DEVIL MAY CRY

Capcom sorprendió a todo el mundo con un título que se ganó su fama a pulso.

Se sabía que participando en el proyecto Shinji Mikami, Devil May Cry tenía que ser algo espectacular, pero nadie se esperaba un juego de tamañas proporciones.

La dinámica nos absorbe en una espiral de acción constante, que se ve refrendada por un apartado gráfico inconmensurable.

Los creadores representaron con fidelidad el espíritu de Dante, el protagonista y alma del juego; un cazademonios sin escrúpulos dispuesto a desenfundar ante la más mínima provocación.

Básicamente, Devil May Cry basa toda su fuerza en este personaje, creado para sembrar el caos entre las hordas de demonios.

Combos sencillos, en los que además se pueden combinar la espada con armas de fuego para ser más efectivo, un arsenal variado y la posibilidad de transformarnos en demonio consiguieron dar un espectáculo sin precedentes en consola.

Además, en la animación de Dante se aprecia el carácter descarado y kamikaze del que hace gala durante las secuencias de la aventura.

El argumento se desarrolla a lo largo de 25 misiones que varían en intensidad.

Unas pueden ser una agradable visita paisajista y arquitectónica – los creadores reconocieron haberse basado en la obra del arquitecto español Antonio Gaudí – por la impresionante fortaleza que sirve de marco al juego.

Otras nos sumergirán en legendarios combates contra inmensos jefes finales.

Y las menos, consistirán en una carrera contra el crono.

Además, hay que apuntar que Devil May Cry cuenta con 12 misiones secretas que serán fáciles de descubrir cuando nos salgamos del camino trazado para la historia principal.

Por ejemplo, matar un determinado número de arañas pequeñas antes de que se acabe el tiempo.

La verdad es que la historia no es tan envolvente como la de otras creaciones de Shinji Mikami, como Resident Evil, aunque dada la intensidad del juego, no creo que muchos se paren a valorar su guión.

Algo que se ve reflejado en el escaso número de puzzles, que apenas entrañan dificultad, que encontraremos durante la aventura.

Como ya he dicho anteriormente, toda la acción transcurre en una gigantesca fortaleza – supongo que a todos los que hemos visto el juego se nos ha pasado el nombre de Castlevania por la cabeza en algún momento – y no sólo sorprende por su exquisito y cuidado diseño.

También lo harán sus extraordinarias dimensiones según vayamos pasando misiones.

Se trata, sin duda, de un esfuerzo titánico que tiene que haber dejado a muchos desarrolladores con la moral por los suelos.

En Europa incluso se llegó a distribuir una demo junto con Resident Evil: Code Veronica X, completamente diferente de la que salió a la luz en el mercado japonés.

Se trataba de una oportunidad única para comprobar que nuestros ojos no habían visto ensoñaciones, y que todo cuanto os estoy contando era cierto.

¡Ah!, y se me olvidaba comentar que para añadir mayor variedad, Little Devil’s Team – así se denominaba el grupo interno de Capcom que desarrolló Devil May Cry: “Equipo de Pequeños Diablos” – tuvo a bien incluir una fase al más puro estilo shoot’em up en las últimas misiones del juego, junto a un apoteósico enfrentamiento contra el inevitable jefe de turno.

En definitiva, una auténtica joya que los incondicionales de PS2 no deberían pasar por alto.

EN LA ARENA

Los enemigos finales de Devil May Cry son auténticas bestias, tanto en su cuidado y espectacular diseño como en los variados patrones de ataque que presenta cada uno de ellos para poner en jaque nuestra habilidad y paciencia.

EL MAL

Dante lleva un demonio en su interior.

Cuando su barra de energía azul está completa puede transformarse en el más sanguinario y demoledor enemigo que jamás hayan conocido sus oponentes.

El efecto tiene una duración limitada que será muy útil contra los final bosses.

MAJESTUOSIDAD

Los paisajes y edificios de Devil May Cry son lo mejor que habíamos visto hasta la fecha en esta consola.

Sin duda, el apartado gráfico fue uno de los más brillantes en la historia del videojuego y un claro ejemplo de la segunda generación para PlayStation 2.

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