DRAGON’S LAIR

Asumiendo el rol del valeroso Dirk, caballero intrépido y audaz donde los haya, el usuario deberá rescatar a la hermosa princesa Daphne, por lo que se verá impulsado a afrontar mil y un peligros encaminando sus pasos hacia un temible castillo, en el que aguarda el perverso Dragón Singe.

Coincidirán los lectores conmigo en que esta historia dista mucho de ser completamente inédita, pero no es menos cierto que se antoja como un irresistible punto de partida para deleitarse con el título que aquí nos ocupa.

Quizá uno de los mayores reclamos de Dragon‘s Lair radica en su espectacular apartado gráfico, pues mientras que la práctica totalidad de juegos comercializados en la década de los ochenta tenían como denominador común un acabado visual discreto, al menos hasta bien entrado el año 1.985, las bondades del Laserdisc permitieron sorprender a los aficionados con un nivel de detalle nunca antes visto.

Para aquellos que no estén familiarizados con esta tecnología, sería preciso recordar que el Laserdisc se trata del primer sistema de almacenamiento en disco óptico, y estuvo disponible apenas 5 años antes de la aparición del CDRom, allá por el lejano 1.978.

Por descontado, Dragon‘s Lair fue uno de los primeros títulos en servirse de este soporte.

Hasta entonces las limitaciones de la tecnología existente habían obligado a los desarrolladores, y muy especialmente a los grafistas, a exprimir su inventiva con tal de sortear las dificultades que entrañaba la escasa potencia de la que disponían las máquinas en el mercado.

Pero a partir de la obra distribuida por Cinematronics y Taito todo esto cambió.

Siete largos meses de trabajo y un presupuesto de un millón de dólares en combinación con el anterior sistema de almacenamiento dieron como fruto un juego de valor incunable, convertido en clásico desde el mismo momento de su lanzamiento, de una riqueza gráfica que incluso en nuestros días sigue llamando poderosamente la atención.

No en vano, cuesta creer que hace un cuarto de siglo consiguieran desarrollar un programa tan sobresaliente en cuanto a su calidad visual se refiere.

El consagrado equipo liderado por Don Bluth, antiguo componente de Disney, ideó un universo simplemente excepcional en el que destacan las animaciones de los distintos personajes, y muy especialmente del osado caballero Dirk.

No contentos con un nivel gráfico envidiable, digno merecedor de toda loa y alabanza, decidieron ensalzar su obra con la inclusión de voces digitalizadas; aunque debido a la escasez de fondos se vieron obligados a grabarlas ellos mismos, dada la imposibilidad de contratar actores profesionales, a excepción claro está del inigualable Michael Rye, que aquí ejerce como narrador.

No obstante, tantas bondades tienen su contrapartida en el aspecto jugable, pues el precio a pagar por un apartado audiovisual soberbio fue un desarrollo restringido a pulsar una serie de botones en el momento preciso, muy en la línea de los actuales Quick Time Events disponibles en multitud de aventuras.

De modo que el usuario se limitará a servirse de sus reflejos, prescindiendo por tanto de su habilidad para afrontar los numerosos retos que aquí se plantean.

A modo de curiosidad, la coinop original llegó a costar el doble que cualquier otro juego de la época – unos 0’5 dólares para más señas -, probablemente debido al empleo del Laserdisc, puesto que originalmente había sido concebido para reproducir largometrajes y su utilización no se había contemplado para los videojuegos, lo que ocasionaba el malfuncionamiento de las máquinas con motivo de su uso abusivo al verse obligadas de forma constante a buscar datos en diferentes pistas.

Con todo, la popularidad que conquistó este arcade justificaba sobradamente las habituales reparaciones en las que era preciso incurrir.

Un juego de puro lujo que ha pasado por multitud de sistemas, siendo el último en sumarse a la extensa lista PlayStation 3, donde recientemente se puede adquirir a través de descarga, al menos en el territorio americano.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.