CONKER’S BAD FUR DAY

La despedida de Rare de los 64 bits de Nintendo bien podría dar paso a cualquier sentimiento a excepción de la amargura, con la salvedad del polémico trato que recibió el juego por parte de la propia Nintendo, que ni siquiera llegó a distribuirlo en nuestro país.


Y es que, para ser sinceros, pocas compañías pueden permitirse la libertad de desarrollar un título de esta índole; desde luego, ninguna otra para una consola de la conocida empresa nipona.

Pero vayamos por partes.

De carácter indomable y haciendo gala de una técnica que roza la excelencia en todo momento, Conker‘s Bad Fur Day sirvió para mostrar una faceta menos amable de aquella a la que Rare nos tenía acostumbrados, donde habitualmente el desarrollo de cualquier título tenía como denominador común el cumplimiento de un elevado número de tareas de lo más variopinto.

Para que nos entendamos, estos genios de la programación saben como exprimir a cada uno de los personajes disponibles y aprovechar hasta el último rincón de cada escenario, para lo que el jugador precisa de todas las habilidades posibles y recorrer unos niveles de considerables dimensiones de forma reiterada.

Sin embargo la aventura protagonizada por Conker supuso un punto de inflexión en este planteamiento, siendo significativamente más simple que Jet Force Gemini, Banjo Kazooie, o Donkey Kong 64, por citar tan solo algunos ejemplos de sobra conocidos por el gran público.

Pero a diferencia de lo que se podría pensar resulta tanto o más entretenido que todos estos, si bien su duración es menor, pues a duras penas veinte horas son suficientes para llevar la aventura a buen puerto.

Por contra, la intensidad de cada hora de juego, salpicadas de continuas secuencias de épicas proporciones, supera con holgura a todas y cada una de las creaciones de la célebre compañía para Nintendo 64.

Sobra decir que para conseguir tan altivos propósitos no basta con limitarse a mostrar en pantalla un nivel visual espectacular y unas melodías que eran la envidia de tantas otras producciones, pues es preciso añadir aun más elementos a este ya de por si explosivo cóctel.

Desde Old School Generation no entraremos a valorar la trama, lo que implicaría dar como cierta una opinión basada en gustos subjetivos que por norma general han de tenerse presentes cuando se analiza un videojuego, pues agradará a algunos especialmente debido a su peculiar sentido del humor, y del mismo modo encontrará un buen número de detractores que considerarán de mal gusto muchas de sus presentes bromas.

Estos y otros elementos deberá ponderarlos el lector por su propia cuenta y riesgo.

A grandes rasgos la historia se divide en un total de ocho episodios que dan forma a sesenta subfases, a las que hay que sumarles el mundo central, y el cometido del jugador pasará por recordar el día anterior al inicio de este periplo en el que el bueno de Conker aparece sentado sobre un trono bebiendo un vaso de leche rodeado de subordinados, todo un sinsentido en la vida de esta pendenciera y mujeriega ardilla.

El tránsito de escenas y situaciones aparentemente inconexas que describen las múltiples peripecias de nuestro protagonista tras haber ingerido grandes dosis de alcohol en una noche de juerga serán tan solo una excusa para parodiar con mucho ingenio a numerosos largometrajes y videojuegos que no le resultarán en absoluto desconocidos al usuario.

Cabe decir que la representación de cada uno de estos momentos es sublime, incluso cuando lleguéis a la inequívoca conclusión de que a grandes rasgos todas las escenas son en realidad una serie de minijuegos donde el objetivo fijado no resulta complejo en exceso, pero disimulados por un despliegue de medios que consigue atrapar y atar al jugador, que tendrá la impresión de que en todo momento se enfrenta a una compleja trama de grandes proporciones en la que no podían faltar las recurridas plataformas habituales de los juegos de Rare.

No en vano, dejando de lado su mordaz y cuestionable sentido del humor, de un (mal) gusto exquisito dicho sea de paso, el título que nos ocupa poco o nada tiene que ver con el resto de juegos disponibles en el extenso catálogo de Nintendo 64.

Una inmejorable despedida de una etapa en la que Rare brilló con luz propia, con un cartucho en el que es posible disfrutar de cada segundo invertido y en el que será necesario enfrentarse con alguna que otra compleja rutina para asegurar el avance, muy en la línea de Rare también.

RESUMIENDO

A nivel gráfico Conker‘s Bad Fur Day es un claro ejemplo a seguir, y digno merecedor de todas las alabanzas imaginables.

Es justo decir que su mérito no es equiparable al de otras grandes creaciones de la compañía, como es el caso de Banjo Tooie, pues no resulta posible comparar los diferentes entornos en 3D, pero no es menos cierto que las características de los juegos son dispares y así lo exigen.

La música por su parte atesora una calidad innegable gracias a la compresión de MP3, con el añadido de un excelente doblaje.

El apartado jugable del mismo modo es sobresaliente.

Más sencillo en su desarrollo quizá que otros grandes juegos de probada reputación “made in” Rare, aunque esto es perfectamente comprensible, pues su trama se fundamenta sobre la representación de continuos minijuegos que a buen seguro conseguirán manteneros pegados al pad de control hasta el final de la historia, sin olvidar el modo multijugador y sus múltiples secretos, que son un puro derroche de virtudes.

Un título que ningún aficionado a las consolas de Nintendo o a la compañía Rare debería perderse por nada del mundo.

Y es que todos los apartados que conforman el programa son un exceso de bondades con las que la empresa desarrolladora inauguró su fiesta de despedida de la etapa de 64 bits.

No dudéis pues en apuntaros a ella y disfrutar del que fue el último juego de Nintendo 64, uno de los mejores cartuchos disponibles para la plataforma.

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