DEMON’S CREST

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Demon’s Crest y las dos entregas primigenias de Game Boy y NES nos han proporcionado oscuridad, sordidez, tensión, soledad, indefensión, nostalgia, euforia, desesperación… Una compilación de experiencias tan opresivas y atávicas como indescriptibles, e imposibles de captar más allá de la trilogía de Tokuro Fujiwara y el venerable estudio japonés.

Demon’s Crest certifica que la fórmula no se agota, más bien todo lo contrario, es capaz de expandir su elusiva prisión de los sentidos para sumirnos en otra fábula sombría y decadente.

Se erige ante nosotros tan posesivo y obsesivo como siempre, aunque se esfuerce por simplificar algunos mecanismos clásicos y dinamizar otros para dejarse en el camino varios mandamientos férreos de la serie Gargoyle’s Quest.

El resultado es otro grotesco, complejo y retorcido universo en formato Metroidvania, marca de la casa, que ha sabido implementar nuevos y certeros engranajes en su pesada maquinaria.

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Fujiwara y Capcom volvieron, y siempre que lo han hecho han elevado su particular ars moriendi a límites de hermetismo argumental y la expansión sensorial más alla de lo esperado.

Los comienzos nunca son fáciles y minutos después de presenciar la descorazonadora intro e iniciar la pesadilla desarmados y desubicados, daremos con nuestros huesos en el Reino de los Demonios, tras un retiro forzado.

Instantes después, el mundo se dibuja oscuro, vacuo y grandilocuente.

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No se cuenta demasiado sobre su inaprensible argumento, para que el osado jugador busque respuestas y abra su mente ante lo inescrutable e interpretativo de la historia.

Si nos lo tomamos con calma y dedicación descubriremos numerosos códigos ocultos y referencias que interrelacionan los hechos que relacionan a FirebrandRed Arremer – y su tremendo periplo.

Conversar las veces que sea necesario con el resto de NPC’s, e incluso realizar tareas secundarias, llenarán esos huecos argumentales que el jugador sin alma pasará por alto y que son esenciales para sentir ese mundo decadente como propio.

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EL REINO DE LOS DEMONIOS NOS ESPERA

O quizá debería decir, nos acecha.

Desde los primeros pasos tendremos que ser cautos y metódicos en la exploración.

Eso sin contar con alguna mala bestia que será mejor evitar hasta que nuestro personaje haya crecido en parámetros de vitalidad, fuerza o habilidad.

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Lo mejor, recorrer sus vastos escenarios una y otra vez, para sentirnos cómodos con su enrevesado trazado y de paso encontrar ítems, algún secreto y otras zonas de interés.

El conocimiento de lo que nos rodea es clave para coger las riendas de una bestia indomable e inmisericorde como Demon’s Crest.

Aquello de que la mejor defensa es un buen ataque se cumple a rajatabla.

La pasividad no es buena, pero no vale lanzarse a repartir a lo loco, y la estrategia sigue siendo esencial.

Esa danza a vida o muerte cobra especial intensidad, visceralidad, presión y tensión contra determinados jefes, como Phalanx, que nos obligan a dominar el timing y el ataque inteligente.

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También podremos realizar ataques cargados y viscerales, cambiar de aspecto físico y aprovechar así las nuevas habilidades que otorga cada gárgola, cuyos movimientos requieren cierta práctica pero son letales.

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Una vez dominadas estas técnicas, combatir resultará más dinámico y satisfactorio que en sus predecesores.

Centrémonos ahora en los paisajes de este reino marchito y las emociones que transmiten.

El dominio arquitectónico de Capcom está fuera de toda duda y en el caso de Demon’s Crest te hace sentir aún más pequeño, indefenso e insignificante.

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Su grandiosidad te subyuga y su marcado estilo neogótico, monumental y retorcido a más no poder, se apropiará de nuestros torturados sentidos al fijarnos en cada detalle, creando una ambientación estructural jamás experimentada.

Atrás quedó esa apariencia de sabor medieval de sus míticos antecesores.

La zona de confort auditivo tampoco existe, algo perjudicial para nuestra cordura pero totalmente necesario para captar el terror y la incertidumbre que nos circunscribe en todo momento.

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Demon’s Crest interpreta el tramado emocional de los Ghouls ’n Ghosts a su manera, y lo hace magistralmente.

El sonido ambiente que gobierna este funesto mundo es tremendamente perturbador y de una cadencia atronadora que nos machaca, alcanzando las más remotas moradas del alma, haciéndonos sentir aún más vulnerables y generando una experiencia auditiva complicada de gestionar emocionalmente.

Lamentos, campanas lejanas, voces impías, arrastrar pesado de objetos, el crepitar del fuego… Y de nuevo en compañía de una BSO digna de toda loa y alabanza, que cobra protagonismo en determinados combates.

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Arquitectura netamente opresiva y plena de verticalidad, audio descorazonador… La campana de irrealidad de Demon’s Crest se cierne sobre nosotros.

El primer contacto con este mundo maldito nos dejará una serie de postales imborrables: la plaza donde arde una gran bestia, el lento deambular de los habitantes, los recovecos de las avenidas, los bosques sombríos, las clásicas plataformas, una ciudad en decadencia sembrada de construcciones agonizantes… Sin olvidarnos de emblemáticas bestias como dragones o toda suerte de engendros que romperán nuestros equemas.

Como terremoto final, los eternos final bosses, los límites claustrofóbicos que impone la sacrosanta compañía y que, una vez eliminados, se convierten en agorafobia pura.

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Sí, hemos acabado con los primeros grandes obstáculos, pero nos esperan muchos más y peores.

Encendamos la melancólica lámpara y tomemos un merecido descanso.

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DONDE EL REINO PIERDE SU NOMBRE

Demon’s Crest se vertebra y abre ante nosotros, comienza de nuevo ese idilio de exploración y combate que obliga a recorrer los nuevos, y viejos, escenarios varias docenas de veces.

Poco a poco los cielos se tornarán apocalípticos, con una omniosa luna de sangre que inundará la bóveda celeste.

Se dice que la noche siempre es la frontera de algo que no es físico y aquí lo vais a comprobar.

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Así es el gameflow de Demon’s Crest, un tour de cacería, de muerte y reinicio, de avance y victoria a la clásica usanza, que no tiene compasión con el jugador ni con la urgencia.

La velocidad y el tiempo los marca Fujiwara y su bendita locura.

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Serás testigo en tu avance de una colección de parajes de auténtica obra pictórica, pues cada escenario tiene su propia alma, su propia esencia y su propia maldición.

El coliseo, la torre, la jungla, la ciudad, las ruinas o el cementerio, pasando por amenazantes castillos.

Auténticas maravillas a nivel estructural, conceptual y artístico.

Perderse por esta veintena de emplazamientos sin saber lo que acecha tras cada recodo del camino es una auténtica parafilia lúdica.

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Para entonces ya nos habremos topado con una ingente cantidad de enemigos básicos, medios y bosses, todos tremendamente inspirados, desagradables y desconcertantes en apariencia y comportamiento.

Cada uno con su dificultad particular, varios patrones de ataque y cambios de intensidad.

Así será hasta el final – varios finales en realidad – que podremos determinar nosotros.

Todo lo contado hasta el momento se basta y se sobra para conformar un título brillante, exclusivo y casi inalcanzable en sus apartados técnicos y artísticos.

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Una ardua y pesadillesca odisea que nos atrapará y dominará hasta el final, y que exigirá un buen puñado de horas si queremos ser partícipes de todo lo que encierra su armazón digital y disfrutar del tiempo para el que fue concebido.

La espléndida labor artística de Capcom así lo demanda.

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Los fieles seguidores de la compañía necesitamos cada cierto tiempo esas dosis de intranquilidad y miedo, esas cuotas de locura e indefensión que tabican nuestros sentidos y nos regalan una reconfortante, y a la vez luctuosa, experiencia tan difícil de obtener como de compartir con el resto del mundo.

Demon’s Crest es sincero, rotundo y directo con su oscura propuesta, y si no la entiendes o no eres capaz de disfrutar con él, no está hecho para ti.

Necesitarás un umbral de dolor muy alto para poder soportarlo.

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About Xtremeretro

X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.