DEUS EX MACHINA

En Deus Ex Machina hay que controlar el desarrollo inicial de un accidente biológico: un mutante recién nacido, en el contexto mecanizado de una sociedad orwelliana e informatizada.

La “acción”, por denominarla así, gira en torno a varios minijuegos abstractos sobre las diferentes etapas vitales de la criatura.

Primero, los jugadores deben unir el ADN e incubar al feto de forma segura; cuando es un “niño”, hay que protegerlo de la policía y, más tarde, los rigores de la vejez.

La actividad que se ve en pantalla, sin embargo, sólo representa la mitad de la historia.

Este proyecto ambicioso se concibió más como un álbum conceptual, o como una película interactiva prototípica, que como a un simple videojuego.

Deus Ex Machina, codificado por Andrews Stagg y escrito por el joven empresario Mel Croucher, se lanzó con un cassette en el que había una banda sonora ambiental de sintetizador, y un diálogo en el que conversaban el Doctor Who, interpretado por Jon Pertwee, el músico Ian Dury y el cómico Frankie Howerd.

Sus letras, que mezclaban fragmentos adaptados del discurso de “las siete edades del hombre” de Como gustéis con charlas sobre experimentos genéticos y la paranoia de la era informática, son un intento artístico singular, obtuso y excesivo, pero también excepcionalmente hipnótico.

A pesar del éxito general de la crítica, el título fue un desastre comercial; en parte debido a las dificultades de Autómata con los minoristas, que no supieron cómo tratar este producto que desafiaba los géneros.

Pero Croucher no se desanimó por las dificultades comerciales y, un par de años después, sacó iD, otra curiosidad basada en textos, donde el jugador conversa con una entidad que vive en su ordenador.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.