DESEMPOLVANDO LA NES


Coincidiendo con el 25 aniversario de la mítica consola de 8 bits que revolucionó el sector del ocio electrónico, decidimos dedicarle un merecido homenaje y volver a deleitarnos durante algunas horas con esos añejos cartuchos que tan buenos momentos nos brindaron en los años de nuestra niñez, cuando la industria del videojuego aún era joven y todo estaba por inventar.

Por lo que, dejándonos invadir por ese sentimiento de nostalgia, no pudimos resistirnos a la magia intrínseca que se desprende de esta plataforma que marcó la infancia de miles de personas en todo el mundo.

Una máquina que, dicho sea de paso, no ha ofrecido excesivas dificultades para volver a resucitar pese a todos los años transcurridos.

Los típicos problemas derivados de buscar los cables RF para sintonizarla con el televisor pudieron ser subsanados de forma provisional al incorporarle este pequeño monitor, con lo que dispusimos de una consola casi portátil.

Apenas unos cuantos gestos bastaron para reencontrarnos con las típicas pantallas en las que la ausencia total de cargas era un denominador común, y no dudamos en ponernos prestos a jugar algunas memorables partidas.

Aunque en un principio nuestra amiga Vanesa era pesimista sobre cómo habrían soportado el paso del tiempo los cartuchos, de los doce juegos que probamos tan solo fue necesario soplar a dos de ellos.

El resto fueron a la perfección.

Afortunadamente decidimos no profundizar demasiado en nuestra partida al Willow, o de lo contrario mientras alguno de los presentes finalizaba la aventura, el resto bien podría haber ido a echar la quiniela – en otra ciudad -.

Para inmediatez, sin duda, lo mejor es un emulador; pero, sinceramente, no es lo mismo.

Enchufar una NES es un ejercicio de nostalgia, de pura reivindicación de lo retro.

Y toda una valentía si, como en el caso de mi amigo Jandro, se encuentra rodeado de antiguos usuarios de Master System.

Cierto es que muchos títulos no aprovecharon todo su potencial, pero tenía unas prestaciones insuperables para la época.

Y 25 años después sigue funcionando a la perfección.

Ya quisiera en el futuro poder decir lo mismo de muchas de las consolas de la actual generación.

Gloriosos 8 bits con monitor incorporado.

Por desgracia parece que el cable RF del que disponíamos no soportó tan bien el paso del tiempo, así que tuvimos que improvisar.

Y la solución vino de esta pequeña pantalla que nos prestó por unas pocas horas un inmejorable servicio.


Añorando una de las consolas de nuestra infancia, decidimos prescindir de los emuladores y atrevernos a conectarla de nuevo.
¡Viva el pixel y los cartuchos!


A pesar de los 25 años transcurridos y la montaña de polvo, la NES volvió a la vida sin problemas.
Lo mejor de todo, volver a disfrutar de algunos clásicos de valor incunable y, por descontado, la ausencia total de cargas.


Réquiem por una NES.
O casi, porque en una primera toma de contacto el fallido cable RF nos hizo temer lo peor.


Posando feliz con el Zapper – o Famicom Light Gun, tal como se dio a conocer en tierras japonesas -.
Así de alegre se mostraba nuestra compañera sujetando entre sus manos un pedacito de historia.
Por cierto, puedo dar fé de que viajé en avión con esta singular pistola de juguete entre mis objetos personales y no desperté siquiera la curiosidad entre los encargados de velar por la seguridad.
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Xtremeretro

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados.
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Pasad, pasad… bajo vuestra propia responsabilidad.