DRAGON QUEST V: HAND OF THE HEAVENLY BRIDE

Dragon Quest V contiene muchas de las características que marcan la diferencia entre los juegos de rol japoneses.

Con las tradicionales batallas aleatorias que saltean cada viaje por el mundo, y con un sencillo cuento de hadas sobre un misterioso bebé que el usuario guía desde la infancia hasta la madurez por varios capítulos secuenciales, la estructura del juego apenas permite traspasar los límites del género.

Pero, a pesar de esto, la quinta entrega de la saga de rol favorita en Japón rebosa creatividad.

En parte se debe a su delicado equilibrio entre el humor y la tragedia que recorre la historia, con clichés a todas horas, pero, de alguna forma, alejándose de ellos para darle la vuelta a temas muy trillados.

No obstante, quizá lo más significativo sea la submecánica del juego para cazar monstruos, una idea original de Pokémon y su legión de imitadores.

Hacia la mitad de la partida es posible reclutar a casi cualquier monstruo con el que te enfrentes, uniéndolos a tu equipo de cuatro hombres-bestia para que luchen contra sus semejantes.

Cada monstruo tiene su propia forma de desarrollo, lo que garantiza que incluso el más pequeño, el enemigo más insignificante, puede, con el tiempo, convertirse en un filón.

La libertad que el sistema otorga a los jugadores no tenía parangón en la época que se lanzó al mercado e, incluso hoy, representa uno de los hitos del sistema de equipos flexible.

Aunque se puede jugar a Dragon Quest V en una versión para Nintendo DS, mejorada gráficamente, en la actualidad muchas de sus elecciones en el estilo y el diseño parecerán anacrónicas a los aficionados.

Pero el enfoque alegre de Dragon Quest V es fresco y merece que se le preste atención.

Por cierto, cuando se lanzó tuvo tanto éxito que dio pie a un manga, e incluso se comercializó la banda sonora de Koichi Sugiyama.

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