DESAPARECIDAS AL CAMBIAR DE CONTINENTE (PARTE 1)

Si hay algo de lo que no podemos quejarnos los aficionados a los videojuegos es de la accesibilidad que hoy día presenta la industria.

Los fabricantes de hardware son escasos y el lanzamiento de nuevas consolas es casi simultáneo en todo el mundo, pero esto no ha sido así hasta hace relativamente poco tiempo.

Vamos a centrarnos en lo que nos perdimos desde los inicios de los años 80 y hasta finales de los 90, ya que ese intervalo comprende el instante en el que en Europa se produjo el “despertar” hacia los videojuegos, el crack del 83, el reinado absoluto de las empresas japonesas y el final de la alegría productiva que gobernó el sector durante años.

Por cuestiones culturales y económicas, el viejo continente apenas vivió la llegada de las consolas que pusieron los cimientos de este negocio hace cuarenta años, y sólo la Atari 2600 y el hatajo de clones de Pong tuvieron una presencia digna.

Tras el tremendo golpe que recibió esa industria con la crisis de 1.983, el testigo del corredor que debía tirar del sector pasó a Japón, aunque en Europa los ordenadores de 8 bits iban a disfrutar de una larga y prolífica vida.

Teniendo en cuenta esos dos condicionantes, compañías niponas como Epoch, Nintendo o SEGA no tenían ninguna prisa en tomar otros mercados.

Bastante tenían con pelear por el suyo y levantar un nuevo negocio, por lo que sus máquinas iniciales no salieron del ámbito local.

Epoch tuvo el honor, gracias a su Cassette Vision, de ser la primera empresa japonesa en tener en cartera un sistema de relativo éxito.

El concepto era parecido al de los clones de Pong pero presentaba puerto de cartuchos y, si tenemos en cuenta que evitó a Nintendo al salir al mercado en 1.981, pocas más alternativas “serias” tenían los nipones.

Tres años más tarde lanzó la sucesora de esta – Super Cassette Vision – y una portátil adelantada a su tiempo llamada Game Pocket Computer, aunque ambas fueron un sonado fracaso debido al creciente dominio de la compañía de Kioto – en forma de la Famicom y las Game & Watch -.

Y hablando de Nintendo, es bien sabido que su consola de 8 bits llegó en 1.983 a Japón y lo haría a Occidente poco después.

Versiones más baratas de producir como las AV Famicom o Top Loader debutaron en 1.993 en su país natal y Norteamérica, pero a Europa nunca llegarían.

Mientras tanto, los primeros pasos de SEGA se quedarían en el país nipón – con excepción de un lanzamiento limitado en algunas naciones cercanas – ya que la SG-1000 y su segunda versión tuvieron un recorrido comercial escaso.

La cosa cambió con la llegada de Mark III en 1.985, aunque el modelo como tal nunca fue exportado ya que se decidió rediseñarlo para hacerlo más agradable para Occidente.

Así, la Master System fue la evolución que nos llegaría, pero por el camino perdió la capacidad de reproducir sonido en calidad FM que sí atesoraba el modelo japonés.

Para completar el bloque de los 8 bits, hablemos del Famicom Disk System y la Game Boy Light.

Al primero tampoco le vimos el pelo por estos lares, a pesar de haber sido el add-on más exitoso de la historia de los videojuegos, afectando esta situación también a la solución “todo en uno” de Sharp llamada Twin Famicom.

Y en lo que respecta a la segunda, el sueño de poder jugar a la Game Boy a oscuras y sin aparatosos accesorios se hizo realidad en 1.998, pero sólo en Japón.

Aunque la PC Engine no era estrictamente una consola de 16 bits, podríamos decir que esos primeros instantes del salto generacional nos los perdimos.

NEC produjo multitud de modelos cuya inmensa mayoría se quedó en su país de origen y se atrevió con un lanzamiento poco afortunado en Estados Unidos, lo que dejó a Europa sin consola salvo por un tímido desembarco en el Reino Unido.

Siguiendo con los 16 bits, la Super Nintendo fue igualmente objeto de una revisión más económica de producir que se denominaría Junior.

Su llegada fue muy tardía y, para variar, Europa no la recibió.

Y mientras tanto, tras el desigual resultado que SEGA estaba teniendo con Mega Drive según el territorio, el Mega CD iba a llegar a cada uno de los tres mercados principales con tres años de diferencia con respecto a la consola.

Dado el retraso, y salvo en Gran Bretaña, el resto de Europa no llegó a catar el modelo original del lector de CD y directamente recibimos su revisión en 1.993.

Si observamos el caso anterior y otros que estarían por llegar, parece que SEGA era más valiente que Nintendo a la hora de desafiar a un mercado con un producto nuevo.

Esta última siempre puso por delante la precaución a la hora de aventurarse, y así lo hizo nuevamente con el Satellaview.

Este accesorio para Super Famicom llegó hace veinte años y permitía, entre otras cosas, la descarga de juegos más bien simples gracias al uso de una infraestructura por satélite.

El servicio gozó de cierta fama en Japón pero, al igual que otros similares, nunca aterrizó en Europa – ni en Norteamérica -.

Como vemos, pocas compañías se libraban y las bajas alcanzan ya un número elevado.

Pero como estamos ante una larga historia y todavía queda mucho por contabilizar, seguiremos haciendo el repaso en alguna futura ocasión y recordando diversos casos de lo más variopinto.

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