DANCE DANCE REVOLUTION

Arriba, abajo, izquierda, derecha.

Pocos juegos contemporáneos han conseguido reducir su interactividad a cuatro simples mandos direccionales y, menos aún, que el jugador lo haga con el pie.

La primera vez que te enfrentas a uno de los juegos musicales más educativos y duraderos de la edad de oro del videojuego japonés de acción y ritmo, la experiencia puede reducirse a un terrible forcejeo de extremidades, poco agradable y de escaso disfrute.

Con el periférico en forma de esterilla de plástico, el objetivo es acompasar el ritmo de los pies con las instrucciones que aparecen en pantalla y se mueven al ritmo de la música.

Cada movimiento recibe una puntuación por su grado de precisión: bien, excelente o perfecto.

Y como en todos los juegos, la repetición ejercita la memoria.

La única diferencia es que el músculo a ejercitar es la totalidad del cuerpo, desafiando así los niveles más complejos del juego.

Ello requiere mover el torso de tal forma que el cuerpo se prepare para el próximo movimiento.

La mecánica se presenta visualmente con una brillante estética de neones a la japonesa, con una imagen deslumbrante y llamativa a la altura de la potencia del sonido electrónico.

Huelga decir que el funcionamiento de Dance Dance Revolution inspiró a una serie de bailarines a desarrollar rutinas coreográficas de dificultad baja, con un espacio entre movimientos que permitiera al bailarín cierta libertad.

Otros preferían sujetarse a un mueble contiguo y hacer que sus piernas se desplazaran libremente, moviéndose en el aire para buscar la perfección, en un verteginoso despliegue de repentización musical.

Pero sea cual fuere el estilo escogido, es aconsejable retirar los objetos cercanos y correr las cortinas antes de empezar.

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Xtremeretro

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados.
Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico.
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