DRAGONES Y MAZMORRAS

Muy influenciado por la obra de Tolkien, Dragones y Mazmorras fue con toda probabilidad uno de los primeros juegos de rol en gozar de un merecido renombre y llegar al gran público, allá por el año 1.974.

Fue tal el éxito cosechado que a principios de la década de los ochenta comenzó a rodarse una serie animada ambientada en este peculiar universo, para goce y disfrute de los infantes de toda una generación.

Los responsables de la serie fueron Marvel y TSR Inc., que tuvieron el acierto de contratar a la célebre Toei Animation, una compañía japonesa de una intachable trayectoria, para su elaboración.

Y así, en el año 1.983 la primera temporada al completo ya estaba disponible en el territorio americano.

En ella se relatan las aventuras de unos jóvenes muchachos que emprenden un viaje, muy a pesar suyo, que les llevará a un mágico mundo donde la fantasía a menudo se confunde con la realidad, poblado por toda clase de seres fantásticos, no necesariamente amigables.

Allí conocerán a uno de sus principales aliados, el Amo del Calabozo, un personaje enigmático dotado de un extraño poder que no dudará en brindarles su apoyo, bien sea en forma de equipamiento que les confiere a sus portadores determinados atributos, o bien mediante sabios consejos, necesarios para emprender el largo viaje de regreso al hogar.

En su particular periplo estos amigables compañeros deberán tutear a toda suerte de adversidades, que en la mayoría de los casos tienen nombre y rostro: Venger, un ser diabólico de mentalidad enfermiza y altivos poderes que ansía apropiarse de las armas que de forma altruista les cedió el Amo del Calabozo.

Hasta tres temporadas llegaron a emitirse con resultados dispares, ganándose entre un elevado número de padres sus mayores detractores, pues creían inapropiada la serie para sus hijos.

Esto se hizo particularmente notorio durante la tercera y última temporada, reflejado además en unos bajos niveles de audiencia, hasta el punto de que la serie quedó tristemente inconclusa, pues el capítulo póstumo finalmente no llegó a dibujarse, pese a que el guión si llegó a buen puerto, dejando una incógnita a su paso sobre si los protagonistas finalmente conseguían su objetivo de volver a su añorado lugar de origen.

Por fortuna el paso de los años ha sido clemente con esta largamente recordada serie de animación, pues le ha devuelto su prestigio perdido con creces, consolidándola como uno de los trabajos que hicieron posible que los dibujos madurasen hasta convertirse en algo más que un mero entretenimiento pasajero.

No en vano su leyenda perdura hasta la actualidad, en parte debido a ese halo de misterio intrínseco en el devenir de los protagonistas enfatizado por una conclusión abierta, dando lugar a cuantiosas teorías del todo descabelladas, de una portentosa imaginación, e incluso a determinadas curiosidades dignas de mención.

Por citar tan solo algunas, TVE adquirió la serie con el doblaje latino, y así pudimos disfrutarla en España durante las dos primeras temporadas.

La tercera en cambio fue doblada por profesionales autóctonos, provocando un rechazo enfatizado por parte de la gran mayoría de aficionados, acostumbrados como estaban al elaborado doblaje original.

Por supuesto, numerosos rumores se hicieron eco desde el mismo inicio de la historia.

Uno de los que mayor fuerza cobró aseguraba que en realidad los protagonistas habían perecido en la funesta atracción, y que sus almas no habían podido encontrar la paz ni el reposo, pues habían ido a parar a los confines del infierno.

Para todos aquellos amantes de las curiosidades, Shelly fue inicialmente concebida con el oficio, siempre tomando como referencia a los juegos de rol, de ladrona; si bien este atributo tenía evidentes connotaciones negativas, por lo que fue conocida como maga en España, e ilusionista en latinoamérica.

Un detalle que no deja de sorprender, puesto que bajo ningún concepto llegó a servirse de sus peculiares habilidades para el hurto.

En lo que se refiere al tema central que daba inicio a los distintos capítulos, en la península ibérica fue interpretado por el grupo infantil Dulces, en lugar de Parchís como se cree erróneamente, convirtiéndose por méritos propios en una de las canciones más recordadas por todos aquellos que disfrutaron de su infancia en la década de los ochenta.

Unos años que se han marchado para nunca volver, pero que han quedado marcados para la posterioridad en series como la que aquí nos ocupa.

A modo de tributo, os dejo a continuación el guión del capítulo final que no llegó a emitirse, completamente traducido al castellano.

Un texto ciertamente interesante y revelador, dicho sea de paso.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.