CUADROS DELICIOSAMENTE PIXELADOS, POR OBRA Y GRACIA DE MARINA NAVARRO

Marina NT Pixel Art Xtreme Retro Sonic Master System Adventure Time Plisquin Snake

A los treinta y dos años uno conserva pocos mitos, pues la vida tiende a liquidarlos uno tras otro.

Sin embargo, algunos individuos tienen, o tenemos, cierta facilidad para aferrarse a los suyos, defendiéndolos como gato panza arriba.

De tales mitos, los procedentes de los videojuegos sobreviven en la gente de mi generación; quizá porque, en aquella época, sólo ellos inflamaban la imaginación hasta el punto de marcar vidas y destinos.

No obstante, esa magia terminó hace largo tiempo.

Las consolas ya no son así, y los juegos son otra cosa.

Tampoco los aficionados somos los mismos.

Ni siquiera los niños, esos pequeños cabrones de lógica demoledora, llegan al momento oportuno con la parcela de inocencia y territorio en blanco virgen, lista para ser cubierta, que traían antes.

Así pues, los nuevos mitos vienen de otros sitios, y raramente de los videojuegos.

Como dijo un buen amigo, erudito en estos temas, los videojuegos sólo fueron de verdad cuando eran mentira.

Precisamente reflexionaba anoche sobre el asunto en mi habitación, junto a un viejo conocido de esta misma página.

Los títulos de siempre se han ido a tomar por saco, decía mientras echábamos una fugaz partida al Xenon 2 -.

Ahí lo tienes, un mito de losmatamarcianos“, y ya nadie se fija en él.

El mundo se derrumba, José, y tú y yo nos embarcamos en semejante disparate espacial.

Aquella misma noche, sin embargo, los viejos mitos de los videojuegos acudieron en mi auxilio.

Estaba en mi rincón de siempre, hablando de otros tiempos y otros lanzamientos, largamente olvidados.

La habitación parecía desolada, sin un mito que llevarse a la boca, y además emitían, en ese preciso momento, uno de aquellos anuncios sobre juegos de rabiosa actualidad, de los que suelen repetir la misma fórmula hasta la náusea, y acostumbran a enloquecer a cientos de quinceañeros.

Y mi contertulio dijo: esto se ha terminado, colega, el último que apague la luz.

Y yo estaba a punto de comentarle vámonos al Museo del Whisky, compañero, y que le den por saco a los videojuegos, cuando su mirada se fijó en un pequeño cuadro, ilustrado por la mismísima Marina Navarro, fecunda pixel artista donde las haya.

Entonces, por un momento, la habitación volvió a ser lo que fue.

Así eran los videojuegos.

Así deberían ser todavía, pardiez.

El cuadro de Marina, que recrea una delirante escena de Master System, es el que ha obrado el milagro, y por un momento parece que ese mismo cuarto retroceda a aquella época dorada, cuando los videojuegos todavía eran de verdad.

Son los viejos mitos los que funcionan a favor, ayudando a reconstruir el ambiente.

Una vez más, el maravilloso arte de Marina ha conseguido devolver, a nuestro pequeño rincón, el encanto de otro tiempo.

Bendita sea esa chica, pienso.

Benditos sean los videojuegos que sólo fueron de verdad cuando eran mentira.

Entonces le digo: esa misma ilustración puede ser tuya – en realidad, de todos vosotros -.

Te lo estás inventando, argumenta mi buen amigo.

No invento nada, respondo.

Tienes mi palabra de honor de que, por un precio realmente ajustado, puedes llevarte a casa semejante obra de arte.

Entonces sonríe, bonachón, y comenta: los videojuegos todavía guiñan un ojo a quienes creyeron en ellos.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados.
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