EL EROTISMO EN LOS VIDEOJUEGOS

Con el paso del tiempo hemos podido ver una mayor diversidad de géneros en el mundo de los videojuegos, que, al igual que hizo el cine, han ido conquistando algunos terrenos que antes eran impesables.
Y claro, tarde o temprano el sexo – una industria que siempre ha estado presente en la sociedad de una u otra forma – tenía que verse reflejado en lo que hasta entonces habían sido inocentes juegos para niños.

Sucedió con la proliferación de los primeros ordenadores personales, cuya base de usuarios estaba bien diferenciada de la clientela de las primeras videoconsolas; pues a diferencia de estos eran en su mayoría varones de edad adulta y un poder adquisitivo solvente.

Surgió por entonces una tendencia creciente entre algunas compañías por desarrollar toda clase de títulos de temática erótica.

Sus inicios es preciso buscarlos entre los juegos de cartas, concretamente entre los anticuados strip pócker, que se pudieron ver en los ordenadores de 8 bits.

Otros ordenadores famosos de la época, como el añorado Amiga, también contaron con sus particulares juegos de temática adulta.

De este modo durante el año 1.992 pudimos ver títulos del calibre de La Colmena, que contaba con las ilustraciones del inigualable Alfonso Azpiri, un famoso ilustrador que se labró gran parte de su fama realizando las carátulas del Spectrum, con esculturales mujeres como protagonistas indiscutibles de sus dibujos.
El juego en cuestión estaba ideado para ser compartido de algún modo con la pareja; es decir, no estaba pensado para jugar en solitario, para que me entendáis.

Posteriormente se lanzaron al mercado títulos como Cobra Mission, y Megatech, y alguna bizarrada bajo el título de Eritica Island, un programa bastante explícito que luchaba por conseguir captar la atención de los compradores.

Pese a su temática, como era de esperar, los juegos no triunfaron y pasaron bastante desapercibidos, más allá de la curiosidad que suscitaban por lo novedoso de su argumento.

Con el lanzamiento de las consolas de 32 bits los juegos adultos tuvieron una segunda edad de oro, de mayor importancia que en años anteriores.

Aunque, como es lógico, pocos títulos cruzaron la frontera japonesa.

Fue precisamente Saturn, la consola fracasada de SEGA, la que brindo mayor cantidad de estos títulos a sus usuarios, con Can Can Bunny como máximo exponente; un juego que, a diferencia de la mayoría, tanteaba con la delgada línea que separaba el erotismo de la pornografía.
De hecho esta clase de programas funcionaba tan bien en Japón que la consola de SEGA tuvo una notable acogida en el país, a pesar de su estrepitoso fracaso en América y Europa.

Incluso, ante el inminente lanzamiento de Dreamcast, su legítima sucesora y una de las consolas más queridas de cuantas han existido, los desarrolladores se quejaron porque lanzar juegos para la difunta Saturn seguía siendo rentable, en gran medida por esta clase de títulos.

Huelga decir que en el resto del mundo, a excepción de un tipo de usuarios muy definido, esta clase de juegos no es motivo de devoción, lo que dificulta su aparición en muchos mercados – especialmente en los europeos – donde si un título no funciona en America es bastante menos probable que llegue a las tierras europeas.

Eso sin mencionar las asociaciones de colectivos de todo tipo, que se escandalizarían, pudiendo llegar al caso de hacer una propaganda negativa de la consola.

Actualmente si existe una consola que distribuye algún tipo de material reservado a los mayores de edad, que no es otra que PS3, gracias a un acuerdo con una compañía ajena al mundo de los videojuegos que suministra estos contenidos.

Aunque dicho de mercado está, nuevamente, reservado al territorio japonés.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados.
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