DESCUBRIENDO LA NUEVA SUPER JUEGOS

New Super Juegos Pixel Art Xtreme Retro

He pensado muchas veces que, los aficionados a esta peculiar industria del videojuego, ya no somos los de antes.

Para bien y para mal.

Casi siempre, más para bien que para mal; aunque en ciertos aspectos los usuarios hayan perdido virtudes que, como en todas partes, son arrastradas por el tiempo, el confort, los cambios en la educación y la maldita televisión.

Pero a los que nos gustan los redactores con su toque espartano, la vieja estampa de aquellos expertos sobrios y duros, hechos lo mismo a la ausencia de novedades que a juegos infames y desgracias que esta hermosa – pero ingrata – profesión les echa encima desde los tiempos inmemoriales de 8 bits, nos produce simpatía y un poco de ternura.

Sin que por eso nos ciegue la pasión, claro.

Algunos opinamos que, en esta industria desalmada, el número de hijos de puta por metro cuadrado resulta superior al de otras industrias con un volumen de negocio similar.

Y más en un país tan difícil como el nuestro, con el currículum que tiene, que hace aflorar nuestra mala leche.

Quiero decir con esto que, si en España cada cual percibe los videojuegos a su manera – nostalgia de tiempos remotos, matices intermedios o ausencia absoluta de todo lo anterior – mi relación con ellos abarca una especie de solidaridad vaga y agridulce; acaso un sentimiento melancólico conformado por títulos solemnes y años juveniles leyendo, con respeto y devoción, los textos de aquellos infatigables reporteros.

Mi patrimonio, en resumen, es la certeza de que la gente con quien comparto tamaña afición, remó junta en la misma dirección, sufrió idénticas miserias y se dejó la piel, cuando no hubo más remedio, en hazañas increíbles o empresas infames, según salía el naipe de la baraja.

Hazañas y empresas casi todas inútiles, por cierto, pero que con el paso de los años han servido para difundir la cultura del videojuego, evidenciando que va mucho más allá de un mero pasatiempo infantil.

Pero debo confesar que hace unas semanas me sentí afortunado, e incluso patriota, a mi manera.

Estaba asisitiendo a un cruce de mensajes entre el insigne “Alexey Kiddo” y algunos profesionales tan aclamados como “Nemesis“, “The Elf” o el mismísimo “John Tones“, entre otros.

Redactores de probado prestigio, hechos a sí mismos hasta el punto de crear un estilo propio en el que fracarían, siempre, sus imitadores.

Profesionales, en suma, que arrimaba el hombro a través de las distintas redes sociales, con esa alegre energía de la gente vigorosa cuando emprende algo que realmente le interesa.

El asunto les divertía, pues como habrán adivinado, no siempre cabe la posibilidad de resucitar a una revista tan legendaria como Super Juegos.

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Una tarea larga y difícil, e incluso arriesgada, me atrevería a decir.

Pero así pude participar de aquellos comentarios fanfarrones, tenaces y recios, como lo fueron siempre, mientras ellos se animaban entre sí, con el tono que pueden ustedes imaginar.

Alentándose unos a otros, para sacar adelante una publicación que, en opinión del arriba firmante, nunca debió desaparecer.

Por amor a los videojuegos o por sus cojones, tanto da.

Y es que, pese al inexorable paso del tiempo, nada había cambiado.

Resultaba tan fácil reconocerlos que me estremecí en los adentros; y a pesar de mis resabios – pesa mucho haber sido puta antes que monja -, no pude menos que sonreír, conmovido.

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Pues aquellos viejos escritores no sabían que, en ese momento, eran mi patria.

Y que el mejor homenaje a esta peculiar industria, y a todos los periodistas que antaño salieron a la calle para luchar, o para conseguir un mísero titular, acababan de hacerlo ellos.

Y nosotros lo podremos disfrutar a partir del 27 de mayo.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.