteó la carrera de Conker en la Nintendo 64 como un juego de plataformas, muy al estilo Rareware, entre los que habían otros animales que protagonizarían sus respectivos juegos, incluyendo en éste grupo desde Donkey Kong hasta Banjo Kazooie. Incluso llegó a hacer su aparición en varios juegos, tales como Conker‘s Pocket Tales (Game Boy) y Diddy Kong Racing (N64), dos títulos realmente inofensivos, que no hacían presagiar en qué derivaría su debut principal en la Nintendo 64. Bautizado originalmente como Conker‘s Quest y posteriormente como Twelve Tails: Conker 64 el juego estaba planeado para ser parte de los juegos de rasgos infantiles protagonizados por animalitos. Como he hecho notar en alguna ocasión, salvo honrosas excepciones, tradicionalmente las plataformas parecen los juegos idóneos para los personajes más variados del reino animal. Pero éste planteamiento dio una vuelta de tuerca cuando Chris Seavor, que prestó su voz a la alcoholizada ardilla, además de dirigir y coordinar las tareas de diseño y programación, decidió hacer uso en el juego de un sentido del humor que podríamos considerar bastante negro, salpicado de violencia, sangre, parodias varias y no exento de unas cuantas referencias sexuales. Una temática que bien podría haber sido empleada en un guión de la famosa serie South Park. Comunmente lo podríamos definir como un juego políticamente incorrecto donde los haya, pero ahí radicaba precisamente todo su encanto. Nintendo contempló con horror la existencia de dicho juego, negándose en rotundo a comercializarlo, por lo que fue la propia Rare la que finalmente se decidió a distribuirlo por su propia cuenta, lo que repercutió en unos precios más elevados de lo habitual, siendo necesario por añadidura recurrir a la exportación en muchos casos, y coincidiendo en el tiempo con un mercado de Nintendo 64 que estaba muerto a todos los efectos, esperando a la que iba a suceder a dicha consola. Por éstos motivos, no obtuvo el éxito comercial merecido, pues técnicamente era más que sobresaliente y rebosante de calidad. Quedó finalmente reconocido como un juego de culto entre los numerosos juegos existentes en la 64 bits de Nintendo, pero fue en gran medida el principal causante de que, dos años después a su lanzamiento, Nintendo anulara el acuerdo de colaboración a la que sin duda se ha mostrado como la third party que mejor ha explotado el rendimiento de sus consolas hasta la fecha. Ni que decir tiene que no fue un final feliz, pero los que hayan tenido la ocasión de probar el juego recordarán con certeza y añoranza las aventuras y desventuras de una ardilla que, prácticamente desde el primer minuto de su periplo, grita a los cuatro vientos toda clase de palabras soeces e improperios.

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