EL AMANTE DE LA PRINCESA ZELDA Y SAMUS ARAN

Victor Priego Pixel Art Xtreme Retro

Uno de los hombres cuya intuición sobre videojuegos más respeto en el mundo se llama Victor Priego, ronda los cincuenta años y fuma en pipa.

Como él mismo suele decir a menudo, la suya es una trayectoria profesional lenta, pero segura: hace décadas empezó haciendo trabajos menores para determinados almacenes, y ahora gestiona los asuntos de ventas.

Si vas muy deprisa, argumenta, derrapas en las curvas.

Y él no tiene ninguna prisa, ni maldita falta le hace.

Victor, como les iba diciendo, es uno de los fulanos más singulares que conozco.

Es de Castiñeiras, Galicia, donde pasó la infancia cuidando cerdos, gallinas y cosas así, hasta que la vida lo trajo a Barcelona, a buscársela.

Uno se lo tropieza por los pasillos, cargado con cajas, folletos, y toda la parafernalia.

Cualquier título que vende su establecimiento lo conoce y respeta, aunque lo suyo son los juegos retro.

Vive solo, o para ser más exactos, vive en el centro comercial.

Llega sobre las seis de la madrugada y se marcha pasadas las ocho de la tarde, y a esa hora hace exactamente lo mismo todos y cada uno de los días de su vida: cena huevos fritos con patatas en un bar familiar, próximo a las Ramblas, y luego se toma unas copas en compañía de buenos amigos, entre los que alguna vez tuvo a bien incluirme.

En cuanto dispone de cinco minutos de calma, Victor se encierra en su reducto – el pequeño cuarto de la fotocopiadora, para más señas – y allí juega insaciable con su querida Game Boy o, en su defecto, la emula en otras consolas, como PSP.

Es un jugador patológico, insaciable.

Atrincherado allí, entre el humo de la pipa, con su pelo negro y ondulado, ya canoso, y el poblado bigote que le da un aire venerable de sabiduría, impone tal respeto que a veces las dependientas jóvenes no se atreven a interrumpirlo para la banalidad de una simple fotocopia.

Visto así, parece un erudito inclinado sobre aquellas pantallas que ocultan las claves de la vida, de la muerte y otros tantos misterios.

Y es que Victor es la leche.

Igual le da por pasarse el The Legend of Zelda: Link’s Awakening, que finiquitar el Metroid II: Return of Samus; y en cierto día de agosto con poco trabajo se calzó el Donkey Kong Land de cabo a rabo, con un par.

Y cuando, de buena mañana, alguien se entera de que ha aparecido cualquier crítica sobre los últimos títulos disponibles en su tienda, puede dar por seguro que él se la ha leído ya.

Pero lo que de verdad te deja hecho polvo es su olfato para los buenos y malos juegos, así como para prever con antelación lo que será un éxito de ventas y lo que no.

Cómo será la cosa que los superiores, con todo su golpe de alto ejecutivo, acuden con relativa frecuencia a pedirle opinión.

Él se pone muy serio, emite su veredicto sin darle mayor importancia, y hasta la fecha no ha fallado ni una sola vez.

También es un lector entusiasta de Xtreme Retro, y cuando le pregunto suele pronosticar, con muy escaso margen de error, la repercusión que tendrá tal o cual artículo.

Incluso, su juicio técnico me hizo suprimir algunas líneas de cierto texto jocoso donde se detallaba el acto íntimo de un personaje concreto.

De masturbación – dijo Victor muy sereno – sé más que nadie, y te digo que en esa postura es imposible“.

Aquello dio lugar a un animado debate en el que intervino media redacción, cuando todavía no estaba más sólo que la una dirigiendo el cotarro, analizando pormenorizadamente los detalles técnicos del asunto.

Al final, por supuesto, le hice caso a Victor.

La otra cosa que más le gusta en el mundo, videojuegos aparte, son las mujeres.

Es enamoradizo, pero sin suerte, y eso lo convirtió en un solitario que mira los toros desde la barrera, con la sonrisa tranquila del que sabe y comprende.

Hace algún tiempo que dejó de irse de putas porque se aburre: “las de ahora suelen tener poca conversación“, me dijo en una ocasión.

Así que, retirado de las lumis, Victor prefiere, entre el humo de su pipa, recorrer pantallas infinitas junto a su bienamada Game Boy, donde puede vivir historias maravillosas con mujeres de bandera como las que sólo él tiene en la cabeza: su doncella ideal.

Una hembra, confiesa, con la elegancia de la princesa Zelda y la valentía de Samus Aran.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.