DAY OF THE TENTACLE

La anhelada continuación del legendario Maniac Mansion está protagonizada por el célebre Bernard Bernoulli, uno de los seis carismáticos personajes que ya hicieron acto de presencia en la entrega original.

No obstante, existe otro personaje del anterior episodio que también adquiere especial relevancia, y no es otro que el inimitable Tentáculo Púrpura, una de las malvadas creaciones del Doctor Fred que, tras engullir un pernicioso residuo radiactivo, ansía dominar el mundo.

Por fortuna, Bernard no se encuentra sólo en esta nueva aventura, pues cuenta con el apoyo incondicional de otros dos buenos amigos, sean Hoagie y Laverne, quienes se sumarán a la causa e intentarán por todos los medios a su alcance impedir la hegemonía mundial del pérfido tentáculo mutado.

Por ello recurrirán a un plan cuanto menos rocambolesco, que a grandes rasgos consiste en viajar al pasado, previo uso de la Cron-O-Letrina del mismísimo Doctor Fred, para evitar así que el temido tentáculo ingiera los nefastos residuos causantes del conflicto.

Lamentablemente, un diamante de imitación malogra el experimento, y con el todas las esperanzas de sus sufridos protagonistas, quienes han sido enviados a épocas muy dispares para su pesar.

Con este atractivo planteamiento se inicia una de las aventuras gráficas más recomendables de los últimos tiempos.

Y así, la disparatada Laverne da con sus huesos en un lúgubre futuro, pasados doscientos años desde el fallido experimento, donde el siniestro tentáculo ha conseguido su vil meta de conquistar el mundo.

Por contra, el bueno de Hoagie se ha visto transportado doscientos años al pasado, coincidiendo con la época en que se redactaba la Constitución de los Estados Unidos.

Mientras tanto, Bernard se descubre a sí mismo atrapado en el presente, donde sus planes originales se verán drásticamente modificados, debiendo priorizar la búsqueda de un nuevo diamante que facilite el regreso de sus bienamados compañeros, para poder así erradicar la amenaza del Tentáculo Púrpura de una vez por todas.

Huelga decir que durante el progreso de toda la aventura será posible manejar a cualquiera de estos tres inesperados héroes, que a su vez se encuentran retenidos en distintas épocas temporales.

Y este es sin lugar a dudas uno de los mayores aciertos del programa, pues beneficia notablemente al desarrollo.

De modo que será necesario tener en consideración las diferentes acciones realizadas en un marco concreto, que a su vez incidirán sobre las etapas futuras.

Ni qué decir tiene que la forma de interactuar con el tiempo resulta esencial, pudiendo, por ejemplo, enviar objetos de una época a otra, originando así todo tipo de circunstancias cortadas por un mismo patrón, el de la sana diversión.

Pero no sólo el avance se ve favorecido por este sutil planteamiento, sino que también incide muy positivamente sobre la solidez de la trama, acrecentando su ya de por si exquisita jugabilidad.

Por si fuera poco, el apartado visual roza el sobresaliente en todo momento, con un diseño que recuerda en cierto modo a cualquier dibujo animado, una de las metas pendientes del primer Maniac Mansion.

Parte de la culpa de este virtuosismo gráfico reside en las magistrales animaciones de los múltiples protagonistas, a cuál más divertida, así como en el surrealista universo donde transcurre toda la acción, independientemente de cada era.

Sobre el apartado sonoro repercute directamente el formato elegido, pues el título que nos ocupa fue comercializado en disquete y CD-Rom, que a diferencia del anterior incluía voces para la práctica totalidad de diálogos existentes, mientras que en el primer formato quedaban reservados para algunas escenas concretas.

Sea como fuere, e independientemente de la versión, el apartado sonoro resulta ejemplar, y está compuesto por toda suerte de melodías y efectos de gran calidad.

Nos encontramos, por tanto, frente a un título que destaca por sus coloridos gráficos, mimados con esmero hasta en el más insignificante de los detalles, un apartado sonoro soberbio y una jugabilidad realmente depurada, tan enrevesada como original.

Y así, por méritos propios, Day of the Tentacle se ha convertido en una de las aventuras gráficas más idolatradas entre los aficionados al género, pese a que el recuerdo del soberbio Monkey Island perdura hasta nuestros días.

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