EL ORIGEN DE LAS TORTUGAS NINJA

Aunque tras treinta años de vida, se han consagrado como un producto dirigido al público infantil, gracias a las series de televisión y las figuras de acción, las Tortugas Ninja originalmente distaban mucho de ser esos simpáticos personajes con los que varias generaciones han crecido.

Kevin Eastman y Peter Laird las crearon en 1.984 bajo el sello de Mirage Studios, presentándolas en un cómic autoeditado que se tituló Teenage Mutant Ninja TurtlesTortugas Ninja Mutantes Adolescentes -.

Este tebeo, cuidado, era muy distinto a los presupuestos que hoy damos por sentados, iniciándose, de hecho, como una parodia del Daredevil de Frank Miller.

En primer lugar, las cuatro tortugas vestían el mismo color rojo en sus cintas, siendo sólo diferenciables por sus armas y por los diálogos que señalaban las características personalidades de cada uno, las cuales se desarrollarían más y más.

Por otro lado, Shredder, el villano más conocido, sólo sería una suerte de convidado de piedra en la historia.

Además, el público al que estaba dirigido era más adulto, lo que permitió elementos narrativos como violencia explícita o giros argumentales poco convencionales; algo que, por otro lado, una gran editorial jamás habría permitido.

Ahora bien, a pesar de convertirse en un título de culto que dio lugar a distintas reinvenciones en las tres décadas siguientes, fue la serie televisiva de 1.987, que duró hasta 1.996, la que las convirtió en estrellas.

Esta serie clásica fue una fuente inagotable de merchandise.

Además de los juguetes y cuentos, lo que muchos recordarán con más fervor son sus beat’em up.

Más concretamente el arcade de Konami y los juegos para Super Nintendo y Mega Drive, a los que una generación entera jugamos, machacando botones, al grito de ¡Cowabunga!.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.