DEMON’S CREST

Cuando Firebrand suena casi como Samus Aran

Para muchos, Super Metroid fue el gran metroidvania – con perdón – de SNES, pero hubo otros no menos geniales que, ahora, también puedes descargar en 3DS y Wii U.

Demon’s Crest fue uno de ellos y, quizá, uno de los grandes olvidados durante el ecuador de los noventa.

Esta aventura de Capcom se enmarca dentro de la serie Gargoyle’s Quest, que, a su vez, bebe del universo Ghosts’n Goblins y, en ella, controlamos a Firebrand; el famosete demonio rojo que aparecía en las aventuras de Sir Arthur para hacernos la vida imposible.

UN DESARROLLO CONOCIDO

Ni el argumento ni el esquema jugable pueden ser tildados de originales: tras arrebatarle a Firebrand su blasón del demonio, el diablo Phalanx lo divide en seis partes y las esparce por el Infierno.

A nosotros nos tocará explorar los distintos niveles conectados por un mapa para recuperarlos, no sin antes enfrentarnos a numerosos enemigos, gigantescos jefes, zonas plataformeras de rigor y toda clase de peligros.

Recuperar cada fragmento nos confiere la capacidad de transformarnos en gárgolas distintas, asociadas a elementos como la tierra o el agua, con habilidades diferentes.

Añade tiendas, varios tipos de disparo y poderes que vamos desbloqueando, todo rematado con unos apartados técnicos, gráficos y sonoros, realmente sublimes – el uso del Modo 7 es soberbio -, y el resultado es un juego que, gracias a New 3DS, los jóvenes aficionados pueden volver a disfrutar como nosotros hace veinticuatro años; aunque, ahora, en cualquier lugar.

Una joya que, a poco que te guste el desarrollo metroidvania, te convencerá de pleno.

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Xtremeretro

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.