EL OCASO DE LOS JUEGOS DE MUNDO ABIERTO

Las aventuras de mundo abierto se cuentan entre los títulos más famosos y exitosos de los últimos años.

Sagas como Grand Theft Auto, Assassin’s Creed, Fallout o The Elder Scrolls, entre otras muchas, han hecho las delicias de millones de fans en todo el mundo.

Yo, desde luego, me cuento entre ellos.

Siempre me ha apasionado el hecho de que los juegos nos ofrezcan libertad para hacer el mayor número de cosas posibles dentro de su universo.

Disfruté lo indecible con Última, uno de los pioneros en esto de los mundos abiertos allá por 1.981, y seis años después tuve la suerte de jugar a The Legend of Zelda en NES.

Desde entonces, me han obsesionado, hasta cierto punto, las experiencias no lineales y la libertad de acción y exploración en esto de los videojuegos.

Ya lo he comentado en otras ocasiones, pero voy a repetirlo: uno de mis juegos fetiche es Shenmue.

El grado de libertad y realismo con el que se reflejaba la vendetta de Ryo Hazuki me dejó fascinado.

Pero, como suele suceder con todas las modas, creo que el tema se nos ha ido de las manos.

Copiar la fórmula de GTA me resulta ya tremendamente cansino.

El número de juegos de mundo abierto que han llegado a consolas en los últimos cinco años es, sencillamente, inhumano.

Muchas desarrolladoras, como ha sucedido tantas veces con otras fórmulas exitosas, han explotado la gallina de los huevos de oro.

Mi sensación es que la gallina está harta de poner huevos y se ha ido a buscar al lobo para acabar con todo esto.

Los mundos abiertos están bien, pero hay que llenarlos con historias, personajes, vivencias y, sobre todo, cosas que hacer.

¿Qué sentido tiene pasear por una ciudad gigantesca en la que prácticamente lo único que podemos hacer es conducir coches y pegar tiros?.

Fue la bomba hace unos años, pero ha llovido mucho desde entonces.

Le ha pasado a Mafia III, pero también a muchos otros.

Algunos, como Rockstar, siguen entendiendo que esto de los mundos abiertos requiere de muchísimos cuidados, si se quiere hacer bien.

Por eso, no lanzan nuevos juegos como churros.

SEGA también lo tiene claro.

No se trata de ofrecer kilómetros y kilómetros de escenario para explorar, sino que el escenario debe estar repleto de cosas que hacer y situaciones que vivir.

Por eso, aunque los barrios de Kamurocho y Sotenbori de Yakuza 0 se recorren en apenas unos minutos, podemos pasar decenas de horas en ellos.

Así, a bote pronto, nuestros protagonistas pueden explorar, luchar, ir al karaoke, jugar al billar, tener citas con chicas, regentar un cabaret y decenas de opciones más.

Serán pequeños y tendrán muros invisibles por todas partes, pero los barrios de Yakuza 0 están más vivos y son más interesantes que la mayoría de los mundos abiertos de estos últimos tiempos.

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Xtremeretro

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados.
Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico.
Pasad, pasad… bajo vuestra propia responsabilidad.