DOOM

Una de las mayores ventajas del 32X frente al resto de sistemas era la calidad de la primera hornada de juegos que lo acompañaron.

Y Doom fue, entre todos estos lanzamientos, uno de los más destacados.

El mito de Virtua Racing era demasiado fuerte y, si además venía acompañado de una conversión que superaba en detalles al propio arcade, pues más aún.

Pero a pesar de esto, los usuarios del maltrecho add-on tenían presente que, dentro del catálogo de los primeros juegos disponibles, había un título que podía reportar tantas satisfacciones como el legendario arcade de velocidad.

Hablamos, claro está, del genial Doom.

La historia de este título se remontaba a los últimos meses del año anterior, cuando id Software conmocionó el mundo del PC con un programa que simulaba una perspectiva tridimensional, en primera persona, pocas veces vista hasta entonces.

Su único problema era el hecho de que, para que se moviera a una velocidad y soltura adecuada, se necesitaba un ordenador de gran potencia.

Pues bien, esta es la principal virtud del título que nos ocupa.

Con una máquina de un coste bastante inferior se consiguieron idénticos niveles de calidad que en todo un 486.

No en vano, esta versión es prácticamente un calco de la entrega para PC.

La única diferencia patente es el pequeño marco alrededor de la pantalla de acción, que suponemos que fue lo único que han precisado los 23 MHZ del procesador de 32X para llegar a la rapidez y dinamismo de movimientos de un gran PC en aquella época.

Si hay algo, además de la panorámica subjetiva, que sorprendió a los que jugamos con el primer Doom, fue la crudeza de algunas imágenes.

Ver reventar ante nuestros atónitos ojos a los seres que osan interponerse en nuestro camino es un espectáculo sangiento que impacta y, en algunos momentos, sobrecoge.

Sin embargo, no se trata de violencia gratuita, como pueden considerarse algunos efectos de Mortal Kombat II, sino de un juego cuya temática precisa de bastantes dosis de imágenes truculentas.

Así pues, la violencia no se convierte en un fin, sino en un pretexto; es un medio para acrecentar los niveles de realidad virtual que persigue este programa.

Las quince fases que componen esta encarnación de Doom son la mejor muestra de las capacidades de texture mapping de los 32 bits de SEGA.

Gracias a este recurso gráfico, y a las músicas tétricas que nos acompañan, nos veremos envueltos en un entorno tridimensional fantasmagórico.

Una buena gama de enemigos, armas espectaculares, enorme mapeado, dificultad ajustada, y la calidad del efecto 3D convierten a Doom en un firme competidor de Virtua Racing.

MONSTRUOS

Estos engendros son unos de tantos artífices de tus desvelos durante todo el desarrollo de la aventura.

Algunos monstruos constituyen todo un portento de resistencia y de potencial armamentístico, capaz de aniquilar al más valiente de los humanos en un sólo instante.

Antes de enfrentarte a ellos, asegúrate de ir bien armado.

Por voluntad que no quede.

EN SÍNTESIS

El texture mapping de este juego posee una calidad asombrosa, y la sensación de realismo es impecable, dadas las consabidas limitaciones de la época.

La música es apropiada para la temática fantasmagórica de la aventura, y aunque no hay ninguna melodía magistral, todas son de una buena calidad.

Por lo demás, el sonido de recarga es magnífico y merece una mención especial, junto con el resto de disparos contundentes y sonoros, que os dejarán helados.

Y en lo jugable, estamos frente a un título divertido y envolvente desde el principio; una pequeña maravilla que, sin embargo, tiene bastantes menos fases que la versión realizada para PC.

DOLOROSAMENTE REAL

Estamos ante el juego que todos los usuarios de PC restregaban a los fanáticos de las consolas.

Para su sorpresa, esta versión de 32X es casi tan buena como el original.

Virtua Racing es el mito que todos deseábamos tener en casa, pero Doom merece, por sus cualidades revolucionarias, un lugar de honor en vuestras preferencias lúdicas.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.