EL GATO DEL SALÓN RECREATIVO

Arcade Cat Valencia Pixel Art Xtreme Retro

La historia me la contó hace unos días Guillem Carrión, un preciado compañero de correrías.

Estábamos sentados en una famosa cantina de Mataró con una botella entre las manos, acompañada por cierta melodía que siempre nos pone nostálgicos.

Una canción que despertaba en mi acompañante añoranza de su juventud, de interminables noches en vela y de playas infinitas, que se perdían en el vasto horizonte.

Estábamos allí, les decía, con el nivel del tequila por debajo de la línea de flotación de la botella, y Guillem se puso a contarme cosas.

Y entre ellas, la vida de Zeus.

Zeus es un gato callejero que solía vagabundear frente a unos antiguos recreativos, largamente olvidados, que por aquel entonces frecuentaba mi contertulio.

Cuando luego quise verlo, comprobé que se trata de un esmirriado y decrépito felino con manchas negras, ajado por el inexorable paso del tiempo, con un toque de chusma.

No es de esos gatos que se acercan a la gente, ni se restriegan cuando precisan comida o cariño.

Tampoco guarda las formas por educación o timidez.

Se trata de un gato misántropo y poco sociable, que no se hace ilusiones y se resigna a pasear orgulloso por un territorio que, sabe perfectamente, no le pertenecerá en su puñetera vida.

Tal vez por eso – me informó GuillemZeus, que es un minino pacífico, mostró siempre una radical conciencia de clase al pelearse exclusivamente, echándole huevos al asunto, con todos y cada uno de los gatos de raza en el vecindario, más grandes y mejor alimentados, a los que sus dueños mimaban con exquisita ternura.

Y claro, uno de aquellos gatos, grande como un castillo, le sacó un ojo.

Los parroquianos del salón recreativo se dieron cuenta por casualidad, pues Zeus no se quejaba.

Anduvo por aquella calle tuerto y callado hasta que un joven aficionado a los videojuegos, compadeciéndose de él, recolectó dinero entre los allí presentes para llevarlo al veterinario.

Y ahí Zeus se mostró valiente, muy a la altura de las circunstancias: no arañó a nadie, ni se metió donde no debía.

Ni tan siquiera dijo miau, que es lo menos que un gato puede decir en tales casos.

Silencioso y estoico, fue devuelto al barrio vendado, cosido y curado, como si volviera de alguna misteriosa aventura.

Y los habituales de aquel antro, impresionados por las maneras del animal, empezaron a interesarse por él, a cooperar en su restablecimiento con latas de comida y medicinas.

Gente que sólo se conocía de vista, que no se había dirigido nunca antes la palabra, entraba en los recreativos para preguntar por Zeus y, como consecuencia, a interesarse los unos por los otros.

La cosa se acentuó pasados unos años, cuando a Zeus lo atropelló un coche.

Un equipo de emergencia compuesto por Alfonso, el dueño de aquel salón repleto de benditas coin-ops, junto con el librero de la esquina y mi buen amigo, que también vivía por allí, lo envolvieron en varios trapos y llevaron de nuevo al veterninario, donde un par de jugadores más acudieron a interesaarse por su estado; y antes de que entrase a cirugía le dieron una apresurada sesión de transmisión de energía positiva llamada reiki, ante el asombro de los veterinarios.

Y se quedaron todos fuera, esperando, mientras a Zeus lo operaban a vida o muerte.

Salió de ésa.

Perdió la cola, tiene la pelvis hecha cisco y cojea.

Lo he visto, y les aseguro que es una mierda de gato, pero sigue vivo.

Come cuando puede, defeca trabajosamente, pasea su melancólica figura de veterano marginado, tuerto y lleno de cicatrices, por aquella calle donde antaño hubo un decadente salón recreativo.

Pero el número de gente que se detenía para hablar de él ha ido en aumento.

Sus copropietarios, tras la caída en desgracia de aquel templo dedicado al ocio electrónico, se convirtieron en una especie de cofradía extravagante y sentimental, que en una ciudad tan áspera y dura, donde cada cual va a su avío y no hay quien de noche circule por miedo a un asalto o un mal encuentro, se detienen a hablar, sonríen, y se interesan unos por la vida de los otros.

Ése es el milagro que obró Zeus, y el regalo que les hizo a los incondicionales de aquellos maltrechos arcades.

Los hizo a todos mejores, y lo saben.

El puñetero gato.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Xtremeretro

About Xtremeretro

X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados.
Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico.
Pasad, pasad… bajo vuestra propia responsabilidad.