DESANGRANDO A LOS AFICIONADOS

Esto de utilizar dinero real para comprar determinadas cosas virtuales dentro de un juego existe desde hace tiempo en la industria.

En los últimos años, se ha convertido en un estándar para los juegos free-to-play, tanto en dispositivos móviles como en consolas o PC.

En estos casos, quiero dejarlo claro, me parece una práctica normal.

Los desarrolladores necesitan recuperar la inversión que han realizado para crear un juego y, además, sacar algo de beneficio por el camino.

Sin embargo, los micropagos están levantando mucha polémica precisamente porque se han mudado del barrio móvil y ya se incluyen, con más frecuencia de la que parece aceptable, en juegos AAA que les cuestan 70 euros a los usuarios.

Los ejemplos son claros, numerosos y recientes: NBA 2K18, Sombras de Guerra, Forza Motorsport 7, Star Wars Battlefront II

Me gustaría diferenciar, eso sí, entre los micropagos que se centran en lo puramente cosmético y aquellos que afectan a la jugabilidad.

Por ejemplo, en Destiny 2 puedes pagar para hacerte con engramas luminosos, que te pueden otorgar nuevos bailes, gestos, naves o colibríes, entre otros objetos de personalización.

Sin embargo, nada de esto afecta a la jugabilidad.

No puedo decir lo mismo del modo Mi Carrera de NBA 2K18, donde el dinero real sirve para mejorar las habilidades de nuestro jugador, que luego puede encestar triples mejor que el jugador de alguien que no ha pasado por caja.

Las cajas de “loot” son otra de las nuevas modas.

Por un módico precio, puedes hacerte con estos cofres de los que recibes objetos aleatorios, como sucederá en el próximo Battlefront II, sin ir más lejos.

Los ítems que recibimos no son sólo apariencias con las que fardar en el multijugador, sino que también obtenemos nuevas habilidades para cada tipo de clase que pueden suponer una diferencia más que notable durante los combates.

Hay que valorar, eso sí, hasta qué punto se pueden obtener las mismas ventajas simplemente jugando y sin rascarnos el bolsillo, pero no deja de ser una práctica que me parece – siempre que afecte a lo jugable – completamente injustificada.

Es algo que arruina la experiencia de juego y siembra diferencias entre los jugadores que pagan y los que no.

Sí, ya sé que cada cual hace lo que quiere con su dinero, pero eso no es excusa para dividir a la comunidad.

¿Quién tiene la culpa de esto?.

Pues, por un lado, los usuarios, que caemos en la trampa y les damos buenas razones para implementar este tipo de prácticas y modelos de negocio.

Por el otro, las distribuidoras que, y lo sé de buena tinta, presionan a algunos desarrolladores obligándolos a incluir micropagos en sus juegos.

En mi opinión, habría que exigir que los títulos con micropagos “jugables” fuesen gratuitos.

Si no, es preferible dejarlos correr.

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Xtremeretro

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados.
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