DUKE NUKEM: TIME TO KILL

Cerdos.
Algunos los crían y otros en cambio se los comen.
A Duke Nukem, sin embargo, tan sólo le sirven como blanco de disparo.
Y es que Duke es un tipo duro donde los haya, un híbrido entre los fornidos Schwarzenneger y Stallone, pero elevado a la enésima potencia, al que le encantan las armas y muy significativamente, masacrar alienigenas.

Eso, y las mujeres hermosas, es todo lo que figura en su atareada agenda.
Y si no que se lo pregunten al bueno de Flava Flav, rapero de profesión, que en un alarde de inocencia comete la osadía de preguntarle: “Tú, ¿qué hora es?“, poco antes de encajar un sonoro puñetazo en el rostro a modo de respuesta, acompañado de un chulesco “Hora de matar“.
Todos aquellos que hayan tenido la dicha de jugar al añorado Duke Nukem original recordarán muchas de sus sobradas virtudes.

En aquella entrega su hormonado y pendenciero protagonista se limitaba a recoger cuanta arma se encontraba dispersa por el escenario, exterminando a los sufridos cerdos policía que cometían la imprudencia de cruzarse en su camino, al tiempo que resolvía sencillos puzzles lo bastante básicos como para no importunar su encarnizado avance.

En el presente episodio, la trama obligará al incombustible héroe a viajar por el tiempo, erradicando la maldad – y de paso cultivando su ya de por sí exacerbado ego – en la gloriosa Roma imperial, el lejano Oeste e incluso el medievo, y así hasta llegar a la etapa actual.
A los seguidores incondicionales del personaje, sin duda les alegrará saber que el desarrollo no ha variado excesivamente, aunque ya no sea posible deleitarse con las funestas consecuencias de su mal genio desde una perspectiva en primera persona.
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De hecho, el influjo de Tomb Raider se hace notar; si bien este detalle dista mucho de ser algo negativo.
Así que Duke podrá realizar acciones tan variopintas como correr, saltar, trepar, y por supuesto, disparar, por citar tan sólo algunos ejemplos posibles.
Sus herramientas laborables incluyen todo tipo de pistolas, fusiles, cuchillos, granadas y, como no podía ser de otro modo, las habituales bombas.

Como veis, todo un completo arsenal al servicio de la más absoluta destrucción.
Otra cuestión es si el resultado obtenido por el equipo de N-Space está a la altura de lo esperado en una aventura protagonizada por tan carismático personaje.
Respecto a sus aciertos, merece la pena destacar una extensión para cada una de las áreas que componen el mapeado del juego de gran envergadura, engalanadas a su vez por incontables detalles de buen gusto, donde además siempre hay alguna tarea que cumplir.

Todo sea con tal de portar la catástrofe y devastación más allá de las limitaciones temporales que atañen a nuestra época.
Detalles ingeniosos y gráficos meramente correctos, en los que se aprecian ocasionales fallos técnicos en movimiento, tales como paredes, puertas e incluso un descomunal tren que desaparecen en caso de ser examinados desde el ángulo erróneo.

Por si esto no bastara, en los planos más cercanos los distintos protagonistas no pueden disimular su carencia en cuanto a las articulaciones se refiere.
Siguiendo con las imperfecciones del programa, el control del personaje principal no se ha resuelto de forma óptima, siendo este quizá uno de los defectos más notorios, pues la acción tiende a ser algo lenta y torpe, mientras que la respuesta de Duke se antoja ligeramente imprecisa.

Esto se traduce en que, sumido en un frenético cruce de disparos, el usuario puede llegar a perder unos segundos realmente valiosos con tan sólo cambiar de arma.
Sin olvidar que saltar con la precisión requerida se torna en una tarea delicada que exige más tiempo del deseado, y situar al aguerrido héroe para efectuar un movimiento tan cotidiano termina por convertirse en algo tedioso.

Con todo, muchos de estos fallos quedan compensados, al menos parcialmente, por un divertidísimo Deathmatch, donde los enérgicos disparos dejan su marca imperecedera en los cuantiosos escenarios, ofreciendo algunos de los mejores momentos disponibles en esta irregular versión; aunque por contra esta modalidad tiende a desarrollarse también con lentitud.

Y es una verdadera lástima que sus desarrolladores no consiguieran subsanar ciertas lacras que limitan la experiencia de juego, pues en caso contrario Time to Kill bien podría haber “nukeado” al resto de sus innumerables rivales.

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