DIVAGANDO SOBRE VIDEOJUEGOS

Miles Tails Prower Sega Pixel Art

Llevo en el bolsillo uno de los anillos dorados de Sonic.

Muchas veces me aventuré en Castlevania con un sólo cuchillo entre los dientes, sintiendo en la espalda la respiración entrecortada de criaturas que a duras penas atino a describir, mientras Vlad Tepes me desafiaba desde la lejanía.

Otras surqué los cielos a bordo de Twinbee, o aguardé el asalto de temibles enemigos tumbado sobre la hierba, mirando de reojo el rostro sereno y picado de Turok, el indomable cazador de saurios.

Y en muchas más ocasiones de las que puedo recordar vi hundirse el sol en el mar, salté por la borda en lugar de ese chico, Guybrush Threepwood, y me batí en singular duelo con valerosos piratas.

A ustedes les asombraría mi currículim, caballeros, si se lo desgranara al completo.

Aquí donde me ven, he observado cosas que otros se limitan a soñar: naves batallando en una galaxia muy, muy lejana, no sé si me explico.

Pero temo que harían falta innumerables veladas como ésta para revisar mi expediente.

De cualquier modo, aquí, en esta humilde morada de Xtreme Retro, se está cómodo; la temperatura resulta agradable, y el aire parece tan perfumado como la noche misma que nos rodea con sus luciérnagas.

Hasta me parece oir a lo lejos, ecuchen, el bramido de cierto Pokémon salvaje.

Así que déjenme encender este cigarrillo y hagan arder los suyos, acomódense y oigan lo que puedo referir, si gustan.

Recuerden, sobre todo, que nada de lo que cuento puede mirarse con acuanimidad desde afuera.

Quiero decir que para ciertas cosas es necesario un pacto previo.

En los videojuegos, por ejemplo, el aficionado debe ser capaz de incluirse en la trama, si es que la hubiera; de participar en el asunto y vivir a través de los personajes.

En caso contrario, si un usuario no es capaz de volar en alas de la muy propia imaginación, de implicarse y establecer ese vínculo, aunque sea resabiado y sutil, entonces que ni se moleste en intentarlo.

Y así, entre muchas posibles clases, los jugadores se dividen básicamente en dos grandes grupos: los que están dentro y los que se quedan fuera.

Disculpen si me voy por las ramas, caballeros.

Sí, beberé un poco más de este licor, gracias.

Me disponía, estaba diciendo, a hablar de aquellos hombres y mujeres que conocí en el curso de mis innumerables aventuras llenas de peligros y descubrimientos, a cuyo término ellos, y en consecuencia quien ahora les habla, encontramos la felicidad o la desilusión, la gloria o el desastre; pero, en cualquier caso, también el conocimiento de nosotros mismos y del mundo en el que vivimos, luchamos y morimos.

Y debo añadir que los conocí de todo tipo y pelaje: héroes voluntarios o involuntarios, simpáticos, callados, charlatanes, estúpidos, inteligentes, hastiados de la vida o empeñados en sobrevivir a toda costa.

Como en nuestro día  a día, supongo.

A la hora de hablar de aventureros, fijensé si no en Wario, que ni siquiera fue un hombre valiente, sino más bien avaricioso, o en el inquebrantable Link.

Recuerden al sufrido príncipe de Persia, o al bueno de Chuck Rock, conocido por razones mundialmente notorias.

Sin olvidar a los animales, invariablemente héroes a su pesar, entregados a nobles causas y, en cierto modo, a una visión ecologista y posmoderna, que en algunos casos tan sólo aspiran a que los dejen en paz, y luchan para defenderse.

De modo que convendrán conmigo, caballeros, en que ese tipo de héroe involuntario es el que mejor permite al jugador proyectarse en él; porque se trata de seres ordinarios como ustedes o como yo – animales incluídos -, que sin pretenderlo se encuentran metidos en un buen lío, y el aficionado piensa, bueno, qué diablos.

A fin de cuentas pudo pasarme a mi.

Aunque en mi opinión personal, que además comparto conmigo mismo, me inclino más por otros héroes.

Los de ángulos oscuros y maltrechos corazones, que irrumpieron con su bagaje de libertad, fuga, revolución e individualismo; con la aventura como vocación, como refugio, como solución e incluso como medio laboral.

Pienso en mi viejo amigo Solid Snake, sin ir más lejos, o en Cloud Strife.

Metal Gear Solid 2 Pixel Art PS2

Y en aquel joven cazador de demonios que se muestra, por norma general, confiado y bravío.

Prototipos de aventureros profesionales, de tipos duros que cualquier aficionado desearía tener a modo de camaradas en caso de verse obligado a presentar batalla.

También hay profesionales y héroes vocacionales dignos de toda loa y alabanza: héroes altruistas dispuestos a todo en pos de un bien mayor.

No faltan los bandidos, rufianes, tramposos y pícaros, entre los que se incluyen el abyecto pero memorable antihéroe llamado Rastan.

Sin olvidar tampoco, en el otro extremo del asunto, a idealistas consumados, como el mismísimo Megaman.

Todo eso, faltaría más, considerando la cara sombría, el lado oscuro de la que a menudo es una misma moneda: aquellos a quienes la vida les pone al lado y que, a veces, pese a no ser los hombres más honestos ni piadosos, atrapan al jugador con mucha más intensidad que los héroes de corazón puro.

Personajes, en definitiva, principales o secundarios – permítanme, caballeros, esta breve referencia íntima – que fueron piezas clave en mi educación sentimental.

La bella y enigmática The Boss, Samus o Blaze.

Me refiero a LA MUJER, así, con mayúsculas.

Déjenme encender otro cigarrillo y continúo.

Gracias.

Iba a decirles ahora que, bueno, que siempre hay una primera vez.

Un primer deslumbramiento .

Igual que ocurre en la vida misma, un día estás junto a alguien, o ves una película cualquiera, y de pronto te sorprendes a tí mismo diciendo: este fulano me gusta.

Lo adopto como amigo, me lo quedo.

En los videojuegos eso tiene la ventaja de que los riesgos, hasta cierto punto, son controlados.

Y puedes escoger con más elementos de juicio que en la vida real.

Tal vez por eso algunos elegimos nuestros mejores amigos, incluso nuestros odios y amores, a partir de un título concreto.

Antes les hablé de educación sentimental, pero mucho más decisiva fue la educación personal que adquirí compartiendo viajes y aventuras con otros personajes.

Igual que los primeros amores, los primeros amigos no se olvidan nunca; y lo bueno que tiene el paso del tiempo es que ayuda a mirarlos de otra manera, con ojos diferentes, y entiendes cosas que antes sólo intuías, o ignorabas.

Hubo un simpático erizo azulado, por supuesto.

En el principio fue su actitud, que le imprimía carácter.

Pero es que, además, en torno a una aventura, los amigos son fundamentales, y pocas franquicias ofrecen amigos tan leales, resueltos a seguirle hasta las mismas fauces del infierno.

Sonic 3 Miles Tails Prower Pixel Art

Otros amigos improvisados me mostraron las imprecisas fronteras que median entre el bien y el mal, y lograron hacerme descubrir algunos de los ingredientes fundamentales en la ficción, la imaginación y en la vida: la importancia del escenario.

Me refiero al viaje propiamente dicho, el mar, el espacio o la tierra desconocida que huelen a peligro y aventura.

Ya se trate de un viaje buscado, como el de Strider, o de los viajes forzosos, accidentales o casuales que se emprenden, por ejemplo, en Evermore.

Quizá, fijensé ustedes, me embriagué de aventuras gracias a todos ellos, y ahí está el origen de este largo relato que hoy me ha traído hasta Xtreme Retro donde, por cierto, parece que se está agotando el licor.

Dante Sparda Pixel Art Devil May Cry

Sea como fuere, no puedo seguir hablando de este tipo de gente, de los compañeros de viaje, sin aludir a quienes me hicieron ver más allá del mero relato, enseñándome que la vida es una encrucijada fascinante, una aventura de límites imprecisos donde todo se relaciona entre sí, donde una simple moneda puede costar un reino y donde el verdadero héroe es aquel que, consciente de su destino, viaja, navega, pelea lúcido – pues la lucidez es condición indispensable para todo auténtico héroe cansado – bajo un cielo desprovisto de dioses propicios.

Zelda Link Navi Hyrule Field Pixel Art

Viajo con algunos de estos héroes desde mi niñez.

Los conozco bien, y gracias a ellos me conozco a mi mismo.

Tanto es así que en muchas de sus aventuras y azarosas desventuras descubrí de modo consciente, todos aquellos elementos que nutren a las historias épicas, y tal vez a la vida misma, porque son los que reinan en el corazón y en la memoria del ser humano.

Se hace tarde, ya no me queda licor ni tabaco, y la tenue luz de esta vela está extinguiéndose.

Pero no quiero irme a dormir, caballeros, sin antes hablarles fugazmente de los retos y desafíos que ofrece el camino, que a su vez conforman la materia de la que se nutren los sueños.

Pues desde su infancia, los hombres aprendieron a soñar con cosas remotas que albergan, sin saberlo, en su propio corazón.

Hablo de mi caso, si me toleran otra referencia personal.

A fin de cuentas, en muchos de mis juegos fetiches se cumple el gran ritual de la aventura y de la vida: el viaje incierto mediante el que, quien se atreve a emprenderlo, progresa en el conocimiento de sí mismo y del mundo que le rodea.

Pues el héroe que sobrevive a su destino acaba sabiendo más.

Y a su regreso ya no es el mismo: para bien o para mal, será incapaz de ver el mundo igual que antes de partir.

Ahora es ducho en lo que sus allegados ignoran.

Es – yo lo fui con cada uno de ellos, caballeros, tienen mi palabra – el caso de Big Boss, con la amarga certeza de que su mentora abandonó la lucha y a él mismo.

Vuelvo, si me lo permiten caballeros, a correr la aventura de la vida, aunque sea desempolvando algunas consolas de antaño.

Cada vez que me detengo en mi ludoteca y sostengo viejos cartuchos que me llevaron tan lejos, oigo el rumor de la marejada y el distante eco de otros mundos que, pese al inexorable paso del tiempo, aguardan mi regreso.

Déjenme decirles una última cosa, caballeros.

Compadezco a los hombres cómodos, resignados y razonables que nunca se han deleitado con un juego que haya estremecido su corazón.

Compadezco a quienes nunca se dejaron seducir y arrastrar por una moneda de oro, una hermosa princesa, un amigo fiel, o una aventura deliciosamente pixelada.

Legend of Zelda Pixel Art Heart Container Xtreme Retro

Compadezco a los que nunca dormirán la paz eterna con todos esos héroes, junto a la tumba donde se pudren sus sueños.

Xtremeretro

About Xtremeretro

X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados.
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