EL ORIGEN DE LOS BUGS

Un bug hace referencia a cualquier fallo relacionado con software, eso es algo por todos de sobra conocido.

Sin embargo, su origen no resulta tan certero.

Para conocer su procedencia es preciso remitirnos al libro de La fortaleza digital, cuyo autor responde al nombre de Dawn Brown.

La existencia de los bugs se remontan al Mark I, el que ostenta el honor de ser considerado el primer ordenador del mundo entero, que fue construido en un laboratorio de la Universidad de Harvard allá por el año 1.944.

Huelga decir que aquella era una máquina de enormes dimensiones, hasta el punto de que llegaba a ocupar una habitación entera; algo del todo impensable en la actualidad.

Sucedió que un día el ordenador dio un fallo operativo para el que ninguno de los profesionales pudo encontrar una explicación lógica, hasta que finalmente tras largas horas de trabajo un ayudante del laboratorio dio con la causa del problema: una polilla había provocado la parada de una de las placas en la descomunal computadora.

Fue a partir de entonces cuando los errores informáticos pasaron a ser bautizados con el nombre de bugs.

No obstante, es preciso matizar que desde hacía décadas los ingenieros ya recurrían a este apelativo para referirse a un problema de difícil esclarecimiento, como bien se puede apreciar en antiguos manuscritos del célebre Thomas Edison, donde ya queda patente el uso del término.

De donde se deduce que el incidente relacionado con el Mark I sirvió para popularizar la palabra, pero su origen se sitúa muchos años antes de aquel desafortunado contratiempo.
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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.