EARTHBOUND

Un joven norteamericano equipado con un bate de béisbol un buen día descubre que ha sido bendecido con una serie de poderes telepáticos, extraterrestres que deambulan a sus anchas, señales de tráfico que cobran vida, policías hediondos e incluso monos parlanchines…

Pese a lo que pudiera parecer, esto poco o nada tiene que ver con algún largometraje que bien podría haber ideado el mismísimo Steven Spielberg, sino con un notable RPG dotado de un aroma ciertamente singular.

Descartad los tópicos de nobles caballeros andantes, poderosos magos que portan inteligibles libros de hechizos o temibles enemigos que se amparan en el refugio de las sombras.

Aquí tampoco tienen cabida los interminables pasadizos, las sinuosas grutas subterráneas ni las contiendas contra feroces dragones que custodian a gentiles y desamparadas princesas, más propias de un cuento de hadas.

Ni mucho menos será posible transitar aquella suerte de ciudades habituales en las películas de ciencia ficción que transcurren en un futuro postapocalíptico, donde los descorazonados ciudadanos se rigen por la ley del más fuerte y los grandes edificios permanecen como testigos de una avanzada cultura ya olvidada, corroídos por la contaminación y el inclemente paso del tiempo.

Pues aquí estamos hablando nada menos que de Earthbound, uno de los primeros RPG’s oriundos de Japón que se propuso poner fin al marcado influjo medieval o futurista que caracteriza al género.

Y es que este insólito experimento entre los de su especie, bien puede considerarse como una sutil parodia de la cultura popular occidental en la que alternan algunos elementos cotidianos con otros más propios de la fantasía.

Conocido simplemente como Mother 2 en el territorio japonés, la creación de Shisegato Itoi se trataba en realidad de la continuación de otra aventura comercializada anteriormente en las consolas de Nintendo.

No obstante, el éxito de la primera entrega hizo que la compañía comercializase su secuela directamente en el mercado estadounidense apoyándose en una original campaña publicitaria, y recuperando para la ocasión el extraño formato Odorama  gracias a la incorporación una especie de cartulina aromatizada, que a su vez permitía a sus usuarios captar los mismos olores que supuestamente percibía el chico protagonista.

Basta con entretenerse leyendo la caja del juego para darse cuenta de esta declaración de intenciones, en la que se resaltaba el siguiente texto: “este juego apestathis game stinks -“.

Pocas veces un reclamo publicitario se había aproximado tanto a la realidad.

Original, disparatado y postmoderno, Earthbound no cosechó las cifras de ventas en Estados Unidos que Nintendo había previsto, en parte debido a su modesto apartado gráfico, menos fastuoso que el resto de juegos en boga para la añorada Super Nintendo.
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Fue tal la proporción de su debacle comercial que la compañía desarrolladora decidió cancelar la comercialización del Earthbound Zero, la precuela del anterior, incluso cuando este ya había sido completamente traducido al inglés.

La tercera parte, concebida para Nintendo 64 y vitoreada en multitud de ocasiones, aún la seguimos esperando…

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